El Emirates NBA Cup 2025 llega a su desenlace con un escenario poco previsible. Ni los actuales campeones de la NBA, ni el líder del Este, ni el defensor del título estarán en la pista. Tras un recorrido por 28 ciudades y un torneo lleno de desvíos, solo New York Knicks y San Antonio Spurs alcanzaron la última noche en Las Vegas, donde uno de los dos se convertirá en el tercer campeón distinto en tres ediciones.
Ambos equipos llegan con temporadas positivas, pero con necesidades diferentes. Para San Antonio, la final es una señal de crecimiento acelerado; para Nueva York, una oportunidad de confirmar que sus aspiraciones van más allá de la ilusión. El premio económico está ahí, pero el verdadero valor es simbólico.
Los Spurs accedieron al partido por el título tras superar a Oklahoma City Thunder, un duelo marcado por el regreso de Victor Wembanyama.
Nueva York vive la final desde otro ángulo. Los Knicks no llegan sorprendidos, sino expectantes. Son un equipo que lleva varias temporadas rozando algo más en playoffs y que se mueve en la frontera entre buen proyecto y verdadero candidato. Esta noche puede empujarles hacia un lado u otro.
El partido se presenta cerrado y cargado de tensión competitiva. No solo por el trofeo, sino por lo que puede dejar a medio plazo. Los Knicks se han asentado como parte de la élite del Este; los Spurs buscan dejar de ser solo una promesa en una temporada que les ha sonreído incluso en los momentos difíciles.
Uno de los grandes focos estará en la pintura. El duelo entre Victor Wembanyama y Karl-Anthony Towns enfrenta a dos de los pocos pívots capaces de asumir un rol ofensivo central en sus equipos. Wembanyama, aún en proceso de construcción ofensiva, ya produjo ante Oklahoma City a un ritmo cercano al punto por minuto y obliga a defenderle lejos del aro con sus 7 pies y 5 pulgadas. Towns, por su parte, castiga desde el perímetro, ataca de cara y viene ofreciendo un rendimiento defensivo notable.
Otro eje decisivo pasa por Jalen Brunson. Su juego insistente, siempre buscando contacto y ventajas mínimas, explica sus 28,8 puntos por partido y su presencia entre los máximos anotadores de la liga. San Antonio, sin embargo, cuenta con alternativas: De’Aaron Fox aporta velocidad y anotación, Stephon Castle ha sido el Spur más influyente en la NBA Cup y Dylan Harper muestra una madurez impropia de un rookie.
Para los Spurs, esta final llega tras una temporada pasada de 34-48 y sin playoffs, condicionada por la ausencia de Wembanyama tras una trombosis venosa profunda. El crecimiento ha sido evidente desde el estreno del curso, cuando superaron con claridad a Dallas, y se sostuvo incluso durante las tres semanas sin su jugador franquicia por una lesión en el gemelo.
Para los Knicks, el contexto es distinto. No ganan un título de la NBA desde 1973 y una NBA Cup no es lo mismo, pero tendría un peso simbólico en una ciudad que celebra cada avance. Incluso podría colgarse una pancarta en el Madison Square Garden.
Nueva York necesitará imponer su defensa, que permite la cuarta menor cifra de puntos por partido (112,2), con OG Anunoby y Mikal Bridges sosteniendo el perímetro y Towns aportando solidez en el rebote. San Antonio, por su parte, deberá maximizar el impacto de Wembanyama en un contexto de restricción de minutos, en apenas su segundo partido tras la lesión.
Cuando el balón suba al aire en Las Vegas, uno de los dos equipos dará un paso adelante claro. El otro se marchará sabiendo que estuvo muy cerca de convertir una buena temporada en algo más.