Ben Simmons ficha por los Kings: un año y 3,5 millones tras una temporada entera sin jugar

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Ben Simmons vuelve a la NBA. El australiano ha acordado un contrato de un año y 3,5 millones de dólares con los Sacramento Kings, según adelantó Shams Charania. Será su décima temporada en la liga, después de haberse perdido la 2025-26 completa.

Lo que ha pasado hasta aquí

La operación se cocinaba desde hacía días. El general manager de la franquicia, Scott Perry, presenció un entrenamiento suyo y quedó impresionado con su estado físico, y a partir de ahí Sacramento emergió como el destino más firme para un jugador que llevaba meses buscando abiertamente una oportunidad.

La cifra explica la naturaleza del acuerdo: 3,5 millones por un año es una apuesta de riesgo mínimo, sin compromiso a futuro, con el equipo pudiendo comprobar sin coste real si queda algo del jugador que fue.

Los números que faltan

Simmons no disputó un solo partido durante la temporada 2025-26. Se quedó sin equipo al expirar su contrato con los Clippers y pasó el curso alejado de las canchas.

Sus últimos registros en la liga son de la 2024-25: 5,0 puntos, 5,6 asistencias, 4,7 rebotes, 0,7 robos y 0,5 tapones en 22 minutos, a lo largo de 51 partidos entre Brooklyn —que rescindió su contrato en febrero de 2025— y los Clippers.

La distancia con su mejor versión es enorme. En sus cuatro temporadas en Philadelphia promedió 15,9 puntos, 8,1 rebotes y 7,7 asistencias con un 56 por ciento en tiros de campo. Fue número uno del Draft de 2016, Rookie del Año en 2018, tres veces All-Star, dos veces en el mejor quinteto defensivo, una en el mejor quinteto de la NBA y líder de la liga en robos en 2020.

Qué encaje tiene en Sacramento

Lo que compran los Kings no es anotación. Simmons nunca desarrolló un tiro exterior fiable y sería ingenuo esperar que lo haga ahora, a los treinta años y tras un curso sin competir. Su valor está en el tamaño, la defensa sobre varios perfiles, el rebote y la capacidad de generar juego sin necesitar el balón en las manos.

Las dos incógnitas siguen intactas. La física, porque no basta con conservar la técnica: hace falta que el cuerpo aguante la carga de una temporada y que mantenga la explosividad que hacía diferenciales su defensa y sus penetraciones. Y la de actitud, porque los últimos años han erosionado su reputación y este acuerdo implica aceptar un rol pequeño y reconstruirse desde abajo, algo que nunca ha tenido que hacer.

A los 30 años, con un contrato de un año y por una cantidad simbólica para sus antecedentes, es literalmente su última bala.