Renovarse o morir, no quedaba otra opción para los Clippers

Álvar Ortega Ruiz
por Álvar Ortega Ruiz publicado en NBA

Tras la marcha del principal baluarte de Los Ángeles Clippers, Chris Paul, la franquicia ha tomado un nuevo rumbo. Lejos de comenzar un proceso de reconstrucción, han juntado buenos jugadores y hecho cambios internos con el fin de devolver la ilusión a sus aficionados. Ahora, la pieza en torno a la que todo debe girar tiene nuevo nombre, y es Blake Griffin

6 AÑOS DE CONTINUAS DECEPCIONES

En el año 2011 los Clippers retomaban la competición tras el lockout que paralizó la liga desde julio hasta diciembre. Todos los seguidores de la franquicia estaban ansiosos por ver en acción su nuevo proyecto, encabezado por Blake Griffin (número 1 del draft en 2009) y el recién llegado desde Nueva Orleans, Chris Paul. A esta pareja de ensueño se le sumaba un joven llamado DeAndre Jordan, número 35 del draft y cuya evolución lo convertiría en uno de los mejores pívots. Todos ellos bajo el mando del entrenador campeón de la NBA Doc Rivers, nada podía salir mal…

Avanzamos en el tiempo, nos vamos a 2017 y revisamos las estadísticas. Sorprendentemente podemos observar que la franquicia sigue sin conocer lo que es disputar unas finales de conferencia, pero… ¿qué ha fallado en este ambicioso proyecto? Varios y variados son los factores que han hecho de este equipo una continua decepción para sus seguidores, pero veamos, desde los despachos hasta la cancha, en qué se ha fallado.

EL NEFASTO TRABAJO DE LA GERENCIA

Tras abandonar los Boston Celtics por negarse a hacer frente a una más que necesitada reconstrucción, Doc Rivers desembarcaba en la ciudad rival, pero no se hacía cargo del enemigo histórico de los verdes, sino que firmaba con unos Clippers ansiosos por crecer de la mano de su Big Three. 5 años después, sólo queda lugar para el lamento, no se ha conseguido ninguna meta fijada desde la dirección de la franquicia y muchos son los errores cometidos de los que arrepentirse.

El primero de ellos, el papel dado al propio Doc Rivers, que hasta esta temporada era ‘president of basketball operations’ (al igual que otros como Van Gundy y Thibodeau), es decir, su función y poder no sólo abarcaba entrenar a la plantilla, sino que también actuaba de ‘general manager’ y tenía voz propia a la hora de moverse en el mercado de fichajes. En este caso ha resultado un graso error, ya que, las operaciones de la franquicia durante los recientes mercados de fichajes no han sido todo lo acertados que necesita un equipo que aspira a reinar en la liga.

¿Las otras decisiones que resultaron nefastas por parte de la gerencia de los Clippers? Las elecciones en el draft. Desde el año 2009, que se fichó a Griffin en la primera posición, no han escogido a ningún jugador que haya conseguido hacerse un hueco en la plantilla (por no decir en la liga). Esta es la retahíla de nombres que posaron con la gorra del equipo, desde 2010 hasta 2016, y cuya contribución durante esos años ha sido ínfima, por no decir inexistente: Al-Farouq Aminu (posición 8, el más destacable), Willie Warren (54), Trey Trompkins (37), Travis Leslie (47), Furkan Aldemir (53), Reggie Bullock (25), C.J. Wilcox (28), Brice Johnson (25) y Cheick Diallo (33).

LA ETERNA MALDICIÓN EN LOS MOMENTOS DECISIVOS

En cuanto al rendimiento deportivo, una amalgama de situaciones repletas de mala suerte y de factores que se deberían haber corregido hace tiempo han hecho de los PlayOffs un recorrido lleno de obstáculos insuperables para el equipo. Un bagaje final de tres eliminatorias superadas en 6 años no es ni mucho menos suficiente para las expectativas originarias del proyecto.

