Draymond Green continuará en Golden State Warriors. Después de renunciar a su opción de jugador mientras la franquicia intentaba entrar en la carrera por LeBron James, el interior ha terminado firmando un nuevo contrato por una temporada y 27,7 millones de dólares, la misma cantidad que había dejado inicialmente en el aire.
El movimiento cierra una situación extraña. Green había esperado a que se resolviera el futuro de LeBron, con la idea de facilitar margen de maniobra a los Warriors si existía una posibilidad real de juntar al jugador de los Lakers con Stephen Curry en San Francisco. Pero LeBron eligió finalmente a Philadelphia 76ers y Golden State tuvo que recolocar su propio tablero.
Ahí aparece la decisión de Mike Dunleavy Jr.: devolver a Draymond el dinero al que había renunciado. Un gesto de confianza, sí, pero también una forma de mantener en pie lo que queda del núcleo histórico de la dinastía.
Green afrontará así su 15ª temporada con los Warriors, siempre bajo el mando de Steve Kerr y junto a Curry, el jugador que mejor ha entendido sus virtudes durante toda su carrera. Su defensa, lectura, carácter y capacidad para ordenar desde la posición de interior siguen teniendo valor dentro del sistema de Golden State.
La duda es cuánto pesa ya todo lo demás. Los Warriors vienen de quedarse fuera de los playoffs y el proyecto parece cada vez más cerca del final de ciclo. La continuidad de Green mantiene identidad, pero no cambia por sí sola el techo competitivo de una plantilla que necesita más energía, más fiabilidad y menos nostalgia.
Golden State conserva a uno de sus grandes símbolos. Ahora falta saber si eso sirve para competir o simplemente para alargar una historia que ya no tiene la fuerza de otros años.