Cuando los Golden State Warriors lo dominaron todo (III) [Años 2019 y 2022]
©

Cuando los Golden State Warriors lo dominaron todo (III) [Años 2019 y 2022]

Pocas franquicias han transformado el baloncesto como lo hicieron los Golden State Warriors. Su irrupción no solo alteró la jerarquía competitiva de la liga; reinventó el juego desde sus cimientos. Con Stephen Curry como motor de una revolución basada en el triple, el ritmo vertiginoso y el movimiento sin balón, los Warriors dominaron una era con cinco Finales consecutivas entre 2015 y 2019, conquistando tres anillos y elevando la eficiencia ofensiva a niveles jamás vistos. Pero su historia no terminó ahí. Tras dos años de oscuridad y lesiones, regresaron a la cima en 2022 con un nuevo título que consagró el legado de su núcleo histórico —Curry, Thompson, Green y Kerr— y confirmó que su impacto va más allá de los campeonatos: cambiaron para siempre la forma en que se juega y se entiende la NBA

2019: La conquista del norte: Toronto hace historia en el ocaso de la dinastía Warriors

En unas Finales marcadas por las lesiones, el drama y la aparición de un antihéroe convertido en leyenda, los Toronto Raptors firmaron la mayor gesta de su historia al conquistar su primer campeonato de la NBA. Lo hicieron derrotando a los todopoderosos Golden State Warriors (4-2), dinastía de referencia de la última década, y lo hicieron en su casa, en el último partido disputado en el Oracle Arena. Fue la culminación de una temporada audaz y una apuesta sin red: la llegada de Kawhi Leonard, el liderazgo sereno de Kyle Lowry y el despliegue de una plantilla profunda y equilibrada que supo golpear donde más dolía.

El Game 1 ya dejó entrever que Toronto no venía a participar, sino a dominar. Con Kawhi Leonard marcando el tempo y Pascal Siakam firmando 32 puntos en la mejor actuación de su carrera, los Raptors se impusieron 118-109. El Scotiabank Arena rugía como nunca y la defensa canadiense colapsaba el ataque de Golden State, forzando pérdidas y desactivando los automatismos del sistema de Kerr.

En el segundo partido, los Warriors reaccionaron. Stephen Curry anotó 23 puntos, Klay Thompson sumó otros 25 antes de lesionarse, y Draymond Green rozó el triple-doble. Golden State se llevó la victoria por 109-104 pese a un nuevo esfuerzo de Kawhi Leonard (34+14), y la serie viajó a Oakland con el empate.

Pero fue en el tercer partido donde Toronto mostró su autoridad. Sin Durant, sin Thompson y con Curry desatado (47 puntos), los Raptors resistieron y respondieron con una actuación coral: tres jugadores por encima de los 20 puntos y un dominio constante desde el segundo cuarto para vencer 123-109. El Game 4 repitió patrón: Kawhi se mostró imperial (36 puntos y 12 rebotes), la defensa ajustó sobre Curry, y Toronto volvió a golpear (105-92), colocándose 3-1 con dos balas en la recámara.

Golden State evitó la caída en el Game 5. Fue un partido trágico para ambos lados: Kevin Durant regresó... y cayó lesionado de gravedad en el tendón de Aquiles tras apenas 12 minutos. Aun así, los Warriors, con Thompson y Curry combinando 57 puntos, lograron una victoria agónica (106-105) gracias a un triple clave de Klay y una defensa final sobre Kyle Lowry. Pero el precio fue altísimo.

El sexto partido, último de la serie, fue una montaña rusa emocional. Klay Thompson se rompió el ligamento cruzado anterior tras anotar 30 puntos en tres cuartos, dejando a los Warriors al borde del colapso. Aun así, peleaban. Pero Toronto resistió con firmeza: Lowry y Siakam firmaron 26 puntos cada uno, VanVleet anotó triples decisivos, y Leonard cerró con frialdad desde la línea. El marcador final (114-110) certificó el primer anillo para Canadá y la caída —digna, valiente, pero inevitable— de una dinastía herida.



Kawhi Leonard fue nombrado MVP de las Finales, con unos promedios de 28.5 puntos, 9.8 rebotes y 4.2 asistencias, además de 2 robos y una defensa asfixiante sobre todos los exteriores de los Warriors. Su presencia fue dominante: lideró en silencios, con la pausa de quien ya había estado allí antes, y sentenció con la eficiencia de un asesino calculador. Pero no estuvo solo. Siakam promedió 19.8 puntos con un 50.5% en tiros, Lowry aportó 16.2 puntos y 7.2 asistencias por noche, y VanVleet se convirtió en el factor X saliendo del banquillo, con 14.0 puntos y 16 triples en la serie.

Toronto fue superior en ejecución: 114.9 puntos por 100 posesiones, 52.6% de eFG, 11.8% en pérdidas y 27.1% de FT/FGA, números que revelan una ofensiva eficiente y balanceada. Golden State, por su parte, acusó las ausencias y la fatiga: Curry promedió 30.5 puntos pero con un 41.4% en tiros, y Draymond Green rozó el triple-doble (12.5-10.8-9.3), aunque acumuló 30 pérdidas en seis partidos. La defensa colectiva y el banquillo no pudieron mantener el mismo nivel ante un rival más profundo.

El anillo de Toronto fue también el de Masai Ujiri, que arriesgó con el traspaso de DeRozan por Leonard. Fue el de Nick Nurse, entrenador debutante que manejó los tempos como un veterano. Y fue el de un país entero, que por fin celebró su propio título en la liga estadounidense.

