Ramūnas Šiškauskas, el alero con ventaja

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Ramūnas Šiškauskas no necesitaba monopolizar el balón para controlar un partido. Podía anotar desde el triple, atacar el aro, jugar al poste ante exteriores más pequeños o defender al mejor jugador rival. No era el más rápido ni el más espectacular, pero entendía cada posesión y rara vez tomaba una mala decisión. Su baloncesto estaba construido desde la eficacia, la fortaleza física y una serenidad que lo convirtió en una pieza perfecta para equipos destinados a ganar.

Con sus 1,98 metros, podía actuar como escolta o alero e incluso ayudar en la dirección. Cuando el defensor se alejaba, lanzaba; cuando se acercaba demasiado, atacaba con decisión. Esa capacidad para leer la reacción rival hizo de él uno de los jugadores más fiables de su generación.

Su carrera profesional comenzó en el Sakalai de Vilna. En la temporada 1996/97, con 18 años, promedió 9,5 puntos y 2,5 rebotes. No pasó demasiado tiempo como jugador de formación. Desde el principio mostró una madurez poco habitual, capaz de competir físicamente y de aportar sin que el equipo necesitase preparar demasiadas jugadas para él.

En la 1997/98 aumentó su producción hasta los 13,4 puntos y 2,8 rebotes. Aquel verano disputó el Europeo sub-22 con Lituania, donde compartió generación con futuros internacionales como Darius Songaila y Rimantas Kaukėnas. Firmó 10 puntos y 4,3 rebotes y empezó a hacerse un nombre más allá de la competición doméstica.

El Lietuvos Rytas lo incorporó en 1998. Durante su primera temporada respondió con 15,2 puntos y 4,1 rebotes y se convirtió rápidamente en uno de los principales exteriores del equipo. Šiškauskas tenía todavía margen para mejorar su tiro y su manejo, pero ya poseía la cualidad que definiría toda su carrera: podía influir en casi cualquier contexto sin alterar el equilibrio colectivo.

En la temporada 1999/00 sus cifras bajaron hasta los 9,8 puntos y 3,1 rebotes, pero conquistó su primera Liga lituana. El curso terminó además con su estreno olímpico. Jonas Kazlauskas lo incluyó en la selección que viajó a Sídney, donde Lituania estuvo a punto de protagonizar una de las mayores sorpresas de la historia de los Juegos.

Šiškauskas todavía tenía un papel secundario, con 6,6 puntos, 2,4 rebotes y 2 asistencias, pero participó en el recorrido de una selección que perdió por solo 85-83 ante Estados Unidos en semifinales. Lituania se recuperó derrotando a Australia y conquistó la medalla de bronce. Era el primer gran éxito internacional de su carrera.

Su evolución continuó en la 2000/01. Promedió 15,6 puntos y 4,3 rebotes y fue elegido MVP de la Liga lituana. Ya no era únicamente un exterior completo, sino la gran referencia del Lietuvos Rytas, capaz de asumir la anotación y defender al jugador más peligroso del adversario.

En la temporada 2001/02 sus medias descendieron hasta los 10,8 puntos y 3 rebotes, pero el equipo volvió a proclamarse campeón de Lituania y añadió la NEBL, una competición que reunía a clubes del norte y el este de Europa. Šiškauskas aprendía a convivir con plantillas profundas y a ajustar su protagonismo a las necesidades de cada partido.

La campaña 2002/03 fue una de las mejores de su etapa en Vilna. Alcanzó los 16,4 puntos y 3,3 rebotes y llegó al verano convertido en una de las piezas fundamentales de la selección lituana que disputó el EuroBasket de Suecia.

Šiškauskas promedió 14,8 puntos y 4,7 rebotes durante el torneo. Su mejor actuación llegó en los cuartos de final contra Serbia y Montenegro: 27 puntos, con 9 de 14 en tiros de campo, para eliminar al campeón mundial. Lituania superó después a Francia y derrotó a España en la final, conquistando su primer oro europeo desde 1939.

En la temporada 2003/04 firmó 13 puntos y 2,8 rebotes en su despedida del Lietuvos Rytas. Lideró además la Liga lituana desde el tiro libre con un 90,6%, una muestra de la seguridad con la que resolvía desde la línea. Después de seis temporadas en Vilna, estaba preparado para probarse en una de las competiciones más exigentes de Europa.

Su siguiente destino fue la Benetton de Treviso. En la 2004/05 promedió 14,7 puntos y 2,5 rebotes y conquistó la Copa italiana. El cambio de campeonato no redujo su impacto. El baloncesto táctico y disciplinado de Italia encajaba con un jugador que entendía los espacios, podía defender varias posiciones y no necesitaba detener el ataque para producir.

Durante la temporada 2005/06 mantuvo su nivel con 14,1 puntos y 3,8 rebotes. La Benetton se proclamó campeona de Italia y Šiškauskas cerró su etapa en Treviso habiendo ganado los dos grandes títulos nacionales. En solo dos años había demostrado que su rendimiento no dependía del contexto lituano.

En 2006 firmó por el Panathinaikos de Željko Obradović. El entrenador serbio encontró en él al exterior ideal: disciplinado, fuerte en defensa, fiable en el tiro y capaz de tomar decisiones sin exigir un protagonismo constante. Šiškauskas podía jugar junto a Dimitris Diamantidis, Vassilis Spanoulis o Sani Bečirovič sin que el equipo perdiese equilibrio.

En la temporada 2006/07 promedió 9,3 puntos y 2,4 rebotes en la competición griega y conquistó Liga y Copa. Su importancia aumentó en la Euroliga, especialmente durante la Final Four disputada en Atenas.

