El TD Garden vivió una de esas noches que recuerdan por qué la NBA no concede tregua. Utah Jazz, que había llegado con tres derrotas consecutivas y una desventaja de diez puntos al descanso, resurgió con determinación y acabó imponiéndose a los Boston Celtics por 105-103 gracias a un oportuno rebote ofensivo y canasta final de Jusuf Nurkic a seis décimas del final.
El pívot bosnio fue el héroe inesperado en un cierre de máxima tensión. Su acción resolvió un partido que Keyonte George había mantenido con vida durante todo el encuentro gracias a una actuación soberbia: 31 puntos, su mejor marca del curso. Lauri Markkanen añadió 20 tantos y 9 rebotes para completar la reacción de un equipo que por fin rompió su mala racha.
Boston, en cambio, se vio atrapado en su propia inconsistencia. Jaylen Brown fue el máximo anotador con 36 puntos, pero su 0 de 9 en triples reflejó la falta de acierto colectivo: los Celtics firmaron su peor noche del año desde el perímetro (21,6 %, con 11 de 51 intentos). Payton Pritchard (18 puntos) y Derrick White (10) fueron los únicos apoyos ofensivos regulares en un conjunto que acumula dos derrotas seguidas tras haber enlazado tres victorias.
Hugo González aportó 2 puntos y 1 rebote en los 8 minutos que estuvo en la cancha.
El guion del partido cambió tras el descanso. Utah, que marchaba diez abajo, firmó un parcial de 25-14 en los primeros siete minutos del tercer cuarto y se colocó por delante por primera vez (61-60). A partir de ahí, el duelo se movió en márgenes mínimos hasta los instantes finales.
Con empate a 101 y un minuto por jugar, los árbitros señalaron una violación defensiva de tres segundos a Utah. Derrick White convirtió el tiro libre, pero en la siguiente acción Jaylen Brown perdió el balón al resbalar, lo que permitió a Markkanen anotar al contraataque. Neemias Queta igualó desde la línea con uno de dos tiros libres, dejando el marcador empatado y el balón en manos del Jazz.
En la última posesión, el lanzamiento de George no entró, pero Nurkic, atento al rebote, corrigió con un toque certero que silenció el pabellón y selló una victoria de carácter para Utah, tan valiosa por la forma como por el momento en que llega.