El rival del Monbus Obradoiro: Qué dicen los datos del estreno del Real Madrid

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El Real Madrid ganó su estreno en la Liga Endesa frente a Unicaja (89-87) después de lanzar 26 triples y meter seis. Un 23,1%. Con esa cifra, lo normal sería hablar de un partido atascado y de un equipo incapaz de pasar de setenta puntos. Pasó lo contrario: anotó 89 y produjo 116,4 puntos por cada cien posesiones.

Ese desajuste entre el acierto exterior y la producción total es, probablemente, lo más interesante del arranque de los de Pedro Martínez. Dice que el ataque tiene más de una puerta.

Un equipo que no quiere jugar andando

El primer dato que ordena todo lo demás son las 76,5 posesiones por cuarenta minutos. Es un ritmo alto, y no significa necesariamente lanzar en seis segundos: significa salir del rebote sin pausas, sacar rápido de fondo y llegar a campo contrario antes de que la defensa esté colocada del todo.

Ese plan descansa sobre dos manos concretas. Facundo Campazzo y Théo Maledon repartieron doce de las veinte asistencias del equipo —siete el francés, cinco el argentino— y son los encargados de generar la primera ventaja. Lo que ocurre después se decide a partir de ahí.

El ataque entra, no rodea

Los números de tiro no dejan margen a la interpretación. El Madrid lanzó 46 tiros de dos por solo 26 triples, y acertó el 58,7% de los primeros. Además pisó el tiro libre 22 veces, con un 77,3% de acierto.

Es decir: el ataque fue de penetración, continuación y juego interior. El FTr de 30,6 lo confirma, y el reparto de esos tiros libres dice todavía más, porque llegan desde posiciones distintas. Maledon acabó 6/6 desde la línea, Campazzo 5/6, Damian Jones 2/4, Alberto Abalde 2/2, Gabriel Deck 1/2 y Pradilla 1/2. No es un equipo que presione el aro desde un solo sitio.

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Campazzo y Maledon, 32 puntos y 12 asistencias

El dúo de bases no solo distribuye. Maledon firmó 17 puntos, siete asistencias, un 6/6 en libres y 23 de valoración; Campazzo, 15 puntos y cinco asistencias. Entre los dos, 32 puntos, 12 asistencias y once tiros libres.

Ese último número es el que más dice. Significa que los bases no juegan el bloqueo directo únicamente para pasar: atacan la ventaja, llegan a la pintura y obligan a la defensa a decidir con contacto. Maledon, en particular, combina anotación y creación en una proporción que lo convierte en la pieza central del ataque.

Dos interiores con funciones distintas

En la pintura, el Madrid tiene dos perfiles que no se parecen. Damian Jones hizo 8 puntos con un 3/3 en tiros de dos y cuatro tiros libres en apenas 15:48, el rendimiento típico de un interior que recibe el balón pegado al aro y finaliza en vertical.

Walter Tavares tuvo una noche menos fina en ataque —2/5 en dos, cuatro puntos— pero capturó once rebotes, tres de ellos ofensivos, y puso dos tapones. Su influencia pasa por otro lado: tamaño, rebote y presencia disuasoria.

Las combinaciones Campazzo o Maledon con Tavares o Jones son, por tanto, el esqueleto del juego de bloqueo directo del equipo, con dos acabados distintos a elegir según el momento.

El rebote ofensivo como red de seguridad

Aquí está el rasgo más definitorio. El Madrid acabó con 13 rebotes ofensivos y 29 defensivos, 42 en total, y un 34,2% de rebote ofensivo. Recupera, aproximadamente, uno de cada tres tiros que falla.

Es exactamente lo que le permitió ganar un partido con un 23% en triples. El reparto tampoco depende de un solo jugador: Tavares cogió once rebotes, Deck ocho —seis de ellos defensivos, lo que facilita salir corriendo después—, Luwawu-Cabarrot cinco y Pradilla tres.

Dicho en términos de identidad: es un equipo que quiere terminar las posesiones físicamente. Si falla, pelea la segunda oportunidad.

Pierde pocos balones para el ritmo al que juega

El otro dato que sostiene la producción es el cuidado del balón. Un 11,9% de pérdidas —once en todo el partido— es bajo para un equipo que juega a 76,5 posesiones, porque el ritmo alto suele traer errores.

Y las veinte asistencias dejan un AST% del 60,6%: seis de cada diez canastas llegan después de un pase. No es, al menos con estos números, un equipo atado al uno contra uno. Hay creación individual de Campazzo y Maledon, pero la intención parece ser crear la ventaja y mover el balón a partir de ella.

El triple, consecuencia y no punto de partida

El 3PAr se queda en el 36,1%: poco más de un tercio de sus tiros de campo fueron triples, una proporción que no es alta para el baloncesto de hoy. Y los lanzamientos estuvieron repartidos —seis de Luwawu-Cabarrot, cinco de Campazzo, cuatro de Pradilla, tres de Abalde, tres de Deck, dos de Maledon—, lo que apunta a tiros que nacen de una ventaja previa más que a un ataque construido alrededor de la línea de tres.

El problema del partido no fue generarlos. Fue meterlos.

Lo que todavía no sabemos

Conviene decirlo con claridad: todo lo anterior sale de un solo partido. Un 23% en triples es una anomalía estadística tanto como un 45% lo sería, y la muestra es demasiado corta para hablar de tendencias. El Unicaja al que se enfrentó llegaba además con tres bajas —Tyson Pérez, Tyler Kalinoski y Yannick Nzosa—, lo que condiciona cualquier lectura defensiva.

Lo que sí deja el estreno es una pista sobre dónde quiere vivir este Madrid: en el ritmo, en la penetración, en la línea de tiros libres y en el rebote ofensivo. El perímetro, cuando llegue, sumará. En Madrid confiarán en que esos 26 triples empiecen a entrar.