Panathinaikos superó al Baskonia en semifinales y se enfrentó al CSKA de Moscú por el título. Šiškauskas fue el máximo anotador de su equipo con 20 puntos y añadió 5 asistencias. Convirtió 12 tiros libres y ayudó a los griegos a imponerse por 93-91 en una de las finales más brillantes de la competición. El Panathinaikos completaba el triplete y Šiškauskas conquistaba su primera Euroliga.

Aquel verano volvió a asumir un papel protagonista con Lituania. En el EuroBasket de España promedió 13,8 puntos, 3,9 rebotes y 2,6 asistencias. En la semifinal contra Rusia firmó uno de los mejores partidos de su carrera internacional: 30 puntos, 5 triples, 5 robos y 4 asistencias. No fue suficiente para alcanzar la final, pero Lituania derrotó posteriormente a Grecia y conquistó el bronce. Šiškauskas fue incluido en el quinteto ideal del campeonato.

Después de una sola temporada en Atenas aceptó la oferta del CSKA de Moscú. El cambio resultaba especialmente llamativo: abandonaba al equipo con el que acababa de conquistar Europa para fichar por el rival derrotado en la final.

Su adaptación fue inmediata. En la temporada 2007/08 firmó 11,2 puntos y 2 rebotes en Rusia y conquistó la Liga. En la Euroliga elevó su impacto hasta los 14 puntos por encuentro, con más de un 44% en triples, y fue elegido MVP de la competición.

El CSKA alcanzó la Final Four de Madrid y superó al Baskonia en semifinales. En el partido por el título, Šiškauskas aportó 13 puntos en la victoria frente al Maccabi. Un año después de levantar la Euroliga con Panathinaikos, volvía a ganarla con otro equipo. Había cambiado de camiseta, pero seguía ocupando el mismo lugar: el del jugador que aparecía donde el partido necesitaba una solución.

En la temporada 2008/09 promedió 8,7 puntos y 2,1 rebotes y ganó otra Liga rusa. Sus números domésticos disminuyeron, pero volvió a llegar a la Final Four en un estado de forma extraordinario.

En la semifinal contra el Barcelona anotó 29 puntos, la mejor marca de su carrera en la Euroliga, y condujo al CSKA hacia su cuarta final consecutiva. Dos días después volvió a encontrarse con el Panathinaikos. Los rusos llegaron a perder por 23 puntos, pero protagonizaron una remontada que les permitió disponer del último lanzamiento.

Con el CSKA dos puntos por debajo, Šiškauskas recibió el balón y lanzó el triple del título sobre la bocina. El tiro golpeó el aro y salió. Panathinaikos ganó por 73-71. Había llevado a su equipo hasta la final con una actuación memorable y terminó quedándose a centímetros de una tercera Euroliga consecutiva.

La temporada 2009/10 dejó 11,8 puntos y 3 rebotes, además de otra Liga y la Copa rusa. Šiškauskas seguía siendo uno de los principales generadores exteriores del CSKA. Ya no necesitaba jugar al mismo ritmo que en Vilna o Treviso: utilizaba mejor el cuerpo, elegía cuándo atacar y castigaba cualquier defensa que le concediese espacio.

El CSKA volvió a alcanzar la Final Four, aunque cayó en semifinales frente al Barcelona. Šiškauskas terminó el curso incluido por tercera vez en uno de los quintetos ideales de la Euroliga, confirmando una continuidad extraordinaria entre los mejores exteriores del continente.

En la 2010/11 promedió 11,5 puntos y 3,3 rebotes y conquistó su cuarta Liga rusa consecutiva. Fue una temporada difícil para el CSKA en Europa, eliminado antes del Top 16, pero Šiškauskas se mantuvo como uno de los veteranos sobre los que el club reconstruyó su proyecto.

Su última campaña fue la 2011/12. Con 33 años, a pocos meses de cumplir los 34, aportó 7,1 puntos y 2,1 rebotes. El CSKA ganó nuevamente la Liga rusa y conquistó la VTB League, alcanzando también la final de la Euroliga.

El conjunto moscovita dominó al Olympiacos y llegó a disponer de 19 puntos de ventaja. Sin embargo, los griegos fueron recortando la diferencia hasta llegar al último minuto. Con el CSKA un punto por delante y nueve segundos por jugar, Šiškauskas dispuso de dos tiros libres para acercar a su equipo al título. Falló los dos y Georgios Printezis anotó después la canasta que dio la Euroliga al Olympiacos por 62-61.

Pocos días más tarde anunció su retirada. Se marchaba después de dieciséis temporadas profesionales, con dos Euroligas, diez campeonatos nacionales en cuatro países y una carrera marcada por la capacidad para adaptarse a cualquier entrenador, sistema o vestuario. En 2014 fue reconocido como EuroLeague Basketball Legend.

Su palmarés incluye dos Ligas lituanas, una Liga y una Copa italianas, una Liga y una Copa griegas, cinco Ligas y una Copa rusas, una VTB League, una NEBL y dos Euroligas. Con Lituania conquistó un oro y un bronce europeos, además de un bronce olímpico.

Šiškauskas no fue un jugador de gestos exagerados ni de estadísticas infladas. Podía ser la primera opción ofensiva, como demostró en Vilna, o integrarse en plantillas cargadas de estrellas sin perder importancia. Defendía, lanzaba, penetraba y asumía el último balón cuando era necesario.

Ramūnas Šiškauskas construyó su carrera haciendo que el baloncesto pareciese sencillo. No trataba de inventar una ventaja donde no existía. Esperaba, observaba y encontraba la que ya estaba allí. Esa fue su verdadera grandeza: saber siempre qué necesitaba el partido y tener el talento suficiente para hacerlo.