El Valencia Basket frena el sueño del Unicaja en la Supercopa, 87-93
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El Valencia Basket frena el sueño del Unicaja en la Supercopa, 87-93

El Unicaja no pudo escapar a la ya célebre maldición del anfitrión en la Supercopa Endesa. Por vigésima primera ocasión consecutiva, el equipo de la ciudad organizadora se queda sin levantar el trofeo. Esta vez, el verdugo fue el Valencia Basket, que se impuso en el Martín Carpena por 87-93 en una semifinal de ritmo eléctrico y resuelta en el tramo decisivo con un Omari Moore letal (20 puntos, 10 de ellos en el último cuarto).

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El conjunto de Ibon Navarro arrancó con la fuerza de quien juega en casa. Con David Kravish como referencia ofensiva y un acierto que marcaba diferencias, los malagueños firmaron un inicio convincente que les permitió abrir la primera brecha seria del choque: once puntos de ventaja en el arranque del segundo acto (29-18).

Pero el Valencia, lejos de descomponerse, fue limando la distancia con paciencia. La producción exterior de Matt Costello acercó a los taronja (36-34), y poco después Darius Thompson culminaba la remontada con un triple frontal que les colocaba por delante (38-39). El guion ya anunciaba que la noche sería larga.

Tras un intercambio continuo de golpes en el tercer cuarto —hasta quince alternancias en el marcador—, la acción que marcó un punto de inflexión llegó sobre la bocina: un triple lejano de Ike Iroegbu que puso el 71-73 y que dolió más allá del valor de los tres puntos.


El golpe anímico fue evidente. El Unicaja perdió frescura y el Valencia lo olió de inmediato. Dos canastas rápidas de Moore dispararon la diferencia hasta el 71-77, una renta que, en un duelo tan igualado, parecía un muro infranqueable.

El esfuerzo de Barreiro y Kalinoski mantuvo vivo al equipo malagueño, pero el Valencia supo manejar los tiempos en un desenlace en el que no le tembló el pulso. El regreso a pista de Moore y Kameron Taylor reforzó aún más la consistencia visitante, y en los instantes finales emergió Sergio de Larrea, apenas 19 años pero temple de veterano, para sentenciar con autoridad.

El Carpena se rindió a la evidencia: la maldición del anfitrión seguirá vigente un año más, y el Valencia Basket luchará por un nuevo título tras sobrevivir a un escenario tan hostil como apasionante.