Željko Rebrača fue uno de los grandes pívots europeos de los años noventa. Con 2,13 metros, brazos largos y una coordinación poco habitual para su tamaño, podía finalizar por encima del aro, correr la pista, anotar con el gancho y abrirse para lanzar desde media distancia. No era un interior construido únicamente desde la fuerza. Su juego nacía de la movilidad, la técnica y una facilidad natural para ocupar los espacios cerca de la canasta.
Su carrera tuvo dos partes muy distintas. Primero fue campeón y figura en Europa, donde alcanzó la plenitud con Benetton Treviso y Panathinaikos. Después cruzó el Atlántico con 29 años, cuando ya había ganado prácticamente todo en el continente. La NBA conoció a un Rebrača veterano y castigado por los problemas físicos, no al pívot dominante que durante una década había marcado diferencias al otro lado del océano.
Su historia comenzó en el Partizan. En la temporada 1991/92, con 19 años, promedió 3,4 puntos y 2 rebotes dentro de uno de los equipos más jóvenes que recuerdan las competiciones europeas. Dirigido por un Željko Obradović que acababa de dejar las pistas para sentarse en el banquillo, aquel grupo tenía una media de solo 21,7 años.
La guerra obligó al Partizan a disputar en Fuenlabrada sus partidos como local de la Copa de Europa. Rebrača todavía era un jugador de rotación por detrás de interiores más experimentados, pero formó parte de una temporada irrepetible. El equipo ganó la Liga y la Copa yugoslavas y conquistó Europa en Estambul con la recordada canasta de Aleksandar Đorđević ante el Joventut. Rebrača levantaba así su primera Copa de Europa cuando apenas estaba empezando su carrera.
La salida de varios referentes le abrió espacio en la temporada 1992/93. Sus medias aumentaron hasta los 11,2 puntos y 6,6 rebotes, demostrando que no era únicamente uno de los jóvenes que acompañaban a Danilović o Đorđević. Partizan comenzaba a convertirse también en su equipo.
En la 1993/94 continuó creciendo, con 14 puntos y 6,3 rebotes. Su movilidad, su toque alrededor del aro y la capacidad para proteger la zona llamaron la atención de la NBA. Seattle SuperSonics lo eligió con el número 54 del Draft de 1994, aunque Rebrača decidió permanecer en Europa para seguir desarrollándose y competir por títulos.
Su última temporada en Belgrado fue la mejor. En la 1994/95 promedió 17,8 puntos y 7,5 rebotes y condujo al Partizan hacia una nueva Liga yugoslava. Ya no era una promesa, sino uno de los interiores más importantes del continente.
Aquel verano entró también en la selección yugoslava que regresaba a una gran competición después de varios años de sanción. Rebrača desempeñó un papel secundario dentro de un equipo repleto de figuras, pero aportó 4,8 puntos y 3,6 rebotes en el EuroBasket de Atenas. Yugoslavia derrotó a Lituania en una final tensa y recuperó el oro europeo.
En 1995 abandonó el Partizan para fichar por la Benetton de Treviso. El salto a Italia lo colocó en una de las ligas más exigentes del momento y en un club que aspiraba a todos los títulos. Durante su primera temporada respondió con 15,5 puntos y 6,4 rebotes, asentándose rápidamente como referencia interior.
El curso terminó con los Juegos Olímpicos de Atlanta. Yugoslavia alcanzó la final después de superar a Lituania, pero no pudo discutir el oro a la selección estadounidense. Rebrača añadió una plata olímpica a un palmarés que, con solo 24 años, ya incluía una Copa de Europa y dos grandes medallas internacionales.
En la temporada 1996/97 aportó 13,2 puntos y 6,4 rebotes y conquistó la Liga italiana. Su producción no explicaba por completo su importancia. Defendía el aro, terminaba el bloqueo directo y ofrecía una referencia constante cerca de la canasta dentro de una plantilla en la que también destacaban Riccardo Pittis, Denis Marconato o Henry Williams.
Aquel verano volvió a proclamarse campeón de Europa con Yugoslavia. Esta vez tuvo un papel mucho más importante: promedió 11,1 puntos y 5 rebotes y fue incluido en el mejor quinteto del EuroBasket. Anotó 19 puntos contra Polonia y 17 frente a Letonia, confirmando su crecimiento dentro de una selección que volvió a imponerse en el continente.
La temporada 1997/98 fue su mejor campaña en Treviso. Alcanzó los 17 puntos y 6,9 rebotes y se convirtió en uno de los pívots más determinantes de la Copa de Europa. Benetton llegó a la Final Four y Rebrača cerró la competición con 17,7 puntos y 6,9 rebotes, lanzando por encima del 61% en tiros de dos.
Su consagración definitiva llegó durante el verano de 1998. Yugoslavia acudió al Mundial de Atenas sin algunas de las estrellas de años anteriores, pero volvió a proclamarse campeona. Rebrača fue el gran referente interior y terminó elegido MVP del campeonato. Había pasado de completar la rotación en el EuroBasket de 1995 a ser reconocido como el mejor jugador de un Mundial tres años después.
En la 1998/99 bajó ligeramente sus números con Benetton hasta los 12,8 puntos y 5,7 rebotes, pero volvió a levantar un título europeo. El conjunto italiano conquistó la Recopa —entonces Copa Saporta— después de derrotar al Pamesa Valencia por 64-60 en Zaragoza.
Rebrača anotó 6 puntos, capturó 5 rebotes y realizó una recuperación decisiva cuando Valencia amenazaba con ponerse por delante en los últimos instantes. No fue su final más brillante estadísticamente, pero volvió a aparecer en una acción que ayudó a proteger otro título continental.
