El banquillo del Rio Natura Monbus Obradoiro se pone a 250

Roberto Anidos
por Roberto Anidos publicado en ACB Notas de Prensa ACB

Moncho Fernández, Gonzalo Rodríguez Palmeiro y Víctor Pérez cumplen 250 partidos dirigiendo al Rio Natura Monbus Obradoiro desde que se hicieron cargo del equipo en 2010

Un ascenso, seis años consecutivos en la máxima categoría del baloncesto español, unos Playoffs y una participación en la Copa del Rey nutren sus expedientes. La receta: trabajo, trabajo y más trabajo. “Eso es lo que significa Obradoiro, lugar donde se trabaja”, repite cuando se le pregunta por su secreto Moncho Fernández. Y el medio para conseguirlo: la fuerza del equipo. En la cancha y en el banquillo. La unión de Moncho, Gonzalo y Víctor, junto a Tomás Richartz que también cumple los 250 partidos con el club, y con la colaboración de Fran Grela, Dan Petts y Rubén Vieira (antes Óscar Viana) ha sido crucial a la hora de escribir los momentos más álgidos de la historia obradoirista. El banquillo del Rio Natura Monbus Obradoiro se pone a 250 justo después de garantizar una nueva permanencia en la temporada más complicada para el combinado santiagués.

La relación entre los tres entrenadores del combinado gallego es algo que viene de lejos. En el caso de Víctor y Moncho empezó en 1994, cuando unieron sus caminos en el banquillo de La Salle para dirigir al equipo junior. Con Gonzalo empezó más tarde, en Murcia. El Obradoiro, después de muchos años de batalla judicial, había descendido a LEB en su año en ACB. Era el momento de armar un bloque sólido, un proyecto que ilusionase al obradoirismo y que les permitiese volver a la élite. Y para ello se confió en tres hombres de la casa: Moncho Fernández, Víctor Pérez y Gonzalo Rodríguez Palmeiro eran los encargados para llevar de nuevo el barco obradoirista a aguas de ACB. Víctor Pérez reconocía que se trataba de un proyecto “muy especial” y que le permitió volver a trabajar con su amigo Moncho después de varios años en los que sus trayectorias profesionales discurrieron por separado.

Corría el mes de octubre de 2010 cuando Moncho, Víctor y Gonzalo, enfundados en sus trajes, se sentaron juntos, por primera vez con el Obradoiro, para dirigir el estreno liguero de los santiagueses. Fue en Girona, con los santiagueses vestidos de granate. El Pavelló Girona Fontajau fue el primer testigo de lo que quería aquel equipo: volver a la ACB a toda costa. Allí los gallegos se apuntaron el primer triunfo del curso (69-85). La primera victoria del trío Moncho-Gonzalo- Víctor. Desde entonces y hasta la fecha han sumado 107 más. Pero tuvieron que recorrer mucho camino antes de llegar el miércoles a la 109 contra el Montakit Fuenlabrada.

El Obradoiro mandó durante gran parte de aquella temporada, en la que mantuvo un duelo apasionante con el Murcia en la cabeza de la tabla por la primera posición, la que daba acceso directo a la ACB. Se llevó la victoria particular la escuadra murciana, a diferencia de lo que pasó en la Copa Príncipe del Fontes do Sar. El 30 de enero de 2011, el Blusens Monbus se coronaba campeón doblegando a los murcianos en Santiago (81-78). El primer gran éxito del trío de amigos en el banquillo gallego.

Moncho, Gonzalo y Víctor siguieron sumando partidos en los Playoffs de Ascenso. El Obradoiro fue por el camino más largo. Cáceres, Breogán y, especialmente, Burgos. Burgos y la noche del 3 de junio de 2011. Cuarto partido de la serie. Si el Obradoiro ganaba, ascendía. Y lo hizo. 64-75. Y se desató la locura. La mejor liga de Europa volvería a Santiago el año siguiente. Los dueños del banquillo habían logrado el primer objetivo. El primero de muchos.

La primera temporada del equipo en ACB no fue un camino de rosas. La primera parte del curso resultó complicada. Cuatro triunfos. Las cosas no acababan de salir pese a las horas y horas de trabajo de los entrenadores y de sus pupilos. Pero tuvieron confianza. Creyeron en ellos, en lo que estaban haciendo. Sabían que si seguían por ese camino, acabarían llegando lejos. Y lo consiguieron. Una segunda mitad de temporada sobresaliente con un elemento fundamental: la afición. Sin ella no se entenderían los éxitos obradoiristas. La hinchada, igual que Moncho, Gonzalo y Víctor, es un elemento indispensable en la éxitosa ecuación obradoirista. Y el reconocimiento es mutuo. La admiración es bidireccional. No sería posible un proyecto como el actual si fallase alguna de las dos patas.

