MIAMI. Los Chicago Bulls se impusieron este sábado a los Miami Heat por 125-118 en un partido NBA marcado por las ausencias en ambos bandos y por la actuación más productiva de la temporada de Ayo Dosunmu, autor de 29 puntos para sostener a un equipo muy mermado y resolver un final apretado en Florida.
Dosunmu no solo asumió el peso anotador, sino que firmó una noche completa con nueve asistencias y ocho rebotes, siendo el eje de un ataque coral que encontró soluciones desde el perímetro. Matas Buzelis aportó 21 puntos y Isaac Okoro sumó otros 20 en un encuentro en el que Chicago alcanzó los 20 triples convertidos, una cifra decisiva para inclinar el pulso a su favor.
El desarrollo del partido estuvo muy condicionado por la gestión de los tiempos. Dos tiempos muertos tempranos del técnico Billy Donovan cambiaron la dinámica del choque. El primero, apenas 1:16 después del salto inicial, precedió a un parcial de 12-0 que estabilizó a los Bulls. El segundo, ya en el tercer cuarto y con su equipo once puntos abajo, dio paso a un 10-0 que activó la remontada y permitió a Chicago cerrar el periodo con ventaja 91-84 antes del último cuarto.
Miami resistió hasta el final. Pelle Larsson lideró a los Heat con 22 puntos, mientras que Bam Adebayo concentró 15 de sus 21 tantos en el último cuarto. El equipo local igualó el marcador en cuatro ocasiones durante los últimos 3:37, pero no logró recuperar la delantera en ninguno de esos intentos. Jaime Jaquez Jr. añadió 20 puntos en el esfuerzo ofensivo de los Heat.
El contexto del partido estuvo marcado por las bajas. Chicago afrontó el encuentro sin seis de sus nueve jugadores con mayor salario —Josh Giddey, Nikola Vucevic, Zach Collins, Coby White, Jalen Smith y Tre Jones— mientras que Miami también presentó un roster muy limitado, con ausencias de peso como Norman Powell, Davion Mitchell, Tyler Herro y Terry Rozier. Además, el pívot suplente Kel’el Ware apenas disputó 3:11 antes de retirarse definitivamente en la primera mitad.
Ambos equipos volverán a verse las caras este domingo, de nuevo en Miami, en una secuencia poco habitual en la NBA moderna: tres enfrentamientos consecutivos de temporada regular entre los mismos dos equipos, algo que no ocurría desde 1972.
Chicago confirma así su capacidad para competir en escenarios adversos, mientras Miami vuelve a quedarse a las puertas en un final ajustado que volvió a castigar la falta de rotación disponible.