El debut europeo del Gran Canaria no pudo ser más cómodo. El equipo de Jaka Lakovic arrancó con fuerza en Lisboa y desbordó a un Benfica que dejó patente que su historia y su nombre no se corresponden con lo mostrado en la pista. El marcador (61-98) resume un encuentro sin tensión, decidido desde los primeros minutos.
El guion se escribió pronto. El Benfica necesitó más de tres minutos y medio para anotar su primera canasta, con diez fallos consecutivos en el lanzamiento. Ese arranque errático abrió la primera brecha (2-11) y obligó a Norberto Alves a detener el juego. La pausa no surtió efecto: Brussino, Angola y Samar manejaban el ritmo, y los amarillos ampliaban su ventaja (4-16) con una superioridad clara en ambos tableros.
El primer parcial terminó con un 16-32 que ya evidenciaba la diferencia. En el segundo cuarto, el dominio del Granca fue aún mayor: un 0-8 de salida llevó el marcador a 16-40 y el Benfica solo consiguió anotar tras casi ocho minutos de sequía. La sensación era de partido desigual, con los locales totalmente bloqueados y una grada que asistía en silencio a la exhibición visitante.
Al descanso, el marcador reflejaba la realidad (24-65). La segunda mitad solo sirvió para repartir minutos, con protagonismo incluso para el joven escolta Eetu Heinonen, que respondió con acierto en sus apariciones. El tercer cuarto rebajó el caudal ofensivo de los de Lakovic, aunque el control no se discutió en ningún momento.
En los últimos diez minutos, el Gran Canaria se dejó llevar y cedió el parcial por 18-11, mostrando cierta relajación que no empaña la victoria final. El 61-98 fue la mejor carta de presentación para los insulares en esta nueva competición continental, en una noche en la que el Benfica apenas pudo competir.