La NCAA vacía la Liga Endesa: una veintena de jugadores se marchan en un solo verano

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Cada verano se iban unos pocos. Este se han ido casi veinte. La marcha de jugadores de la Liga Endesa y de sus canteras hacia la NCAA ha dejado de ser un goteo para convertirse en una sangría estructural, con cerca de una veintena de nombres cruzando el Atlántico en los últimos meses

La lista toca a media liga: Gunars Grindvalds e Ilia Frolov dejaron el Real Madrid rumbo a UCLA y Arkansas; el Barça pierde a Nikola Kusturica (UCLA), Sayon Keita (North Carolina) y Joaquim Boumtje-Boumtje (Duke); el Joventut, a Michael Ruzic (LSU) y Miguel Allen (Charlotte); y en la última semana se han sumado Bassala Bagayoko desde el Bilbao (Texas Tech), Chiek Diallo desde el Baskonia (St. Bonaventure) y Lee Aaliya desde el UCAM Murcia (Ohio State). Completan el éxodo Dylan Bordón, Juan Fernández, Kostas Kostadinov, Max Gaspà, Gustav Knudsen y compañía.

Y falta el nombre más sonoro. Izan Almansa, desvinculado del Real Madrid esta semana, lleva todo el verano relacionado con Gonzaga, aunque a día de hoy ninguna universidad ha confirmado oficialmente su llegada.

Por qué está pasando: dinero y libertad de movimiento

La explicación tiene dos siglas y una herramienta. Las siglas son NIL, el sistema que desde 2021 permite a los universitarios cobrar por sus derechos de imagen y que los recientes acuerdos de reparto de ingresos han multiplicado: hoy un jugador de un programa grande puede ganar cifras de seis y hasta siete dígitos, muy por encima de lo que cobraría un canterano o un júnior en Europa. La herramienta es el transfer portal, que permite cambiar de universidad cada año sin penalización, convirtiendo la NCAA en un mercado libre anual.

Para un club español, la ecuación se ha vuelto imposible de igualar: no puede pagar esos salarios a un jugador de 19 años, y las compensaciones de formación que blindaban las canteras no operan contra una universidad. El resultado es que la NCAA ficha donde antes solo fichaba la NBA.

No es solo España, y no es solo ida

El fenómeno es continental. Este mismo verano, la Virtus ha perdido a Saliou Niang (LSU), el París a Mouhamed Faye, el Efes a Brice Dessert (LSU), el Partizan a Mikka Muurinen (Arkansas) y el Zalgiris a Kajus Mikalauskas y Mantas Rubstavicius. Nuestras tablas de mercado están sembradas de bajas con destino universitario.

Pero hay una segunda mitad del circuito que conviene no olvidar, porque matiza el drama: la NCAA también devuelve. Este verano, la Liga Endesa ha recibido de vuelta a Mario Saint-Supéry (Gonzaga) en el Valencia, a Max Shulga (VCU, vía Boston) en el Real Madrid y a Lucas Marí (Vermont) también en Valencia, jugadores formados aquí que regresan más hechos, más fuertes y con el escaparate americano en el currículum. La pregunta de fondo no es si el talento se va, sino cuánto de él vuelve y en qué condiciones.

Lo que puede hacer la ACB

Mientras tanto, a los clubes les quedan tres palancas: el derecho de tanteo, que permite recuperar al jugador cuando quiera volver, como acaba de hacer el Madrid con Eli John Ndiaye y previsiblemente hará con Almansa; los contratos profesionales tempranos con cláusulas altas; y una reflexión incómoda sobre minutos, porque el argumento definitivo de la NCAA no es solo el dinero: es que allí juegan. Almansa se va, entre otras cosas, porque en dos temporadas de élite europea apenas pisó la pista.

El debate llega además en plena negociación del nuevo marco entre FIBA, la EuroLeague y la NBA sobre el futuro del baloncesto europeo. Si el continente no encuentra la fórmula para retener —o repatriar— a su generación de los 18 a los 21 años, el problema dejará de ser de las canteras para ser de las selecciones.