Treinta años narrando la NBA no se cuentan en frío. Se viven, se sienten y se recuerdan en madrugadas interminables, desde los Bulls del 72–10 hasta el día en que Antoni Daimiel decidió no volver a dudar de LeBron James. En esta conversación sin cortes para Piratas del Basket, de la mano de Tim Shea, el periodista repasa su trayectoria frente al micrófono, sus dudas y certezas, la crisis de los medios, el futuro del baloncesto en España y hasta su pasión oculta por el béisbol. Una entrevista a corazón abierto de la voz que convirtió la NBA en costumbre nocturna para toda una generación.
Tim Shea: Parece que, después de 30 años, vas a dejar de comentar la NBA en televisión. ¿Qué sientes? A) Vértigo. B) Frustración. C) Descanso.
Antoni Daimiel: ¿D) Orfandad? (ríe) Es interesante, porque se sienten muchas cosas. Es verdad que todo indica que voy a dejar de comentar la NBA en televisión en España después de 30 años.
He estado en el canal que tenía la exclusiva de la NBA aquí. Treinta años son mucho tiempo, un hábito larguísimo, y creo que cualquier persona que ha estado tanto tiempo haciendo lo mismo y de repente lo deja, siente cosas especiales. No soy el típico periodista que quiere estar en todos los sitios todo el tiempo y que no se quiere jubilar nunca. No soy ese periodista deportivo, pero quizá siento algo parecido a lo que vive un jugador cuando se retira después de toda una vida con sus rutinas: levantarte, comer bien, entrenar, jugar, viajar… y de repente, se acaba. Por suerte me llega a esta edad y en una situación que me permite estar más tranquilo respecto a lo que puedo hacer ahora. Además, tengo muchas inquietudes; me gustan muchas cosas y puedo hacerlas en el ámbito de los medios.
Hoy ni siquiera hacen falta medios tradicionales: con la tecnología puedes comunicar por tu cuenta, opinar y aportar. Así que estoy tranquilo y emocionado a la vez, expectante por ver qué pasa con mi vida.
Tim SHea: Pero si tienes que elegir: vértigo, frustración o descanso… ¿cuál?
Antoni Daimiel : Un poco de vértigo. Frustración, no. Descanso… aún no lo sé. Parece que sí, que descansaré por la noche. Creo que podré regularizar horarios de gente normal, es posible.
Tim Shea: ¿Y la sensación de quedarte “huérfano” sin NBA?
Antoni Daimiel: Intentaré hablar, aunque sea un poquito, de NBA. Veremos si eso me obliga a seguirla tan intensamente como hasta ahora. Toca mirar más cosas.
Treinta años después: afición, consumo, consideración
Tim Shea: Te habrán preguntado mil veces cómo ha cambiado el baloncesto en 30 años. ¿Cómo ha cambiado la afición, el seguimiento, el consumo o la consideración del baloncesto?
Antoni Daimiel: Es una pregunta con mucha miga, muy compleja. A ver: ha cambiado muchísimo el consumo y el entretenimiento de la gente aficionada al deporte en general y al baloncesto en particular. Pero esto le pasa a todo, no solo al basket.
Ahora hay demasiadas cosas. No te da tiempo a ver todo lo que te atrae. Tienes que elegir: cada día descartas unas cosas y eliges otras. La competencia por tu ocio es mucho mayor para todos los deportes y para cualquier forma de ocupar el tiempo libre.
El baloncesto ha cambiado mucho, sí. Yo siempre he sido escéptico con el debate de “de pago o no de pago”. Ha podido influir, pero no de manera decisiva. Ha habido errores dentro del propio baloncesto. Y los medios también tienen parte de culpa: han atendido al baloncesto menos de lo que merecía por su respaldo social.
Tim Shea: Iba a ser mi próxima pregunta…
Antoni Daimiel: Y ahora la cosa está difícil porque, esta temporada, la ACB irá en una plataforma, la EuroLeague en otra, la NBA en una de esas… y quizá en otra más. Se diversifica. Antes Movistar Plus concentraba lo principal; ahora será más difícil para la gente.
Quien solo tenga presupuesto para una plataforma no podrá ver otros baloncestos; tendrá que elegir. Es duro, porque cada competición tiene su valor —y hay que saber encontrarlo—. Sería bueno que la gente disfrutase del baloncesto y entendiera las diferencias entre ligas.
Pero es complicado. A las ligas nacionales europeas también se les hace muy difícil mantener niveles con 18 o 20 equipos; la financiación… es duro. Y no deja de ser un negocio. Siempre se dice “la NBA es un negocio”; aquí también lo es. La EuroLeague es un negocio.
En el mundo de los negocios, el más poderoso suele comerse al menos poderoso.
