La primera jornada de la EuroLeague dejó un golpe inesperado para los equipos españoles. Real Madrid, Barcelona y Baskonia, tres de los proyectos llamados a competir en la parte alta, arrancaron con derrota. Un arranque que recuerda hasta qué punto cada partido de esta competición es exigente.
El Real Madrid cedió en Bolonia frente a la Virtus (74-68). No bastó con dominar en aspectos como el rebote o la defensa interior: el pésimo acierto exterior lastró cualquier opción de victoria. En un escenario así, la superioridad en otras facetas pierde valor.
El Baskonia cayó en Vitoria ante Olympiacos (96-102). Fue un partido abierto, con intercambios constantes, pero los griegos impusieron su madurez en el tramo final. Para el conjunto vasco, la derrota deja claro que no basta con ritmo y energía si no hay control en los momentos decisivos.
El Barcelona, mientras tanto, se midió al recién ascendido Hapoel Tel Aviv y acabó encajando 103 puntos (103-87). El equipo azulgrana no encontró soluciones defensivas y terminó superado con claridad. Para una plantilla diseñada con aspiraciones altas, la imagen ofrecida supone una advertencia temprana.
Tres derrotas que no definen aún la temporada, pero sí marcan el terreno: la EuroLeague no concede rodajes suaves. Desde el primer día, cada error se castiga y cada duda se amplifica.