Muere Don Nelson, el entrenador que inventó el baloncesto que hoy vemos

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Hay entrenadores que ganan títulos y entrenadores que cambian el juego. Don Nelson perteneció a los segundos, y esa es probablemente la mayor injusticia y a la vez el mayor elogio que se le pueden dedicar. Falleció el domingo por la mañana a los 86 años, rodeado de su familia, según confirmó un comunicado familiar difundido por los Golden State Warriors.

Se va con 1.335 victorias en la temporada regular, con 31 temporadas en un banquillo de la NBA y con tres galardones de Entrenador del Año. Y también sin haber pisado jamás unas Finales como técnico. El baloncesto que se juega hoy, en Denver, en Belgrado o en el Palau, es en buena medida el suyo. El anillo que nunca ganó lo llevan puesto otros.

El sexto hombre que aprendió de Auerbach

Antes que entrenador fue jugador, y de los buenos. Nacido en Muskegon, Michigan, en 1940, se ganó la vida durante catorce temporadas como alero de recursos, once de ellas en unos Boston Celtics con los que conquistó cinco anillos entre 1966 y 1976 desde un rol que él mismo convirtió en oficio: el de sexto hombre. Boston retiró su camiseta con el número 19 en 1978.

Aquella escuela dejó huella. El propio Nelson explicó años después que la idea de romper con el baloncesto de pívots dominantes de los setenta y apostar por la velocidad y el contraataque nació de lo que había visto y vivido bajo las órdenes de Red Auerbach.

Nellie Ball: el pecado que hoy es doctrina

En 1976 se sentó por primera vez en un banquillo, el de los Milwaukee Bucks, y allí empezó a cometer las herejías que le harían inmortal. Puso el balón en las manos de Paul Pressey, un alero de 1,96, y creó sin querer una posición nueva: el point forward. Las asistencias de Pressey se dispararon de 3,1 a 6,8 por partido, y de aquel experimento nació la idea de que la altura no dicta la función.

El resto es una lista de intuiciones que en su momento parecían chifladuras. Quintetos pequeños, ritmo desbocado, aleros de cuatro, pívots que tiran de tres. En Golden State llegó a poner a Manute Bol, 2,31 metros, a lanzar triples. Todo eso, que sonaba a excentricidad, terminó teniendo un nombre propio —el Nellie Ball— y después otro más genérico: small ball. Es decir, la NBA moderna. Y, por extensión, buena parte de la EuroLeague actual.

También inventó, por el camino, el arma más antipática del repertorio: el Hack-a-Shaq, la falta intencionada al mal tirador de libres. Nelson no fue el primero que la pensó, pero sí quien la convirtió en sistema.

El primero que miró a Europa en serio

Aquí es donde su figura interpela especialmente al aficionado europeo. Cuando la NBA todavía veía el baloncesto del Viejo Continente como una curiosidad, Nelson ya estaba cruzando el Atlántico. Fichó a Sarunas Marciulionis, el primer jugador soviético de la liga, y lo hizo pieza clave de su Golden State. Con Dallas seleccionó a Wang Zhizhi, el primer chino en llegar a la NBA.

Y sobre todo estuvo lo de 1998. Nelson y su hijo Donnie viajaron a Würzburg para conocer a un chaval de 18 años llamado Dirk Nowitzki, lo escondieron durante semanas para que ningún rival pudiera verlo entrenar y se lo llevaron en el draft. El padre del alemán le dijo entonces que se convertiría en su padre americano. Nowitzki despidió al técnico con una frase que resume todo: no cree que su carrera hubiese sido lo que fue sin haber tenido a Nelson como primer entrenador.

Antes de marcharse, en su segunda etapa en Oakland, todavía tuvo tiempo de firmar otra profecía: la elección de Stephen Curry en 2009.

Los We Believe y la maldición del anillo

Su currículum de entrenador está lleno de equipos memorables que nunca llegaron al final. Los Run TMC de Tim Hardaway, Mitch Richmond y Chris Mullin. Los Mavericks de Nowitzki y Steve Nash. Y, por encima de todos, los We Believe de 2007: unos Warriors de octavo puesto que eliminaron en primera ronda a unos Dallas de 67 victorias —los suyos, los que él había construido— en la mayor sorpresa que se recuerda en unos playoffs de la NBA.

Dieciocho clasificaciones para postemporada en 31 temporadas, tres finales de conferencia con Milwaukee, una con Dallas. Ninguna final. Fue el entrenador con más victorias de la historia hasta que Gregg Popovich le superó en marzo de 2022.

Se retiró en 2010, se fue a vivir a Maui y allí pasó los últimos quince años, lejos de los focos, con la satisfacción tranquila de quien sabe que su manera de ver el juego terminó ganando. La NBA que dejó no se parecía a la que encontró. Se parecía a lo que él había imaginado.