La buena suerte es algo que no podemos asociar con los Ángeles Clippers de los últimos años, es más, si podemos decir que hay un equipo ‘gafado’, es este. Las lesiones han sido una constante con la que la plantilla ha convivido, y que incluso en momentos decisivos de postemporada han cambiado el rumbo de las eliminatorias. El hombre de cristal por excelencia es Blake Griffin, que posee una extensa lista, poco envidiable, de lesiones que han mermado en alto grado su salud: espalda en 2014, infección y cuádriceps en 2015, mano, cuádriceps y ambas rodillas en 2016 y pie en 2017.

Otra de las claves, deportivamente hablando, del mal rendimiento del equipo, fue la profundidad de banquillo, que sin Chris Paul dejaba al quinteto en pista huérfano de armas ofensivas (a excepción de Jamal Crawford, posiblemente el mejor 6º hombre que se ha podido tener estos años). Si a esto le unimos que CP3 también sufría ocasionales lesiones, sobre todo en PlayOffs, nos queda un equipo cuyas aspiraciones mermarían bastante respecto a las marcadas a principio de temporada.

La desesperación de los aficionados angelinos tocó techo en el verano de 2015. Los Clippers afrontaban el 4º partido de las semifinales de conferencia, y se enfrentaban a unos Rockets que veían imposible doblegar a un rival que estaba +20 puntos arriba en el marcador y 3-1 en el global. Todo era alegría y risas en el banquillo, incluso las estrellas tenían descanso para unos partidos posteriores que nunca llegarían. Los Rockets de Harden (pero sobre todo de Brewer y Josh Smith, que fueron los artífices de la gesta) remontaron ese partido y la eliminatoria. CP3, Griffin y Jordan se quedaban de nuevo sin premio. Una fatídica noche que refleja todo un proyecto.

LA VIDA MÁS ALLÁ DE CHRIS PAUL

Tras la marcha a los Houston Rockets del que ha sido el jugador más importante de la historia de la franquicia, Chris Paul, la plantilla se quedaba huérfana de ese jugador que llevara la responsabilidad en ataque y pudiera ordenar al equipo, pero las piezas que soltaron los tejanos pueden ser muy útiles en Los Ángeles. Empecemos por Patrick Beverley, un auténtico perro de presa que deja todo su ser dentro de la cancha, el esfuerzo para él no es negociable y destaca sobre todo en defensa (su principal virtud). De seguro se ganará a los aficionados, tal y como hizo en Houston, donde dolió mucho su marcha. Garra que perfectamente complementará la magia del otro base, Milos Teodosic.

Sigamos con Lou Williams, un anotador puro que el año pasado se consagró como 6º hombre de la liga tras su campaña iniciada en Lakers y culminada en Rockets. Tendrá que desarrollar esta función en el puesto vacante que dejó Jamal Crawford. La temporada pasada promedió 17,5 puntos y este año no se espera menos de un veterano que dispone de unas características muy diferentes (y se espera que útiles) a las de sus compañeros. Un refuerzo que no bajará el nivel en el puesto de escolta cuando Austin Rivers (otro que tiene que dar un paso adelante) tenga que descansar.

Y, por último, más profundidad de banquillo con dos jóvenes que ya han dejado muestras de su calidad en Houston, Sam Dekker y Monstrezl Harrell. Este primero ocupa la posición de alero pívot, y jugando 18,3 minutos la temporada pasada promedió 9,1 puntos y 3,8 rebotes (unas más que destacables estadísticas), aparte de ser un asiduo en las jugadas (mates generalmente) más destacadas de la semana. El último mencionado será un gran activo en el rebote y puede hacerse un hueco en la plantilla en sustitución de DeAndre Jordan, que no tiene un relevo en la segunda unidad como tal, una de las debilidades de este equipo.