Medios, difusión y futuro en España
Tim Shea: El baloncesto está en un momento de cambio. Y ojo: el pádel viene fortísimo, también el pickleball. ¿Qué dibujo harías del estado del baloncesto respecto a medios, difusión y futuro en España?
Antoni Daimiel: Está difícil. Los medios llevan años en crisis de negocio. Les cuesta recuperar lo que invierten; invierten cada vez menos; los periodistas están peor pagados.
En televisión se nota —quien mire con detalle— que hay menos inversión que antes en realización y producción: menos cámaras. Te acordarás, Tim: en el 99, cuando entra Canal+ y compra la Liga ACB por cuatro años poniendo muchísimo dinero, Canal+ montaba un travelling —una vía con cámara móvil que seguía la banda según corría el jugador—.
Eso ya no existe. Cuesta dinero y no salen las cuentas o no se quiere invertir. ¿Qué pasa? Que los medios, por lo general, los dirigen financieros o marketing, no gente de deporte o de contenidos… y a veces gente que no sabe nada. Y los que no saben piensan que solo es rentable el fútbol en España.
El resto de deportes lo tienen crudo. Y, encima, ni siquiera se cuenta el fútbol bien: por qué pasan las cosas, por qué juega bien un equipo, por qué gana uno con menos presupuesto… No: aquí se empuja a defender tu equipo, odiar al rival, gritar y celebrar en la cara del otro. Ese es el show business ahora mismo en el fútbol: se piensa que es fácil, barato y llega a mucha gente.
Tim Shea: Hemos hablado en privado y te pregunto: el béisbol, que en EE. UU. es incluso más popular que el baloncesto, ¿por qué, a diferencia de otros países latinos, no ha ganado audiencia ni participantes aquí?
Antoni Daimiel: Es interesante. Aquí la industria del deporte ha decidido qué importa más y qué menos. Hay deportes que hace 30–40 años se practicaban y se seguían mucho y hoy están casi desaparecidos salvo en algunos pueblos: voleibol, balonmano… Se ha reducido el número de deportes con seguimiento.
Desde España se ha sido bastante proteccionista con lo de fuera: “Eso les gusta a ellos; nosotros somos diferentes”. Ese discurso ha estado siempre.
¿Qué pasó con la NBA? Cuando aparece aquí —no hace tanto—, a partir del 86–87 se ve algo más; luego, en los 90. Todo muy marcado por la máquina de marketing de los 80 y, sobre todo, por los Juegos Olímpicos de Barcelona. La NBA se instala como algo que sentimos “nuestro” porque es el mismo deporte que ya seguimos, y se asimila más fácil.
El fútbol americano ha cogido moda y crece entre los más jóvenes. Me parece que lo que más ha calado es la Super Bowl: la fiesta, el halftime show. Ha servido de reclamo para que chicos y chicas lo sigan.
El béisbol, en cambio, ha sido víctima de tópicos: que si no se entienden las reglas… (y las del fútbol americano tampoco, al principio).
Tim Shea: La diferencia es que los medios lo explicaron con gente que sabía explicarlo.
Antoni Daimiel: Exacto. El béisbol, además, es tradición en EE. UU.
Tim Shea: Pero aquí el español, el mediterráneo, el latino… dicen que son muy nerviosos, muy activos, que no tienen tres horas para esperar y no se saben las reglas. Eso se ha usado en contra del béisbol aquí.
Antoni Daimiel: Creo que ahora la única salida del béisbol en España es que lo expanda la comunidad —cada vez mayor— de latinoamericanos: que lo traigan, aunque sea con muchas dificultades. Yo, por ejemplo, tengo un hijo pequeño y me habría gustado que practicara béisbol, pero en 30 kilómetros alrededor de mi casa no hay nada.
Tienen que ser los latinos: llegan a determinados barrios y ciudades, crean una escuelita, un equipo de veteranos, y que haya gente curiosa en ese pueblo o ciudad que vaya a verlos. Debe ser así, porque quienes mandan en deporte y medios no le van a dar nada al béisbol.
Tim Shea: Yo vi el béisbol anoche —a las cuatro de la mañana—: López, García, hasta un lanzador que se llama Lugo. El porcentaje de latinos en las Grandes Ligas es enorme. Y ahora uno de los mejores —si no el mejor— es japonés.
Está muy internacional. Pero me sorprende —no por los medios— que el tipo de cuerpo en España es más adecuado para béisbol que para baloncesto. Los gallegos —“más anchos que altos”— podrían jugar a béisbol.
Siempre me sorprendió que no llegara. Quizá tuvo que ver con la guerra: venían americanos a jugar baloncesto y empezaban por campos de béisbol. Y aquí hay espacio verde de sobra para jugar. En fin, es cosa mía; me gustaría ver más.
Y me da curiosidad, porque sé que te gusta el béisbol y lo conoces —por historia de familia y todo.
