La NBA ha actualizado su proyección del tope salarial para la temporada 2027-28 y la ha situado en 176 millones de dólares, dos más que en la estimación anterior, según informó The Athletic. La línea del impuesto de lujo quedaría en 213 millones.
Por qué importa una cifra que parece lejana
Porque no es una previsión abstracta: determina cuánto van a cobrar varios de los mejores jugadores del mundo.
Los contratos máximos se calculan como un porcentaje del tope salarial vigente. Por tanto, cualquier revisión al alza aumenta automáticamente el dinero que percibirán quienes tengan extensiones ligadas a esa cifra. Los dos casos más señalados son Victor Wembanyama y Shai Gilgeous-Alexander.
La subida afecta igualmente a quienes lleguen al mercado como agentes libres en 2027. Ahí aparecen dos nombres de peso: Nikola Jokic y Jalen Duren, este último todavía sin resolver su situación actual con los Detroit Pistons, que se negaron a extenderle y abrieron la puerta a un traspaso.
De dónde sale el dinero
El origen está en el nuevo acuerdo de derechos televisivos de la liga, valorado en 10.000 millones de dólares, que ya ha entrado en vigor. Con esos ingresos, la previsión es que el tope salarial crezca cerca de un 10 por ciento cada temporada.
Es un contexto que explica buena parte de lo que se ve en el mercado: extensiones cada vez más elevadas, como los 208 millones de Amen Thompson, y a la vez un sistema que penaliza con dureza a los equipos que se pasan de los umbrales. Porque más tope no significa más margen: las restricciones de los aprons siguen limitando la capacidad de maniobra de las franquicias más gastadoras, como se ha visto estos días con unos Knicks que, siendo campeones, apenas pueden firmar más allá del mínimo de veteranos.