Boston resiste el asalto final de Nueva York y se cobra la revancha con un Brown desatado, 117-123
En el TD Garden se respiró aroma de cuentas pendientes. Boston y Nueva York volvieron a cruzarse meses después de aquella semifinal del Este, y el desenlace volvió a exigir temple. Jaylen Brown asumió la noche como un desafío personal: firmó su tope de curso con 42 puntos y remató el partido con una volcada en transición que cerró definitivamente un 123-117 cargado de tensión.
Los Celtics encontraron respuestas colectivas cuando hizo falta. Derrick White apareció en los momentos calientes, con siete de sus 22 puntos llegando en los últimos cuatro minutos, justo cuando el pulso se inclinaba y Nueva York amenazaba con dinamitarlo todo. También hubo minutos valiosos desde la profundidad del banquillo: Jordan Walsh empujó en la recta final con seis puntos y cinco rebotes en el último cuarto, aportando músculo y segundas oportunidades.
Nueva York viajó a Boston en plena forma, con cuatro victorias consecutivas detrás y un Mikal Bridges que alimentó la ilusión. El alero fue un martirio en el tramo final: 17 de sus 35 puntos cayeron en el último cuarto, coronados con un 8/12 desde el perímetro que sostuvo a los Knicks en una ofensiva incansable. Karl-Anthony Towns acompañó con 29 puntos, manteniendo a su equipo dentro del partido pese a la montaña que proponía Boston.
El encuentro arrancó golpeando el orgullo local. Los Knicks pisaron fuerte desde el salto inicial y se abrieron con un 17-4 que puso al público a murmurar. Llegaron a mandar 39-25 antes de que Boston encontrara el resorte competitivo: un parcial de 12-0 reactivó al Garden, y poco después una secuencia de siete puntos volvió a estrecharlo todo hasta que una volcada de Brown colocó por delante a los verdes (47-46) e hizo estallar el pabellón. El escolta firmó 18 puntos en el segundo cuarto y otros 15 en el tercero, alimentando una ventaja que acabó creciendo hasta +18 al cierre del tercer periodo.
Pero Nueva York no se marchó. Con 102-87 y ocho minutos por jugarse, Bridges prendió la mecha: un triple, tres tiros libres y otro lanzamiento exterior comprimieron el marcador hasta el 102-99 tras un 12-0 que devolvió el suspense de playoff. Entonces Boston necesitó frialdad. Tras el tiempo muerto, Josh Minott clavó un triple que frenó el impulso visitante y Walsh castigó con dos rebotes ofensivos consecutivos, ampliando la renta hasta los ocho. Bridges volvió a situar a Nueva York a cuatro (quedaban 46 segundos), pero el triple para ponerse a uno se le escapó. Ahí murió el intento de remontada.
Para Boston, la victoria supone cuatro triunfos en sus últimos cinco partidos, todos ante equipos de la zona noble del Este. Para los Knicks, queda el lamento de una reacción heroica que no alcanzó a voltear la historia. En el Garden, en cambio, la sensación fue la de un ajuste de cuentas saldado.