LA DESAPARICIÓN DE LOS GIGANTES

Roberto Anidos
por Roberto Anidos publicado en NBA

El baloncesto, como todo deporte, se actualiza. En la época moderna, ya no dominan los hombres grandes, ahora domina el “small ball”, un sistema de juego en el que los jugadores de menor tamaño y más movilidad toman importancia

Durante la última década, se ha ido implantando este modelo de juego, que se desvinculaba de kilos y centímetros y añadía velocidad al juego con jugadores de perímetro jugando en el puesto de 4 y 5. Esta tendencia fue llevada a cabo por primera vez por Los Phoenix Suns, comandados por el dos veces MVP Steve Nash. Desarrollaron un ataque de transición veloz y con tiempo fugaz, el famoso “run and gun” o el ataque de 7 segundos. Años más tarde, este sistema fue sinónimo de anillo (Miami Heat en dos ocasiones y Golden State Warriors en una).

Por otro lado, durante los inicios de la liga en los años cincuenta y sesenta, se creía que la reconstrucción de un equipo empezaba por su hombre dominante. El mayor ejemplo de aquella época fue sin duda Wilt Chamberlain, quien fue responsable de que cambiaran normas del juego. Tener en tus filas a un pívot dominante te traducía en títulos y buenas campañas. Tanta fue la diferencia física de Chamberlain (216 cm) con sus homólogos de la época, que ni siquiera su Némesis, Bill Russel (206 cm), podía competir contra él.

Durante los años noventa, la NBA se llenó de titanes que dominarían las pinturas, convirtiéndose en el eje principal de sus equipos. Sólo un jugador destacaría sobre ellos, Michael Jordan, quien fue un dios del baloncesto para muchos. Fue una época dorada, donde sucedían batallas entre esos colosos bajo los aros de la NBA. Nombres tan ilustres como David Robinson (San Antonio Spurs), Patrick Ewing (New York Knicks), Dikembe Mutombo (Denver Nuggets y Sixers) o Alonzo Mourning (Miami Heat) aún permanecen en la memoria de los fans. Pero, si hubo un pívot que tiranizó la NBA y merece un mención a parte, ese fue Shaquille O´Neil, una fuerza de la naturaleza de 216 cm y 150 kilos. El gran Andrés Montes, quien por desgracia ya no se encuentra entre nosotros, se refería a O´Neil como: “El artículo 34, hago lo que quiero, cuando quiero y como me da la gana”. Ganador de cuatro anillos (tres con Los Angeles Lakers y uno con Miami Heat), dominó la liga durante más de un lustro. Tras su decadencia deportiva y su posterior retirada, dejó huérfana la liga a la espera de un sucesor, que aún no termina de llegar. Dwight Howard tuvo un comienzo prometedor, e incluso, capitaneó a Los Orlando Magic, donde militaba en el 2009 a una final de NBA, pero fueron barridos por Los Angeles Lakers de Kobe Bryant y Pau Gasol. Un pívot que fracasó y que dista mucho de ser el que fue una vez.

En la actualidad, con la tendencia de jugar con jugadores bajos, la figura del pívot dominador prácticamente había desaparecido. Aún quedan hombres grandes con físicos impresionantes como DeAndre Jordan, jugador de Los Angeles Clippers. Pero, aunque excelentes defensores, no son dominante ni jugadores franquicias. A pesar de todo ello, ha surgido la figura de un center con unos números de otra época, llamado a mantener el legado que sus predecesores dejaron. Hablamos de Andre Drummond, pívot de Detroit Pistons. El pívot se ha convertido en la primera referencia de Stan Van Gundy regresando el “big ball”. Es quizás el último de los grandes centers de la NBA, que muta inexorablemente, y el último vestigio de una liga, que una vez estuvo dominada por gigantes.

Por Jorge Rodríguez (@Mjorge89)

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