Oficio, evolución y marca personal
Tim Shea: Vamos con la siguiente, que tiene dos partes. Tú y yo hemos trabajado en esto muchos años, pero en lados distintos del camino. Mientras mi lado era más activo, el tuyo era más descriptivo. Con los años te he visto meterte en el deporte y convertir ese rol en algo muy proactivo. ¿Eres consciente de haberlo logrado?
Antoni Daimiel: Soy bastante modesto sobre mi papel. Siempre intenté —viéndome desde fuera— hacer profesionalmente lo que me tocaba. Fueron cambiando los tonos y los formatos.
Apareció YouTube; la gente joven pedía otros estilos. Y obviamente no soy el mismo ahora que hace 30 años, cuando empecé a comentar NBA. Pero entonces también me adapté a la coyuntura.
Yo no era nadie: un periodista de 25 años al que nadie conocía, menos aún en el baloncesto. No había sido jugador famoso ni entrenador… y, de repente, me ponen al lado de Andrés Montes, un tsunami del micrófono.
Tenía que adaptarme a Andrés y, a la vez, justificar que yo estuviera ahí. Además, era NBA y solo podía verse en Canal+. Busqué mis caminos: contar las cosas como era yo, pero ajustándome a Andrés en los tiempos muertos; llevar la NBA a gente a la que no solo le gustara el baloncesto, popularizarla para que hubiera más aficionados.
Siempre contamos la anécdota: casi no había internet y un chico nos escribió diciendo que veía los partidos de madrugada y un día su madre se levantó a beber agua. “¿Qué estás viendo?”. Escuchó la narración, se sentó un rato con él… y repitió otro día. Una señora a la que la NBA no le interesaba.
Todo lo que no sea fútbol aquí necesita sumar gente nueva. Yo me adapté a eso.
Luego, siempre me he adaptado al narrador (play-by-play). El comentarista debe adaptarse: los hay frenéticos y pasionales; otros, tranquilos; a unos les gusta hablar de una cosa, a otros de otra. Yo me adapto, pensando siempre en quien escucha y en aportarles algo con mis conocimientos.
En YouTube pude permitirme otras licencias. Quien me conocía sabía que parezco serio y tranquilo, pero tengo sentido del humor. En los últimos años lo he sacado más, porque el contexto lo pedía.
Y siento el cariño y el respeto de la gente. Me dicen —y me satisface— que me ven natural: se me ve y oye como soy, sin fingir un personaje. Te puede gustar o no, pero ésa es mi marca. Y me ha ido bien.
Hall of Fame del baloncesto español
Tim Shea: En 2024 entraste en el Hall of Fame del baloncesto español. Un reconocimiento especial para alguien que lo ha contado desde fuera de la pista. ¿Qué significó para ti?
Antoni Daimiel: Para mí fue un exceso (sonríe). Lo sentí con agradecimiento, pero pensé… Yo vivo el baloncesto español desde finales de los 70 —de niño—: leía, veía la tele. Tengo idealizados los 80: la liga me parecía fantástica.
Cuando era Primera División, antes de la ACB, y luego en los primeros años ACB, como adolescente me encantaba seguirla. Pero yo también me aficioné gracias a periodistas. Creo que me he adelantado: el comité me ha puesto antes de lo que me correspondía. Hay periodistas a los que seguí que merecen estar y seguramente entren pronto.
Muy agradecido. No sé si me corresponde; si me corresponde, he entrado antes de tiempo, pero muy contento. Es de las cosas que más me enorgullecen en mi vida profesional. Gracias a la Federación Española y a todos los que lo hicieron posible.
Compartí allí con gente a la que veía en los 80: jugadores como Wayne Brabender, uno de mis primeros ídolos. Recuerdo una revista con Brabender y la camiseta Track reversible, con el gesto del tiro. Yo quería tirar como Wayne. Convencí a mis padres —vivíamos en Valladolid— para buscar en Madrid la Track reversible negra y amarilla. Poca gente la tenía allí.
Estaba Wayne, Moncho Monsalve… mucha gente de ese baloncesto que me atrapó en los 80.
Retransmisiones que no se olvidan
Tim Shea: Has narrado Finales, All-Star, partidos históricos. ¿Hay alguna retransmisión que guardes con especial cariño o recuerdes como ayer?
Antoni Daimiel:
Sí. A veces no es el partido más importante, pero se te queda. Mi primer año como comentarista fue 1995–96, el del 72–10 de los Chicago Bulls. Me compré en el downtown de Chicago una camiseta con el 72–10. Entonces lo viví como algo impactante: sentía que estaba metido en algo histórico. Pensaba que quizá era por ser joven y estar empezando. Mi primer viaje fue a San Antonio, al All-Star en el Alamodome —cerraban para 60–70 mil personas—. El All-Star, que en general no me ha gustado como evento para narrar, cuando vas al primero es tremendo: todas las estrellas juntas; pasé al lado de todas, podía tocarlas; el ambiente… me encantó.
