Leyma Coruña se lleva una batalla ante el Palencia, 82-75

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Cremo y Pacheco sostienen un triunfo trabajado frente a un Palencia que redujo el baloncesto a resistencia

La novena victoria del Leyma Coruña no nació del talento ni del espectáculo, sino de una idea mucho más simple: aguantar más que el rival. El 82-75 frente a Palencia fue el resultado de un encuentro que rozó más lo territorial que lo táctico, con un Coliseum encendido ante un arbitraje permisivo y un adversario que supo llevar el choque a la esquina donde reinaba el contacto.

El arranque prometedor del Leyma dejó engañarse: después de casi tres semanas sin jugar, el regreso tenía tintes de fiesta. Guillem Jou inauguró el marcador y en cuestión de instantes Cremo y Cuevas elevaron un 8-0 que parecía anunciar una tarde cómoda. Diop, mientras tanto, se hacía notar bajo los tableros. Pero el partido tomó otra ruta.

Palencia sobrevivía a base de tiros libres y aprovechó la tolerancia arbitral para ensuciar la circulación. El empujón constante sobre Pacheco y los agarrones sin castigo a Diop frustraron al equipo local, que vio diluirse su ventaja (22-22) entre interrupciones, protestas y un ritmo roto.

Lejos de caer en el caos, el Leyma trató de responder desde la línea. Cremo y Jou volvieron a dar aire, pero cada pequeña ventaja se encontraba con otro golpe físico visitante: Kunkel llegó a impactar en la cara de Jou, y Ugochukwu continuó campando con libertad interior.

Cuevas dejó un destello improvisado —un caño y bandeja posterior— en un cuarto donde casi todo era fricción. Borg amenazaba desde fuera, Wintering vivía dentro, y los tiros libres, más que las jugadas, dictaron el marcador: Palencia se fue arriba al descanso (46-47), después de una secuencia de faltas que desconectó a la grada.

Tres decisiones arbitrales consecutivas abrieron el tercer cuarto hasta que Cremo, casi como gesto de protesta, clavó el triple que rompió el hielo. Ni aun así el juego encontró pulso: Pacheco tardó seis minutos en anotar el segundo tiro de campo del Leyma, síntoma de lo que fue el parcial.

Cuando por fin encadenó acción con un triple, parecía levantarse un segundo impulso (56-52), pero Palencia volvió a capturar el control del cierre: Ugochukwu sostuvo, y Manu Rodríguez clavó un triple esquinado que devolvió la desventaja local (58-59).

El encuentro se destrabó cuando Dídac Cuevas apareció con cinco puntos que devolvieron energía. Desde ahí, la figura de los dos jugadores que llevaron el peso todo el partido —Joe Cremo y Caio Pacheco— terminó de inclinar el duelo. Aprovecharon el apagón ofensivo de Palencia y construyeron un margen de +11 (74-63) con poco más de tres minutos.

El rival coqueteó con la remontada, pero el Leyma ya había aprendido el código de la noche: cerrar, no embellecer. Paul Jorgensen fue quien limpió la recta final y Radoncic se aseguró de que el dominio de las áreas no desapareciera.

El marcador final, 82-75, no describe una tarde vistosa, sino una constatación: el Leyma no sólo sabe ganar cuando juega bien —también sabe resistir cuando el partido se vuelve hostil.