En 2003 irrumpió en la NBA un chico de Akron con un futuro prometedor y un nivel de expectación pocas veces visto alrededor de un debutante. Más de dos décadas después, aquel muchacho convertido en icono vuelve a abrir un camino que nadie había recorrido. LeBron James se ha convertido en el primer jugador en alcanzar las 23 temporadas en la liga, un récord que llega tras semanas marcadas por la incertidumbre que generó su lesión en el nervio ciático, responsable de que se perdiera tanto la pretemporada como los primeros catorce partidos del curso.
Su regreso no solo sirvió para romper un nuevo techo estadístico, sino para recordar que, a los 40 años, todavía puede dirigir un partido con la naturalidad de siempre.
El nuevo récord obliga a mirar hacia atrás. Hasta la temporada pasada, el registro máximo de longevidad lo compartían el propio LeBron y Vince Carter, retirado tras 22 campañas en la élite. Ahora, Carter pasa definitivamente al segundo escalón de una clasificación que, en la tercera posición, reúne a varios nombres históricos con 21 temporadas disputadas: Chris Paul, aún activo y con la posibilidad de seguir escalando; Dirk Nowitzki; Kevin Garnett; Robert Parish; y Kevin Willis, todos ellos parte de la élite de la durabilidad en la liga.
LeBron James vuelve a quedarse solo en lo más alto de una lista. Y lo hace atravesando otro registro que parecía inalcanzable, prolongando una carrera que no se entiende solo por su dimensión estadística o por sus títulos, sino por una capacidad de mantenerse competitivo a una edad y durante un periodo que ningún otro jugador ha logrado igualar. Cada partido que dispute a partir de ahora seguirá ampliando un legado que, como este nuevo hito demuestra, no deja de crecer.