Los problemas se acumulan en el entorno de Los Angeles Lakers. El equipo atraviesa días especialmente delicados, con una dinámica negativa de resultados —tres derrotas consecutivas y seis en los últimos diez encuentros—, dudas crecientes sobre el juego y un clima interno tensionado tras las declaraciones de su entrenador, JJ Redick, cuestionando el esfuerzo y el compromiso del grupo.
A este contexto ya complejo se suma ahora un nuevo golpe en forma de lesión. Si antes fueron LeBron James, que se perdió el inicio de una temporada por primera vez en toda su carrera, y Luka Dončić, ausente en siete de los 29 partidos disputados por el equipo —una cifra relevante teniendo en cuenta que el límite para optar al MVP y al Mejor Quinteto de la NBA está fijado en 15 partidos—, el siguiente en caer ha sido Austin Reaves.
El escolta se lesionó durante el partido de Navidad frente a los Houston Rockets y los Lakers deberán afrontar, como mínimo, un mes completo sin su concurso. Reaves sufre una distensión en la pantorrilla izquierda y será reevaluado dentro de cuatro semanas, por lo que el periodo de baja podría incluso prolongarse más allá de ese plazo inicial.
La situación preocupa especialmente porque el jugador ya había arrastrado molestias en esa misma zona con anterioridad. De hecho, había reaparecido recientemente, en el partido ante los Phoenix Suns, antes de sufrir esta recaída que ahora obliga a un parón más largo y deja un vacío considerable en la rotación angelina.
Más allá del ruido externo y de las voces críticas que cuestionan la compatibilidad de Reaves en pista junto a Dončić y LeBron, los números reflejan que el escolta está firmando la mejor temporada de sus cinco en la NBA. Presenta topes personales en puntos (26,6), rebotes (5,2) y asistencias (6,3) y, en ausencia tanto de James como de Dončić, fue capaz de asumir galones ofensivos con actuaciones de enorme impacto, incluyendo partidos de 40 e incluso 50 puntos.
Desde el punto de vista médico, la lesión de Reaves es relativamente habitual en el baloncesto profesional. Se trata de una rotura de fibras en el músculo de la pantorrilla, que suele producirse en acciones explosivas como saltos, frenadas bruscas, esprints o cambios rápidos de dirección sobre la pista. Son gestos constantes en el juego exterior y especialmente exigentes para un perfil como el suyo.
Durante el periodo de ausencia del escolta, estimado aproximadamente hasta finales de enero, los Lakers afrontarán un tramo exigente del calendario, con 15 partidos ante rivales de peso en la liga, entre ellos Detroit Pistons, San Antonio Spurs y Denver Nuggets. Un escenario que añade dificultad a una situación ya cargada de incertidumbre en Los Ángeles.