El FC Barcelona sacó adelante un compromiso incómodo frente a un Bàsquet Girona que no dejó de incomodar hasta el último segundo. Las ausencias de Kevin Punter y Tomas Satoransky obligaron a los azulgrana a reformular su rotación y a convivir con la incertidumbre durante buena parte del encuentro, resuelto finalmente por detalles y por el talento individual en los momentos decisivos.
El partido arrancó con un Barça agresivo y decidido, liderado por un Will Clyburn que asumió responsabilidades desde el primer ataque. El alero estadounidense marcó el tono con una puesta en escena dominante, sumando con facilidad desde el perímetro y castigando cada desajuste defensivo del Girona. Su impacto inicial permitió abrir una brecha rápida que llegó a los quince puntos, dando sensación de control en un primer cuarto de alto ritmo ofensivo.
Sin embargo, el conjunto gerundense no se descompuso. Un triple de Martinas Geben y una última acción bien ejecutada antes del cierre del primer parcial redujeron el golpe y mantuvieron al Girona conectado al partido (32-22). A partir de ahí, el duelo entró en una fase más equilibrada. El intercambio de canastas marcó el segundo cuarto, con el Girona encontrando puntos a través de Mark Hughes y Maxi Fjellerup para acercarse tímidamente en el marcador. Pese a ello, el Barça supo gestionar ese tramo sin perder la iniciativa y alcanzó el descanso con una renta de doce puntos (52-40).
Tras el paso por vestuarios, el partido cambió de tono. El Girona, sin presión y fiel a su identidad, elevó la intensidad y comenzó a castigar los errores locales. Martinas Geben ganó protagonismo en la pintura, Pep Busquets mantuvo una línea constante de producción y varias pérdidas del Barça reactivaron el encuentro. La diferencia se redujo progresivamente hasta situarse en solo cuatro puntos, dejando el choque completamente abierto al final del tercer cuarto (72-67).
El último periodo fue un ejercicio de resistencia para los azulgrana. Nuevas pérdidas y el empuje constante del Girona llevaron el partido al límite, con el marcador apretado a falta de pocos minutos (79-76). En ese contexto apareció Darío Brizuela, decisivo en el tramo final con dos triples y una penetración que dieron aire a un Barça exigido hasta el último segundo. Girona no bajó el ritmo ni la presión, pero ya no pudo culminar la remontada.
El 97-92 final reflejó un triunfo trabajado, sin brillo excesivo, para un Barça condicionado por las bajas y sostenido por el talento de Clyburn y Brizuela, ante un Bàsquet Girona valiente, competitivo y persistente, que llevó el partido a un desenlace de máxima tensión.