Los Philadelphia 76ers siguen invictos, pero esta vez tuvieron que rozar el milagro. En una noche frenética en la capital, los de Nick Nurse remontaron 16 puntos en el último cuarto y acabaron imponiéndose en la prórroga a unos Washington Wizards que se desmoronaron justo cuando acariciaban la victoria (134-139).
Con Joel Embiid limitado a solo 23 minutos por precaución (25 puntos), Tyrese Maxey asumió el mando y firmó una actuación de líder absoluto: 39 puntos y 10 asistencias, guiando una remontada de carácter, temple y determinación. Pero el héroe inesperado tuvo nombre propio: Adem Bona, cuya intensidad defensiva cambió por completo el partido. El pívot novato bloqueó cuatro tiros en el último cuarto y otro en la prórroga, además de firmar el mate decisivo que adelantó a los Sixers en el desenlace.
Los Wizards, que habían dominado de cabo a rabo los tres primeros cuartos (110 puntos en ese tramo), se quedaron sin respuesta en el momento clave. Alex Sarr fue su faro ofensivo con 31 puntos, pero ni él ni Khris Middleton —que falló el tiro para ganar en el tiempo reglamentario— pudieron evitar el colapso final.
Washington arrancó el tiempo extra con un parcial de 5-0, pero vio cómo los Sixers respondían con un 9-0 demoledor, coronado por el mate de Bona a falta de 27 segundos. Aún hubo suspense: un triple de Kyshawn George estrechó el marcador (135-134), aunque Maxey, sereno desde la línea de personal, sentenció el encuentro antes de que un pase precipitado de Middleton acabara en las manos de la defensa visitante.
Con este triunfo, Philadelphia firma un impecable 4-0, reafirmando su solidez y capacidad de supervivencia incluso sin Embiid en pista. Trendon Watford debutó con la camiseta de los Sixers tras superar sus problemas musculares, sumando dos puntos en 18 minutos.
Fue una victoria de carácter, de las que forjan identidad: los Sixers demostraron que su invicto no es casualidad, y que con un Maxey en modo estelar y la energía de Bona, son mucho más que el equipo de Embiid.