La noche en el Scotiabank Arena terminó convertida en una demostración de autoridad de Jalen Brunson, que firmó 35 puntos y comandó un triunfo que quedará marcado en la corta historia del torneo: 117-101 para unos New York Knicks que, al tercer intento, por fin se abren paso hasta las semifinales de la NBA Cup.
Brunson estableció el tono desde el principio con una primera mitad descomunal —26 puntos antes del descanso, su cifra más alta en cualquier mitad esta temporada—, y desde ahí Nueva York jugó con una solidez que Toronto nunca llegó a igualar. A su lado, Josh Hart sumó 21 puntos, mientras que Karl-Anthony Towns, de vuelta tras perderse el duelo previo ante Orlando por molestias en el gemelo izquierdo, aportó un doble-doble de 14 puntos y 16 rebotes que sostuvo a los Knicks en los tramos más físicos del partido. Mikal Bridges añadió 15 puntos, y OG Anunoby, enfrentándose a su antiguo equipo, cerró su actuación con 13.
Para los Knicks, que habían alcanzado los cuartos de final en las tres ediciones del torneo pero habían caído por un total de 32 puntos en esos dos precedentes, este triunfo supone por fin el salto que les faltaba. Su récord histórico en la competición, 11-4, habla de continuidad; la clasificación a Las Vegas, ahora, suma ambición. El sábado les espera Orlando, que unas horas antes había eliminado a Miami.
Toronto, en cambio, atraviesa una espiral opuesta. Brandon Ingram brilló individualmente con 31 puntos (17 de ellos en un primer cuarto donde sostuvo a los suyos casi en solitario) y Jamal Shead firmó la mejor anotación de su carrera con 18, pero el equipo se deshizo al entrar en el segundo periodo. Tras el buen inicio, los Raptors se encontraron con un muro: fallaron 13 de sus primeros 15 tiros del cuarto y terminaron con un pobre 5 de 21 en ese tramo, castigados con un parcial demoledor de 34-13 que volteó definitivamente el partido. Al descanso, el marcador ya reflejaba la realidad: 69-52 para Nueva York.
El resto del reparto ofensivo local quedó en manos de Scottie Barnes y Ja’Kobe Walter, ambos con 13 puntos, y Jakob Poeltl, que aportó 10. Pero la plantilla llegaba mermada: no pudieron contar ni con Immanuel Quickley (baja por enfermedad) ni con RJ Barrett, ausente por noveno partido consecutivo debido a un esguince en la rodilla derecha.
El contraste con la fase de grupos no podía ser mayor. Toronto había avanzado invicto, parte de una racha de 13-1, pero desde entonces acumula un preocupante 1-6 que resume el desplome. Ante un rival tan preciso como Nueva York, ese bache se hizo aún más evidente.
El premio para los Knicks es histórico: primeras semifinales, un billete a Las Vegas y la sensación de que su núcleo —con Brunson al frente— está preparado para algo más que dar continuidad a buenos registros.