Paso firme del Obradoiro en Cartagena para firmar su sexta victoria seguida, 68-94

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El Monbus Obradoiro aterrizó en Cartagena con un objetivo claro: seguir sumando, seguir creciendo y prolongar una dinámica que ya lo ha devuelto a la parte alta de la Primera FEB. Y lo hizo con la autoridad de un equipo que sabe quién es y a qué juega. 68-94, trámite resuelto, señal de identidad reforzada.

No hubo lugar para sobresaltos. No hubo puntos ciegos. No hubo opción real para un Cartagena hundido en una racha oscura y sin argumentos para discutir la superioridad compostelana. El Obra gobernó desde el 0-5 inicial y dejó el duelo visto para sentencia antes del descanso. Solo en el último cuarto, con la rotación abierta y el acelerador a medio gas, los locales pudieron maquillar algo el marcador.

Un partido serio, controlado, sin concesiones. Uno más en la cadena de un equipo que ya enlaza seis victorias consecutivas.

El regreso de Félix Alonso frente a su exequipo apenas añadió narrativa a un choque que pronto se inclinó hacia un lado. El Obradoiro golpeó primero: triple de Galán y canasta de Barrueta para abrir el 0-5. Era solo el prefacio. El dominio compostelano en la pintura, la fluidez ofensiva y la buena selección de tiro construyeron un 15-28 que ya era diagnóstico: el Obra estaba varios peldaños por encima.

En el segundo cuarto, la distancia se convirtió en abismo. Andersson, dominante y físico, amplió la ventaja con un 2+1 (17-34). Cartagena intentó reaccionar (24-36), pero Epifanio paró el partido y los suyos volvieron a acelerar. Brito, Westermann y Barcello: siempre una respuesta. Siempre un tiro limpio. Siempre un rebote ganado. El descanso llegó con un contundente 32-51, con la sensación de que el partido tenía nombre y apellido desde muy temprano.

El Cartagena salió del vestuario con orgullo (6-0 de parcial), pero duró lo que tardó Barcello en devolver el orden (38-59). A partir de ahí, la avalancha: Barrueta, Westermann, Brito desde fuera y una defensa que no cedía nada. El Obra se marchó hasta los 28 puntos de ventaja (47-75) en un tercer cuarto donde el duelo dejó de tener misterio. El luminoso marcaba un 52-77 camino del último periodo, y la sensación era de absoluto trámite.

Epifanio abrió la rotación. Minutos para los menos habituales, energía nueva, misma hoja de ruta. Cartagena intentó resistir como pudo, pero el partido estaba roto, sin tensión competitiva y con un Obradoiro que ni siquiera necesitó forzar para mantener diferencias por encima de los veinte puntos de manera estable.

En los últimos cinco minutos, con 60-84, el encuentro ya solo pedía que el reloj corriera. El Obra cerró con un serio 68-94, sin permitir relajaciones pese a la holgura del marcador.