Las Finales de 2019 pusieron fin al reinado de Golden State tal y como lo conocíamos, y abrieron una nueva era en la que el control absoluto ya no era garantía de victoria. La NBA había cambiado. Y Toronto, desde el frío norte, firmó una de las gestas más improbables —y merecidas— de su historia.



2022: Stephen Curry, el anillo que lo consagra todo: los Warriors doblegan a Boston y recuperan su dinastía

Tres años después de tocar fondo, con un equipo roto por las lesiones y fuera incluso de los playoffs, los Golden State Warriors volvieron a lo más alto del baloncesto mundial. Lo hicieron a su manera: con movimiento de balón, ritmo, defensa colectiva y, por encima de todo, con un Stephen Curry en plenitud. La victoria por 4-2 sobre los Boston Celtics en las Finales de 2022 no solo selló el cuarto campeonato en ocho años para la franquicia, sino que también sirvió para cerrar el último expediente pendiente de la carrera de su gran estrella: el MVP de las Finales.

La serie comenzó en San Francisco con un aviso inesperado. Los Celtics, liderados por un Jayson Tatum más generador que ejecutor, remontaron 12 puntos en el último cuarto del primer partido y asaltaron el Chase Center con un demoledor parcial de 40-16 para imponerse 120-108. Fue un golpe que sacudió los cimientos, pero no la confianza de Golden State.

En el segundo partido, los Warriors respondieron con dureza. Curry volvió a liderar el ataque con 29 puntos y la defensa subió varios escalones. Boston apenas anotó 88 puntos, Tatum se quedó sin ayuda, y el empate en la serie estaba servido.

La eliminatoria se trasladó al TD Garden para dos partidos clave, y el tercero volvió a poner por delante a los Celtics. Con 26 puntos de Brown y 27 de Tatum, Boston ganó 116-100 y parecía haber recuperado el control. Pero entonces llegó el punto de inflexión de la serie: el Juego 4.

En una de las mejores actuaciones de su carrera, Stephen Curry anotó 43 puntos con 7 triples, 10 rebotes y 4 asistencias, y lideró a los Warriors a una victoria 107-97 en territorio hostil. Fue un despliegue ofensivo y emocional que giró la balanza de manera definitiva. Aquel partido no solo empató la serie: dejó claro quién tenía la iniciativa.



El quinto encuentro sirvió para consolidar ese golpe. Aunque Curry vivió su peor noche en el tiro (0/9 en triples), Andrew Wiggins emergió como la figura silenciosa pero fundamental: 26 puntos, 13 rebotes, defensa sobre Tatum y dominio absoluto en el rebote. Golden State venció 104-94 y se puso a un paso del título.

El Game 6 fue el final perfecto para la película. Curry se redimió con 34 puntos, volvió a castigar desde el perímetro, y los Warriors sentenciaron con un sólido 103-90 en Boston. Draymond Green rozó el triple-doble (12 puntos, 12 rebotes, 8 asistencias), y Wiggins cerró la serie con otra actuación impecable. En cuanto sonó la bocina, Curry rompió en lágrimas. El título era suyo. El legado, también.

A nivel estadístico, Golden State fue más eficiente en ambos lados del campo. Anotó 110.0 puntos por 100 posesiones, con un eFG del 53.3% y un bajo porcentaje de pérdidas (12.9%). Boston, en cambio, se hundió ofensivamente: 100.8 puntos por 100 posesiones, 15.6% de TOV y solo un 52.2% de eFG pese a su dominio en el rebote ofensivo (23.3%).

Curry fue el rey indiscutible: 31.2 puntos, 6.0 rebotes, 5.0 asistencias, 2.0 robos y un 43.7% en triples. A su lado, Wiggins (18.3 puntos y 8.8 rebotes) fue el escudero ideal, y Klay Thompson (17.0) firmó una redención completa tras dos años de lesiones. Jordan Poole (13.2), Draymond Green (6.2 puntos, 8.0 rebotes, 6.2 asistencias) y la segunda unidad (con Porter, Payton y Looney como piezas claves) completaron un engranaje perfecto.

En Boston, el dúo Brown-Tatum brilló en fases pero no fue suficiente. Jaylen Brown fue el más constante: 23.5 puntos y 7.3 rebotes por partido, mientras que Tatum firmó un global de 21.5 puntos y 6.8 rebotes, pero con un 36.7% en tiros y 23 pérdidas en seis partidos. El equipo de Ime Udoka defendió con rigor, pero no pudo sostener su ataque ante la presión defensiva de Golden State y la falta de experiencia en momentos clave.

Las Finales de 2022 cerraron así un ciclo de reconstrucción exprés para Golden State, que pasó de tener el peor récord de la NBA en 2020 a volver a levantar el trofeo Larry O’Brien dos años después. Lo hicieron con el mismo núcleo de siempre —Curry, Klay, Draymond, Kerr— pero con nuevos complementos que les devolvieron la frescura. Y, sobre todo, con un líder que ya no necesita ningún adjetivo más: Stephen Curry, el campeón total.



Los Golden State Warriors no fueron simplemente un equipo ganador. Fueron una idea revolucionaria convertida en realidad, una sinfonía ofensiva dirigida por la muñeca de Stephen Curry, la mente de Draymond Green y la elegancia letal de Klay Thompson. Su dominio no se midió solo en anillos —cuatro en ocho años—, sino en influencia: desde los patios escolares hasta los sistemas tácticos más complejos, su forma de jugar se convirtió en un nuevo evangelio del baloncesto moderno. Y aunque el tiempo erosiona todas las dinastías, su huella permanece intacta. Porque hay equipos que ganan... y otros que cambian el juego para siempre. Los Warriors hicieron ambas cosas.