En 1999 se reencontró con Obradović en el Panathinaikos. El equipo griego tenía talento en todas las posiciones, con jugadores como Dejan Bodiroga, Fragiskos Alvertis, Oded Kattash o Antonis Fotsis, pero necesitaba una referencia interior capaz de finalizar y proteger el aro. Rebrača encajó de inmediato.
Durante la temporada 1999/00 promedió 12 puntos y 6,5 rebotes y ayudó al Panathinaikos a conquistar la Liga griega. Su gran momento llegó en la Final Four de Salónica. En la final contra el Maccabi anotó 20 puntos y lideró la victoria por 73-67. Fue elegido MVP de la Final Four y levantó su segunda Copa de Europa, ocho años después de la primera con el Partizan.
En la 2000/01 produjo 9,8 puntos y 7 rebotes y volvió a ganar la Liga griega. Panathinaikos no pudo repetir el título continental, pero Rebrača cerró su etapa europea convertido en uno de los interiores más respetados de su generación. Había ganado en Yugoslavia, Italia y Grecia y había sido campeón de Europa con dos clubes diferentes.
Fue entonces cuando decidió probarse en la NBA. Tenía 29 años y no llegaba como un proyecto, sino como un jugador formado, campeón mundial y MVP de una Final Four. Sus derechos habían cambiado varias veces de equipo desde el Draft de 1994, hasta terminar finalmente en Detroit.
En la temporada 2001/02 promedió 6,9 puntos, 3,9 rebotes y un tapón en apenas 15,9 minutos. Su toque cerca del aro y su experiencia le permitieron adaptarse con rapidez a un papel más reducido. Disputó 74 partidos y fue incluido en el segundo mejor quinteto de novatos, una distinción poco habitual para un debutante de 30 años.
La campaña 2002/03 comenzó con Rebrača dentro de la rotación de Detroit, pero su carrera cambió de forma brusca. Una arritmia cardiaca lo dejó fuera durante 50 partidos y limitó su participación a 30 encuentros, con medias de 6,6 puntos y 3,1 rebotes. En agosto de 2003 se sometió a una intervención para corregir el problema.
Regresó en la temporada 2003/04, aunque ya no logró recuperar la continuidad. Disputó 21 partidos con los Pistons, con 3,1 puntos y 2,3 rebotes, antes de ser enviado a Atlanta dentro de la operación que llevó a Rasheed Wallace a Detroit. Con los Hawks solo jugó tres encuentros, en los que promedió 8,3 puntos y 3 rebotes.
En el verano de 2004 firmó por Los Angeles Clippers. La franquicia lo incorporó como suplente de Chris Kaman, confiando en su experiencia, su tiro de media distancia y su capacidad para producir desde el poste. En la temporada 2004/05 disputó 58 partidos y registró 5,8 puntos y 3,2 rebotes. Era su campaña más estable desde el año de debut en Detroit.
Los problemas de corazón reaparecieron en la 2005/06. Rebrača había comenzado bien el curso, pero volvió a sufrir una arritmia después de un encuentro contra Toronto. Se sometió a un segundo procedimiento y terminó participando en 29 partidos, con 4,7 puntos y 2,2 rebotes. Los repetidos parones le impedían recuperar la forma y mantener un sitio estable en la rotación.
La temporada 2006/07 quedó completamente en blanco. Esta vez fueron los problemas de espalda los que lo apartaron de las pistas y lo obligaron a pasar por el quirófano. Los Clippers terminaron cortándolo en abril de 2007 sin que hubiera podido disputar un solo partido.
Rebrača decidió regresar a Europa y aceptó la oferta del Pamesa Valencia. El club lo presentó como uno de sus fichajes importantes para la temporada 2007/08, confiando en que todavía pudiera aportar su calidad en el poste bajo y su lanzamiento de media distancia. El contrato era por un año, con opción a una segunda campaña.
El regreso, sin embargo, apenas duró tres partidos. Primero sufrió una rotura fibrilar y después volvió a sentir problemas físicos durante un encuentro contra Granada. El 17 de diciembre de 2007, con 35 años, anunció su retirada. Había trabajado durante todo el verano para volver a competir, pero comprendió que su cuerpo ya no le permitía mantener el nivel que exigía el baloncesto profesional.
Su palmarés incluye dos Ligas yugoslavas, una Copa yugoslava, una Liga italiana, dos Ligas griegas, dos Copas de Europa y una Recopa. Con Yugoslavia ganó un Mundial, dos EuroBasket y una plata olímpica. Fue además MVP del Mundial de 1998 y de la Final Four europea de 2000.
Los problemas de salud impidieron que su etapa en la NBA tuviera la misma dimensión que su carrera europea. Cuando llegó a Detroit ya tenía 29 años y más de una década de partidos, títulos y veranos con la selección sobre sus piernas. Aun así, consiguió hacerse un sitio, entrar en el quinteto de novatos y prolongar durante seis temporadas una carrera que estuvo varias veces cerca de terminar antes de tiempo.
Željko Rebrača fue un pívot moderno antes de que el término se utilizara con tanta facilidad. Tenía altura, pero también movilidad; podía jugar cerca del aro, aunque no dependía exclusivamente de la fuerza; intimidaba en defensa y poseía manos suficientes para resolver desde distintos ángulos.
Comenzó como el joven suplente de un Partizan obligado a jugar en Fuenlabrada y alcanzó la cima como MVP con el Panathinaikos y con la selección yugoslava. Europa conoció su mejor versión. La de un pívot elegante, eficaz y preparado para aparecer en los partidos que decidían los títulos.