Lucas Langarita pone punto final a su etapa en el Casademont Zaragoza. El escolta aragonés continuará su desarrollo deportivo en el baloncesto universitario estadounidense, tal y como confirmó el propio club en un comunicado oficial. Una decisión meditada que responde a la voluntad del jugador de vivir la experiencia americana y abrir un nuevo capítulo en su formación, lejos de casa.
Langarita, que estaba compitiendo esta temporada en la Liga U con el conjunto maño, deja Zaragoza tras alcanzar un acuerdo de rescisión contractual con la entidad. Eso sí, el club mantiene sus derechos ACB, una fórmula habitual que permite preservar el vínculo deportivo de cara al futuro.
En lo estrictamente deportivo, el escolta de 20 años y 1,97 metros estaba firmando unos números sólidos en la Liga U: 16,3 puntos, 3,1 rebotes y 3,4 asistencias por partido, cifras que reflejan su peso ofensivo y su crecimiento como jugador exterior completo dentro del proyecto formativo del club.
Más allá de los datos, la despedida de Langarita ha tenido un fuerte componente emocional. El canterano quiso dirigirse a la afición zaragozana a través de una carta publicada por el club, en la que repasa su trayectoria desde su llegada siendo “prácticamente un niño” hasta su marcha como un jugador y una persona más madura. En sus palabras, el escolta subraya el aprendizaje adquirido en valores que trascienden la pista: el esfuerzo diario, la constancia, el respeto, el trabajo en equipo y la capacidad de sobreponerse a las derrotas.
Langarita también pone en valor el papel de sus compañeros de vestuario y de los entrenadores que le han acompañado durante estos años, destacando la confianza recibida incluso en los momentos más complejos. Recuerda campeonatos autonómicos, experiencias con selecciones y torneos internacionales como hitos que han marcado su formación, pero sobre todo resalta la “forma de entender este deporte” que se lleva consigo.
En su mensaje no faltan los agradecimientos: al club por apostar por él desde joven y exigirle siempre el máximo, a las personas que trabajan lejos del foco y hacen posible el día a día del jugador, a su familia por el apoyo incondicional y a la Marea Roja, cuyo aliento desde la grada define como algo “muy especial” y difícil de olvidar.
La carta se cierra con una idea que deja la puerta abierta al futuro: Zaragoza como casa y la posibilidad de que los caminos vuelvan a cruzarse. Langarita inicia ahora su aventura estadounidense con el bagaje de años de formación en el club de su ciudad y con la mirada puesta en seguir creciendo, dentro y fuera de la pista.