SAN ANTONIO. Los New York Knicks son los nuevos campeones de la NBA. Liderados por una actuación legendaria de Jalen Brunson, autor de 45 puntos, los Knicks derrotaron por 94-90 a los San Antonio Spurs en el quinto partido de las Finales NBA 2026 y conquistaron el título por un global de 4-1. La histórica franquicia neoyorquina vuelve así a lo más alto del baloncesto mundial por primera vez desde 1973.
Brunson, que anotó 13 puntos consecutivos para su equipo en el último cuarto, firmó además la mayor anotación de un jugador de los Knicks en unas Finales NBA, superando los 38 puntos que Willis Reed había conseguido ante Los Angeles Lakers en 1970.
La imagen final fue el resumen perfecto de toda la serie. Los Knicks volvieron a remontar una desventaja de dobles dígitos, algo que hicieron en las cuatro victorias que les dieron el campeonato. Esta vez llegaron a verse 16 puntos abajo, pero nunca perdieron la calma.
El partido comenzó siguiendo el mismo guion que había marcado buena parte de las Finales. San Antonio arrancó mejor, dominó defensivamente y aprovechó las enormes dificultades ofensivas de New York durante los primeros minutos.
Los Knicks fueron incapaces de encontrar el aro con regularidad. Fallaron 16 de sus primeros 18 lanzamientos y no anotaron ninguno de sus once primeros intentos de dos puntos. La superioridad defensiva de los Spurs fue tan evidente que hubo un momento del segundo cuarto en el que Victor Wembanyama acumulaba más tapones que canastas convertidas por todo el equipo visitante.
Impulsado por el dominio interior del francés, San Antonio construyó rápidamente una ventaja importante. Los locales llegaron a mandar por diez puntos en el primer cuarto y ampliaron la diferencia hasta los 16 durante el segundo.
Wembanyama fue una pesadilla defensiva desde el inicio. El francés intimidó constantemente cerca del aro y sostuvo a unos Spurs que parecían decididos a prolongar la serie.
Sin embargo, estos Knicks llevaban meses demostrando que ninguna desventaja era definitiva.
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Poco a poco, New York comenzó a encontrar soluciones. La defensa aumentó la presión, aparecieron segundas oportunidades y el equipo volvió a confiar en su capacidad para sobrevivir a los momentos difíciles. Un parcial de 22-9 permitió a los visitantes acercarse peligrosamente en el marcador antes del descanso.
Aun así, un lanzamiento de Devin Vassell sobre la bocina devolvió algo de aire a los Spurs y permitió a los texanos marcharse a los vestuarios con ventaja de 42-37.
El partido se había convertido en una batalla defensiva de otra época. Los dos equipos cerraron la primera mitad con apenas un 31,8% de acierto conjunto en tiros de campo, el porcentaje más bajo registrado en una primera mitad de unas Finales NBA desde que existen datos detallados de jugada a jugada.
La segunda parte mantuvo la misma intensidad, pero con una diferencia fundamental: Jalen Brunson empezó a imponer su voluntad sobre el encuentro.
El base tomó progresivamente el control ofensivo de New York y volvió a demostrar por qué ha sido el gran líder de esta carrera hacia el campeonato. Cada vez que San Antonio amenazaba con escaparse, Brunson encontraba una respuesta.
La resistencia definitiva llegó en el último cuarto. Con el título en juego y la presión creciendo en cada posesión, el base encadenó 13 puntos consecutivos para los Knicks y transformó un partido tremendamente físico en una exhibición personal.
A su lado, Mikal Bridges aportó 14 puntos y Josh Hart añadió 13 más para completar la aportación del núcleo de jugadores formado en Villanova que cambió el destino reciente de la franquicia.
Los Spurs pelearon hasta el final. Dylan Harper lideró el ataque local con 25 puntos, mientras que Wembanyama firmó una actuación muy completa con 19 puntos, 14 rebotes y 5 tapones. Sin embargo, el esfuerzo no fue suficiente para frenar a un equipo que parecía destinado a completar la misión.
La derrota pone fin a una extraordinaria temporada de San Antonio, que alcanzó las Finales NBA por primera vez desde 2014 y confirmó que la era Wembanyama ya compite al máximo nivel. Pero esta noche perteneció a New York.
Los Knicks cerraron los playoffs con cuatro victorias en cuatro oportunidades de eliminación de sus rivales y conquistaron el campeonato ganando todos esos encuentros lejos del Madison Square Garden.
Después de más de medio siglo de espera, de décadas de frustraciones y generaciones enteras sin ver un título, New York vuelve a reinar en la NBA. Y lo hace siguiendo la misma fórmula que definió toda su temporada: resistir, remontar y encontrar siempre la manera de ganar.