El United Center vivió una de esas noches que reafirman por qué el baloncesto puede ser pura épica. Los Chicago Bulls resurgieron de entre las ruinas tras ir perdiendo por 24 puntos para imponerse finalmente a los Philadelphia 76ers (113-111), en un duelo que combinó historia, dramatismo y liderazgo.
El punto de inflexión tuvo nombre propio: Josh Giddey. El base australiano firmó un triple-doble monumental (29 puntos, 15 rebotes y 12 asistencias) y se convirtió en el primer jugador de los Bulls en encadenar dos consecutivos desde Michael Jordan en 1989. Su visión de juego fue el faro que guió la remontada y su última asistencia, la chispa que encendió el delirio.
Con el tiempo en contra y el marcador 110-111, Giddey penetró con decisión y descargó el balón a la esquina. Allí esperaba Nikola Vučević, que no dudó: triple limpio a falta de 3,2 segundos para culminar la remontada. El intento final de Quentin Grimes desde el perímetro se marchó desviado y Chicago estalló en euforia.
Vučević cerró su noche con 19 puntos y 10 rebotes, mientras que Isaac Okoro añadió 16 tantos. Pero el mérito colectivo fue mayor: tras un inicio desastroso —45 puntos encajados en el primer cuarto—, los Bulls transformaron su defensa y solo permitieron 16 puntos a los Sixers en el último, una demostración de carácter y ajuste táctico.
Philadelphia, dominante en la primera mitad, se vio desbordada por el cambio de ritmo rival. Tyrese Maxey sostuvo al equipo con una actuación descomunal (39 puntos, 6 triples en 10 intentos), acompañado por Joel Embiid (20) y Kelly Oubre Jr. (18). El novato VJ Edgecombe firmó un meritorio doble-doble (12 puntos, 11 rebotes) en una noche que se les escapó entre los dedos.
Chicago avanza a 6-1 y reafirma su condición de sorpresa positiva en este inicio de temporada, mientras que Philadelphia cae a 5-2 tras dejar escapar una ventaja que parecía definitiva.