Serbia arrancó el EuroBasket 2025 con paso firme y autoridad, imponiéndose a Estonia por 98-64 en un encuentro sin historia desde el salto inicial. Con 8.151 aficionados en las gradas de la Arena Riga, la mayoría apoyando a los estonios, el equipo de Svetislav Pesic no mostró compasión y convirtió su debut en una exhibición de solidez y juego colectivo
La diferencia de nivel se hizo evidente desde el primer cuarto, cuando los serbios abrieron un contundente 32-12 que dejó el camino marcado. La baja por lesión de Maik-Kalev Kotsar durante el verano había debilitado notablemente a Estonia, que se encontró incapaz de competir en la pintura frente a Nikola Jokic y compañía. A partir de ahí, el choque fue un monólogo serbio.
El espectáculo de pases fue lo más destacado. Serbia repartió 32 asistencias, quedándose a solo una del récord histórico de la competición, establecido en 2001 por la Yugoslavia dirigida precisamente por Pesic, también contra Estonia. El dato subraya la fluidez y la generosidad de un conjunto que, cuando comparte el balón con esa eficacia, se convierte en una maquinaria casi imparable.
El protagonismo individual fue muy repartido. Nikola Jovic brilló en apenas 16 minutos con 18 puntos y 6 asistencias, inyectando energía desde el arranque y encarnando el espíritu coral del equipo. Jokic, sin necesidad de forzar, firmó un partido de lujo con 11 puntos, 10 rebotes y 7 asistencias, rozando el triple-doble sin apenas despeinarse.
Serbia dominó en todos los apartados estadísticos y selló así la mayor victoria de su historia en un EuroBasket, con una diferencia de 34 puntos. Estonia, pese a la derrota, volvió a dejar una imagen de pasión en las gradas. Más de 8.000 seguidores viajaron para alentar a los suyos, y aunque el marcador resultó inabordable, su fidelidad promete mantener el aliento al equipo en los próximos compromisos. Henri Drell fue el máximo anotador estonio con 11 puntos, pero el verdadero relato de la noche estuvo en el contraste entre la fiesta en la grada y la superioridad aplastante sobre la pista.
Serbia cumplió con creces y lanzó un aviso: llega a este EuroBasket con la ambición de dominar. Estonia, en cambio, tendrá que buscar sus opciones en rivales de menor entidad, aunque con el empuje de su afición nada parece imposible.
La diferencia de nivel se hizo evidente desde el primer cuarto, cuando los serbios abrieron un contundente 32-12 que dejó el camino marcado. La baja por lesión de Maik-Kalev Kotsar durante el verano había debilitado notablemente a Estonia, que se encontró incapaz de competir en la pintura frente a Nikola Jokic y compañía. A partir de ahí, el choque fue un monólogo serbio.
El espectáculo de pases fue lo más destacado. Serbia repartió 32 asistencias, quedándose a solo una del récord histórico de la competición, establecido en 2001 por la Yugoslavia dirigida precisamente por Pesic, también contra Estonia. El dato subraya la fluidez y la generosidad de un conjunto que, cuando comparte el balón con esa eficacia, se convierte en una maquinaria casi imparable.
El protagonismo individual fue muy repartido. Nikola Jovic brilló en apenas 16 minutos con 18 puntos y 6 asistencias, inyectando energía desde el arranque y encarnando el espíritu coral del equipo. Jokic, sin necesidad de forzar, firmó un partido de lujo con 11 puntos, 10 rebotes y 7 asistencias, rozando el triple-doble sin apenas despeinarse.
Serbia dominó en todos los apartados estadísticos y selló así la mayor victoria de su historia en un EuroBasket, con una diferencia de 34 puntos. Estonia, pese a la derrota, volvió a dejar una imagen de pasión en las gradas. Más de 8.000 seguidores viajaron para alentar a los suyos, y aunque el marcador resultó inabordable, su fidelidad promete mantener el aliento al equipo en los próximos compromisos. Henri Drell fue el máximo anotador estonio con 11 puntos, pero el verdadero relato de la noche estuvo en el contraste entre la fiesta en la grada y la superioridad aplastante sobre la pista.
Serbia cumplió con creces y lanzó un aviso: llega a este EuroBasket con la ambición de dominar. Estonia, en cambio, tendrá que buscar sus opciones en rivales de menor entidad, aunque con el empuje de su afición nada parece imposible.