El Blusens Monbus logró la salvación y el siguiente año firmó la mejor temporada de su historia. Dieciocho triunfos en la fase regular de la competición con victorias en las canchas de los cuatro equipos que disputaban la Euroliga: Baskonia, Unicaja, Barcelona y Madrid sucumbieron ante el correoso combinado gallego. El premio, unos Playoffs contra los madridistas que permitieron un lleno en el Fontes do Sar. Otra meta alcanzada. Un sueño que parecía imposible hecho realidad. Con el nivel de excelencia alcanzado en ese ejercicio, la temporada 2014/15 parecía peligrosa. Muchas novedades, cambios de cromos, pero de nuevo, la misma filosofía: trabajo, trabajo y trabajo. Y el trabajo dio sus frutos. Una racha de seis victorias consecutivas, la mejor hasta el momento lograda por los santiagueses en Liga Endesa. Solo los golpes de la fortuna, con la marcha a la NBA de Mickey Muscala y la lesión de Oriol Junyent, privaron al equipo de alcanzar cotas mayores.

El Rio Natura Monbus Obradoiro fue encadenando una permanencia detrás de otra. Las temporadas en ACB en Santiago comenzaron a sucederse con naturalidad. Y, en medio de todo, el premio. Un reconocimiento al obradoirismo. La disputa de la fase final de la Copa del Rey en A Coruña. Tan pronto como se conoció la noticia, Moncho Fernández y sus compañeros renovaban sus contratos. También era un reconocimiento para ellos. Habían hecho méritos para ser los dueños del banquillo obradoirista en una fecha tan señalada. Otro paso más, otro capítulo escrito y firmado por los preparadores gallegos en la historia obradoirista. Pero vendrían más.

Dos nuevas permanencias. Cada cual más trabajada, más sufrida que la anterior. El Rio Natura Monbus la selló en Andorra la temporada pasada en la penúltima jornada de Liga. Una temporada que había arrancado de forma plácida y que se fue torciendo, enrevesando en forma de lesiones y de percances. Pero nunca se arrugaron los santiagueses y alcanzaron la meta.

“Solo pido que esta temporada sea más tranquila que la anterior”, comentaba Moncho en una entrevista el pasado verano. Nunca un deseo fue tan poco escuchado: Txemi Urtasun se lesionó en pretemporada. Alberto Corbacho dijó adiós al curso cuando su tendón rotuliano se dañó en el debut en Sar. Las dos referencias del juego exterior se quedaban fuera de combate en el mes de octubre. Tocaba rediseñar el equipo de nuevo, traer nuevas piezas (Matulionis y Dulkys) y comenzar una nueva pretemporada). Sin tiempo para lamentos, los tres preparadores se pusieron manos a la obra. Y cuando el equipo levantaba el vuelo y sumaba la cuarta victoria de la temporada, dos nuevos reveses: McConnell y Matulionis ingresaban en la enfermería. Había que volver a empezar. Y no fue la última vez en la temporada. De nuevo Urtasun, también Rosco Allen y Adam Pechacek resultaron lesionados. Un sinfín de percances. Media docena de partidos que se escapaban en la última jugada. Siempre parecía salir la cruz.

Mes de enero. El Rio Natura Monbus Obradoiro cae en Madrid contra el Estudiantes. El casillero sigue indicando cuatro triunfos. Entonces, el momento clave. Moncho Fernández renueva por dos temporadas. Y el obradoirismo aplaude la decisión. Y, a partir de ahí, el Rio Natura Monbus despegó. Manresa, Andorra, Madrid, Joventut, Bilbao…y Betis. Poco a poco, a base de coraje y corazón, y también de buen baloncesto, el Rio Natura Monbus Obradoiro de Moncho, Gonzalo y Víctor fue tumbando rivales, descontando victorias. Y volvió a cumplir el objetivo.

Porque si algo han logrado a lo largo de estos siete años los tres entrenadores ha sido cumplir objetivos, derribar muros, superar fronteras. Siempre pioneros. Los equipos que han ido configurando han sido un ejemplo de superación. Fueron los primeros en conseguir una permanencia en ACB en una noche inolvidable frente al Valencia Basket; clasificaron al Obradoiro para el primer Playoff por el título de su historia. Consiguieron firmar la mejor racha de triunfos del club en la máxima categoría en los meses de febrero y marzo de 2014. Y disputaron la fase final de la Copa del Rey de Baloncesto en A Coruña. El año que viene, después de superar una temporada calamitosa, dirigirán al Rio Natura Monbus en su séptima temporada consecutiva en Liga Endesa.

Pero no sólo de éxitos colectivos viven Moncho, Gonzalo y Víctor. Acostumbra el Rio Natura Monbus Obradoiro a manejar uno de los presupuestos más bajos de la categoría. Por eso, en cada fichaje hay que hacer malabares. Y sacarle el máximo partido posible. Basta mentar casos como los de Mike Muscala o Salah Mejri para evidenciar el rendimiento en el trabajo específico que los preparadores hacen con cada jugador.

Siete años de éxitos, colectivos e individuales han pasado desde el comienzo de la aventura en Girona en 2010. Siete años después, han cambiado muchas cosas, pero otras se mantienen. La amistad entre Moncho Fernández, Gonzalo Rodríguez Palmeiro y Víctor Pérez perdura. La dimensión humana es el combustible fundamental para que la maquinaria obradoirista no se detenga.

Íñigo Caínzos – Obradoiro CAB

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