La noche terminó convirtiéndose en un examen de nervios, y los Knicks fueron quienes encontraron el temple necesario para cerrarlo. Con Jalen Brunson de regreso tras dos partidos fuera y Landry Shamet firmando un tramo final tan oportuno como valiente, Nueva York se impuso 113-111 a unos Mavericks que rozaron la remontada en los últimos segundos.
Brunson volvió como si no hubiera estado ausente: 28 puntos, liderazgo constante y un último tiro libre —a falta de 3.8 segundos— que dio a los Knicks la mínima ventaja que necesitaban. Le costó a Nueva York llegar hasta ahí: antes de ese lanzamiento habían fallado cinco tiros libres consecutivos en los últimos 22 segundos y cerraron la noche con un pobre 19/35 (54,3%) desde la línea.
El desenlace llevó el sello de Shamet. Primero encadenó dos triples en el último 1:02, cambiando por completo el pulso del encuentro. Y luego llegó la acción decisiva: Brandon Williams atacó el aro con 0.7 en el reloj, anotó… pero la canasta no subió al marcador porque los árbitros señalaron falta en ataque sobre Shamet. Esa lectura cerró la puerta a Dallas en un cierre trepidante.
Nueva York también encontró impacto interior: Karl-Anthony Towns terminó con 18 puntos y 14 rebotes, y Josh Hart, desde el banquillo, aportó 16 puntos y 10 rebotes para una segunda unidad que sostuvo al equipo cuando el ataque exterior flaqueó. De hecho, los Knicks empezaron la noche desde el perímetro con un pobre 3/22 en la primera mitad, aunque terminaron con 12 triples en 42 intentos.
Dallas, en cambio, vivió una historia dual: su banquillo brilló, sus titulares se diluyeron. La rotación aportó 64 puntos —igualando su mejor registro de la temporada— frente a solo 47 de un quinteto que nunca terminó de carburar. D’Angelo Russell y Naji Marshall fueron los que mantuvieron el pulso, ambos con 23 puntos, mientras un equipo normalmente poco prolífico desde el perímetro sorprendía con 13 triples en los tres primeros cuartos. Sin embargo, el acierto se evaporó en el momento menos oportuno: 3/11 en el último periodo.