Casademont Zaragoza resiste sin pívots y doblega al Gran Canaria (95-84) en su noche más sólida del curso
Con la pintura en cuadro y un solo ‘5’ disponible, Casademont Zaragoza firmó su actuación más completa del curso para imponerse a Dreamland Gran Canaria (95-84). Defensa, rebote y temple para sellar la sexta victoria en Liga Endesa, dar un salto anímico y encarar con mejores sensaciones la visita a Valencia Basket.
El contexto invitaba al pesimismo. Las bajas interiores —Christ Koumadje, Bojan Dubljevic y Sadik Kabaca— dejaban a Joel Soriano como único pívot puro. Pero el Casademont convirtió la escasez en carácter: 35 rebotes (nueve más que su rival), un 8/20 en triples y una solidez sostenida durante cuarenta minutos explican una victoria que pesa más por el cómo que por el marcador.
El inicio fue espeso. Con Devin Robinson como ‘5’ improvisado, al equipo le costó carburar y el Gran Canaria golpeó primero apoyándose en Kuath cerca del aro y la amenaza exterior de Wong (2-6). La respuesta llegó elevando el listón atrás: más manos activas, más ayudas y paciencia para sobrevivir a un ataque aún atascado.
La entrada de Soriano cambió el paisaje. El dominicano empezó a mandar en los tableros y, junto a un 2+1 de Joaquín Rodríguez, volteó la inercia hasta el 18-14. Un breve fogonazo de Labeyrie devolvió la ventaja visitante al cierre del primer acto (18-19), con ambos equipos erráticos desde el perímetro.
El segundo cuarto abrió una rendija. Dos triples consecutivos de Spissu dieron aire y DJ Stephens añadió puntos para forzar el tiempo muerto de Lakovic (31-25). El parón activó a Braian Angola, que enlazó siete puntos para devolver el equilibrio (31-32). A partir de ahí, intercambio constante: respuestas inmediatas, ventajas mínimas y un marcador que avanzaba sin dueño claro hasta el 43-41 del descanso, ya con mejores porcentajes desde fuera en ese tramo.
A la vuelta, el Casademont encontró por fin continuidad. Stephens volvió a castigar desde el triple y, pese al intercambio inicial con Brussino, Joaquín y Miguel detectaron carril para abrir el primer hueco serio (56-46). No fue un arreón aislado: Robinson encadenó seis puntos y estiró la renta al 64-52, mientras el equipo sostenía el control con criterio y energía. El 70-57 del final del tercer cuarto reflejaba el mejor periodo rojillo del curso.
El último cuarto trajo el único sobresalto. El Gran Canaria apretó con Pelos y un Albicy eléctrico, recortando paso a paso. Entonces apareció el golpe oportuno: triple de Spissu para frenar la marea, Soriano levantando un muro en la pintura y vuelta al +11 (82-71). Con el tiempo jugando a favor, Yusta sumó puntos, Bell-Haynes puso velocidad y el Príncipe Felipe empezó a celebrar antes del bocinazo. El 93-80 fue sentencia; el 95-84, confirmación.
Más allá del resultado, el Casademont dejó un mensaje: cuando el margen es mínimo, la respuesta puede ser máxima. Rebote, defensa y una lectura madura de los momentos calientes para instalarse en la zona templada de la tabla y viajar a Valencia con la autoestima reforzada.