Olympiacos y Panathinaikos elevan su rivalidad con dos plantillas construidas para dominar Europa

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El baloncesto griego afrontará la temporada 2026/27 con dos de las plantillas más potentes de la Euroliga. Olympiacos y Panathinaikos han reforzado proyectos que ya partían con aspiraciones máximas y que ahora presentan profundidad, talento y alternativas suficientes para competir por todos los títulos. Dos equipos diseñados de manera diferente, pero con un mismo objetivo: llegar a la Final Four y levantar el trofeo.

Olympiacos mantiene la continuidad de Georgios Bartzokas y vuelve a apostar por una estructura reconocible, con jugadores físicos, exteriores capaces de ocupar varias posiciones y una rotación interior de primer nivel. Panathinaikos, ahora bajo la dirección de Zeljko Obradovic, ha reunido una colección de estrellas difícil de igualar, especialmente en las posiciones de ala-pívot y pívot.

Olympiacos, equilibrio alrededor de Vezenkov y Fournier

La llegada de Codi Miller-McIntyre proporciona a Olympiacos un base físico, capaz de defender varias posiciones, atacar el aro y generar juego desde el bloqueo directo. Su incorporación completa una dirección en la que también aparecen Thomas Walkup y Cory Joseph, dos jugadores de perfiles diferentes, pero con experiencia suficiente para controlar los partidos de máxima exigencia.

La gran novedad del perímetro es Jean Montero. El dominicano llega para aportar creatividad, desequilibrio y anotación después de haberse consolidado como uno de los exteriores más determinantes del baloncesto español. Su capacidad para jugar como base o escolta permitirá a Bartzokas combinarlo con Miller-McIntyre, Walkup o cualquiera de sus anotadores.

Evan Fournier continúa siendo una de las principales referencias ofensivas del equipo. Olympiacos ha rodeado al francés de jugadores que pueden reducir su carga de creación, pero seguirá necesitando su talento en los finales apretados. Tyler Dorsey añade puntos y amenaza exterior, mientras que Omiros Netzipoglou y Giannoulis Larentzakis, siempre que este último continúe, completan una rotación exterior profunda.

En el puesto de alero, Kostas Papanikolaou conserva su importancia como capitán, defensor y elemento de unión entre las distintas generaciones del equipo. Tyson Ward aporta físico, rebote y capacidad para ocupar tanto el tres como el cuatro.

Sin embargo, el jugador alrededor del cual continúa girando buena parte del proyecto es Sasha Vezenkov. Su lectura sin balón, su lanzamiento y su facilidad para producir sin monopolizar la posesión lo convierten en una pieza fundamental. Olympiacos no cuenta con otro cuatro puro de su nivel, pero puede utilizar a Ward o Papanikolaou en quintetos más pequeños y móviles.

La posición de pívot presenta tres perfiles complementarios. Nikola Milutinov ofrece tamaño, rebote y juego cerca del aro; Tyrique Jones añade energía, potencia y capacidad para finalizar por encima del aro; y Donta Hall permite elevar el nivel físico y defensivo de la segunda unidad.

La salida de jugadores como Keenan Evans, Alec Peters, Moustapha Fall, Shaquielle McKissic o Frank Ntilikina supone una transformación importante. Aun así, Olympiacos parece haber mantenido su identidad mientras aumenta el talento individual de su línea exterior.

Panathinaikos reúne una plantilla repleta de estrellas

Si Olympiacos representa el equilibrio y la continuidad, Panathinaikos ha optado por una acumulación de talento que apenas tiene comparación en Europa. El regreso de Zeljko Obradovic al banquillo ateniense añade todavía más expectación a un proyecto que ofrece alternativas en prácticamente todas las posiciones.

La dirección queda en manos de Jerian Grant y Sylvain Francisco, con Kostas Sloukas preparado para asumir minutos como base o escolta. Grant proporciona defensa, control y capacidad para adaptarse a las estrellas que lo rodean. Francisco, por su parte, incorpora velocidad, puntos y creatividad desde el bote.

En el puesto de escolta aparece Kendrick Nunn, uno de los anotadores más difíciles de detener del continente. Su capacidad para fabricarse lanzamientos y asumir posesiones importantes convierte al estadounidense en la principal referencia ofensiva del equipo. Brancou Badio refuerza esa línea con defensa, energía y capacidad para atacar desde el uno contra uno, mientras que Panagiotis Kalaitzakis ofrece intensidad y trabajo sin balón.

La llegada de Isaac Bonga aumenta todavía más la versatilidad del perímetro. El alemán puede defender desde bases hasta ala-pívots, ayudar en el rebote e iniciar transiciones después de recuperación. Junto a Nikos Rogkavopoulos, Panathinaikos dispone de aleros con tamaño, lanzamiento y capacidad para participar en diferentes tipos de quintetos.

Es en las posiciones interiores donde la plantilla alcanza una dimensión extraordinaria. Juancho Hernangómez, Nigel Hayes-Davis, Guerschon Yabusele y Konstantinos Mitoglou pueden ocupar el puesto de ala-pívot, aunque varios de ellos también están capacitados para actuar como aleros o falsos pívots.

Obradovic tendrá la posibilidad de construir quintetos grandes, utilizando a Juancho o Hayes-Davis como tres, o formaciones más pequeñas y abiertas con Yabusele como cinco. La presencia de tantos jugadores importantes obligará a gestionar roles y minutos, pero también permitirá al Panathinaikos mantener un nivel físico muy elevado durante los 40 minutos.

Mathias Lessort y Moustapha Fall forman una pareja de pívots difícil de superar. Lessort aporta energía, continuaciones rápidas, rebote ofensivo y agresividad; Fall añade sus 2,18 metros, capacidad para proteger el aro y juego de espaldas. Ioannis Kouzeloglou aparece como una alternativa adicional para completar una rotación interior casi inagotable.

Dos caminos diferentes hacia el mismo objetivo

Olympiacos parece presentar una plantilla más definida, con una jerarquía clara alrededor de Vezenkov, Fournier, Montero y Milutinov. Bartzokas dispone de jugadores compatibles entre sí y de una estructura que mantiene buena parte de las características habituales del equipo: defensa, movimiento de balón, disciplina táctica y continuidad en el esfuerzo.

Panathinaikos, en cambio, reúne una mayor cantidad de nombres capaces de decidir un partido por sí solos. Nunn, Sloukas, Hayes-Davis, Yabusele, Juancho, Lessort o Francisco pueden asumir protagonismo ofensivo en cualquier momento. Su principal reto será distribuir responsabilidades y conseguir que tanto talento funcione dentro de un sistema colectivo.

Sobre el papel, Panathinaikos presenta una plantilla más extensa y con mayor acumulación de estrellas. Olympiacos puede ofrecer un funcionamiento más natural desde el comienzo gracias a la continuidad de Bartzokas y de varias piezas importantes.

La temporada decidirá cuál de las dos fórmulas resulta más efectiva. Lo único seguro es que los derbis de Atenas volverán a ser algunos de los encuentros más esperados del baloncesto europeo. La rivalidad griega ya no se limita a dominar su campeonato: Olympiacos y Panathinaikos han construido dos equipos destinados a medirse también por el trono de la Euroliga.