UNA PAREJA QUE ILUSIONA

Los jugadores obtenidos por la venta de CP3 hacían que doliera menos su marcha, sin embargo, todavía faltaba más ilusión en el aficionado, faltaba un salto de calidad para intentar igualar la plantilla de años anteriores, y los movimientos en la agencia libre fueron los adecuados, consiguiendo pescar a jugadores que tenían más de una novia en la propia liga. Desembarcaron en la ciudad de las estrellas Danillo Galinari y Milos Teodosic, dos titulares que harán del equipo un hueso duro de roer en el salvaje oeste.

“Creo que en Europa es el mejor asistente, tal vez en el mundo… no hay muchos jugadores capaces de pasar el balón por tres o cuatro defensas”. Estas eran las palabras que dedicó este verano Nando de Colo a su excompañero de equipo Milos Teodosic, campeón de la Euroliga en 2010 (cuando compartía vestuario con Patrick Beverley) y 2016, año en el que también fue MVP de la competición. El base serbio decidió aceptar, por fin, y a sus 30 años, la oferta de 2 años y 12 millones de dólares de Los Ángeles e intentar hacerse un hueco en la mejor liga del mundo. Un jugador capaz de pausar y jugar, y cuyo talento en el pase beneficiará a los interiores para evitar así que echen de menos al antiguo ocupante de dicho puesto. Se esperan grandes cosas del que la prensa americana incluyó este verano dentro de los 30 mejores agentes libres disponibles.

El otro que debe consagrarse en esta nueva aventura es Danilo Gallinari, que parecía predestinado a jugar para los Clippers, tal y como declaró en el Media Day acontecido hace una semana: “Los Clippers empezaron a cortejarme hace tres años, intentando presionar a la directiva de los Nuggets (…) pero en Denver estaba muy a gusto y por ello siempre dije que no. Si hubiese dicho que sí, posiblemente llevaría ya algunos años jugando aquí”. Tras el paso por su segunda franquicia NBA (Knicks y Nuggets), en este, su décimo año en la élite, debe hacer honor a la fama de anotador que hasta ahora se ha ganado y formar así una dupla versátil y atlética con Griffin. La media de 18,2 puntos que promedió corrobora esa faceta del italiano, que a partir de ahora se desarrollará como 4 (se espera que juegue en esa posición la mayoría de los minutos), cediendo, en gran parte, a su compañero de pintura, Blake, las tareas defensivas y protectoras del aro, algo en lo que deberá mejorar, ya que en estos años no ha destacado precisamente por ello.

EL NUEVO CAPITÁN DEL BARCO

Con un contratazo de casi 175 millones bajo el brazo, una salud física que parece más fiable que antaño y la confianza de un proyecto que gira en torno a su figura, Blake Griffin está ante su año, empieza la que podría ser su era y a partir de este momento podremos, dependiendo de su rendimiento, tratarlo como una estrella más o como un líder que lleva a su ciudad a cuestas hasta objetivos aún no establecidos. La ilusión por comenzar algo nuevo no lo permite.

Sus números la temporada pasada no fueron malos: 21.6 puntos, 8.1 rebotes y 4.9 asistencias. Los únicos puntos débiles del jugador, la cantidad de partidos que se ha perdido estas últimas temporadas (67, 35 y 61 jugados en temporada regular los últimos tres años), y la pasividad mostrada en defensa a lo largo de su carrera. Dos factores que potencialmente son mejorables en amplia medida, uno ligado en su mayoría a la fortuna y otro dependiente de la actitud y el esfuerzo del propio jugador. De poder cumplir ambas tareas tendremos en los Clippers a un serio candidato por llevarse el MVP.

Hasta 14 son los jugadores que, de momento, vestirán la camiseta de Los Ángeles por primera vez, y otros cuantos son los que deben dar un paso adelante, pero si alguien está llamado a erigirse como el abanderado de este cambio de rumbo, es él, el nuevo capitán del barco, Blake Griffin.

NBA Photo Media

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