Golden State encontró oxígeno en una noche espesa, tensa y cargada de fricción. Golden State Warriors se impusieron a Phoenix Suns por 119-116 en un partido de contacto permanente, emociones a flor de piel y resolución en los últimos segundos, cortando así una racha de tres derrotas consecutivas.
La respuesta local tuvo dos nombres propios. Stephen Curry firmó 28 puntos, nueve rebotes y seis asistencias, además de un tramo final determinante, mientras Jimmy Butler aportó 25 puntos y apareció cuando el partido exigía firmeza y claridad. Curry fue especialmente decisivo en el último cuarto, donde anotó 14 puntos con un 5 de 6 en tiros, incluyendo dos tiros libres clave tras una secuencia de máxima tensión en los segundos finales.
El desenlace fue tan apretado como el desarrollo. A falta de 1:10, un triple de Jordan Goodwin acercó a Phoenix a solo dos puntos, pero Butler respondió de inmediato con una penetración culminada en canasta y adicional. Collin Gillespie falló un triple desde la línea de fondo con 18 segundos por jugar, Curry convirtió dos tiros libres y, tras otro triple de Gillespie a 10 segundos del final, volvió a aparecer el base para sentenciar desde la línea.
Phoenix llegó a mandar con autoridad. Los Suns abrieron el partido con una puesta en escena ofensiva demoledora, anotando el 70,8% de sus lanzamientos en el primer cuarto para colocarse 44-32. Devin Booker lideró a los visitantes con 38 puntos, mientras Dillon Brooks añadió 22 tras anotar sus primeros cinco tiros. Sin embargo, los problemas de faltas en el tramo final condicionaron a un equipo que ya había tenido que sobrevivir a un contexto hostil.
La tensión marcó el pulso del encuentro desde muy temprano. Draymond Green fue expulsado con 10:39 por jugarse de la primera mitad tras recibir dos técnicas consecutivas: la primera por empujar por detrás a Gillespie después de bloquearle una penetración, y la segunda por continuar protestando pese a los intentos de compañeros, personal del equipo y seguridad por apartarlo. Steve Kerr también fue sancionado con una técnica al protestar la decisión arbitral.
El clima ya venía cargado del enfrentamiento del jueves, resuelto por Phoenix por 99-98 en un final polémico. En aquel partido, Brooks fue sancionado con una falta flagrante tipo 1 tras golpear a Curry en el estómago después de un triple. Dos noches después, el alero fue abucheado en cada contacto con el balón en el Chase Center, y el tono físico volvió a subir cuando Trayce Jackson-Davis cometió una dura falta ofensiva sobre Brooks al final del segundo cuarto.
Golden State también tuvo que reajustarse sobre la marcha. Buddy Hield vio cortada su racha de 199 partidos consecutivos disputados en temporada regular, mientras Jonathan Kuminga causó baja por enfermedad. Aun así, los Warriors resistieron el intercambio físico, sobrevivieron a la expulsión de Green y encontraron en Curry y Butler la estabilidad necesaria para cerrar un partido tan exigente como simbólico.
Más que una victoria, fue una declaración de carácter en una rivalidad que, en apenas dos partidos, ya ha dejado claro que no concede tregua.