Y luego las Finales de aquellos Bulls. En 2020 sale The Last Dance y piensas: “era verdad, aquello fue histórico”. Se centra en los títulos del 96, 97 y 98; ahí estaba yo. Inolvidable Salt Lake City, ese ambiente. El público odiaba a los Bulls… y a los Lakers también (aunque ni estuvieran). Aquel equipo era buenísimo, Jerry Sloan… increíble.
Después disfruté, de otra manera, la cultura Spurs. Me fascinó la transformación de Popovich: cómo desde el éxito puedes cambiar y mejorar. Aquí siempre lo comparo con Scariolo. Se lo dije: “¿No te ves en algo parecido? Ganas, te reconocen, y aún así mejoras: táctica, estrategia y también en las relaciones con jugadores, club, prensa…”.
Y luego los Warriors: una filosofía revitalizante para la NBA. Lo disfruté muchísimo. Cambió cosas.
También aprendí con LeBron James. Empecé a leer de él en high school, portada de Sports Illustrated, quería verlo. Había hype enorme. Llega a la NBA y, siendo muy bueno, a mí no me llenaba. Me emocionaban más otros perfiles.
Recuerdo, a los 3–4 años ya en la liga, un partido que no estaba comentando: en casa, en directo, a las 3–4 de la mañana, solo en el sofá. Aún en Cleveland (primera etapa), jugando en Detroit, playoffs, quinto partido —creo—. Gana Cleveland y él mete 25 de los últimos 27 puntos de su equipo (con prórroga).
La tensión era tremenda: playoffs, Detroit durísimo. Ahí pensé (2006–07): “Nunca más voy a dudar de LeBron James. Nunca más. Nadie me verá enfrente de LeBron.”
Tim Shea: Tú creciste con Michael Jordan y, claro, después todo parece otro mundo. Yo crecí con Jerry West, Willis Reed, Walt Frazier… Luego llega Michael y lo cambia todo. Oscar Robertson era a quien yo imitaba.
El cuestionario de Tim Shea
1. ¿El mejor sándwich?
— Ahora no debería comerlo, pero… Philly cheesesteak (de Filadelfia, comprado allí).
2. ¿Qué tienes en casa que realmente deberías tirar?
— Muchísimas cosas. Papeles de los 90 de mis trabajos… No los voy a revisar y a mi hijo no le interesarán. Debería tirarlos —quemarlos.
3. ¿El animal más aterrador?
— Hipopótamo y elefante: parecen animales “para niños”, pero acaban con muchas vidas humanas.
4. ¿Manzana o naranja?
— Manzana. Me gusta lavarla y comerla con piel.
5. ¿Has pedido algún autógrafo?
— Sí, a Isiah Thomas. Le pedí foto y firma. Me puso muy mala cara —como que me quería matar—, pero no dijo que no; dijo “rápido”. En la foto sale sonriendo.
6. ¿Película de acción favorita?
— Arma letal (la primera).
7. ¿Olor favorito?
— Jazmín.
8. ¿Olor menos favorito?
— El de un ascensor.
9. ¿Merece la pena hacer ejercicio?
— Sí, claro, adaptado a tu edad y condición.
10. ¿Con o sin gas?
— Sin.
11. ¿Aplicación que más usas en el móvil?
— Entro mucho en Twitter y en Instagram más de lo que debería.
12. ¿Una canción para escuchar el resto de tu vida?
— “Óleo de mujer con sombrero”, de Silvio Rodríguez.
13. Describe el resto de tu vida en cinco palabras.
— Tranquilidad, amigos, vivir con mi hijo todo lo que él viva y tratar de ser feliz.
— ¿Decirlo en cinco palabras? Es difícil (ríe).
Cierre
Tim Shea: ¡Antoni! —lo diré mejor que Andrés Montes—: siempre es un placer hablar contigo, macho.
Antoni Daimiel: Igualmente. A ver si nos vemos y te vienes desde Galicia. Tengo que ir por allí.
Tim Shea: Y disfrutarlo. Gracias para Piratas, muchas gracias. Espero que todo vaya bien. Y ojalá te escuche pronto en algún sitio, pero no en fútbol. Hagamos algo de béisbol: busquemos formatos para explicarlo; tú podrías comentar.
Tómate cinco minutos esta tarde y mira el Boston–New York de anoche: 15 minutos en YouTube. Te va a encantar.
Antoni Daimiel: Lo veré, te lo prometo. Gracias a ti, Tim. Siempre un placer hablar contigo. Y os sigo a Piratas del Basket toda la temporada. Un abrazo fuerte.