Michael Jordan, del primer al último baile (5): sin Worthy, ante Mullin y Lluís Cortés

por Xabier Sanmartin publicado en Opinión

1982 fue un gran año para Michael Jordan y para su admirado técnico Dean Smith; y lo pudo ser para la selección española, entrenada por Antonio Díaz-Miguel con Lluis Cortes como primer ayudante

Primavera de 1982. El novato número 23 ha brillado en el triunfo de North Carolina (UNC) frente a Georgetown en la Final Four del 29 de marzo. Alegría primero, tregua después. Hasta al 20 de noviembre, siete meses después, Jordan no vuelve a jugar otro partido universitario.

En medio, además de la ya citada gira estival por Europa con un combinado de EE.UU. que lidera Mike Jordan (aún le llaman así pero cada vez menos), se celebra el Mundobasket de Colombia. España, cuarta en los JJ.OO de Moscú, quiere crecer. En la calle ya lo hace la música de grupos como Alaska y los Pegamoides, en Madrid, o Eskorbuto , en BIlbao.

En Estados Unidos, Worthy, dos años mayor que Jordan, decide dar el salto a la NBA. Deja atrás tres temporadas en la UNC y es elegido número uno por los Lakers, ganadores del anillo del curso 1981-1982. Sin él, hay más espacio ofensivo para el Jordan de segundo año universitario. Uno marcha, otro llega. Los Tar Heels suman como freshman a Brad Daugherty, un siete pies futuro All Star con talento pero alérgico a pegarse bajo el aro.

Ese equipo va trabajando en un verano que para España supone mirar hacia Colombia, sede del Mundobasket. Hasta Sudamérica viajan veinteañeros talentosos como Epi, Romay, Fernando Martín, Sibilio, Iturriaga, Villacampa… Tras el fracaso de la selección de fútbol en el Mundial de Naranjito, la expectativa alrededor de nuestro baloncesto es alta.

Televisa el torneo TVE con el periodista coruñés Héctor Quiroga en la narración, tan sobria cómo precisa. Se sufre la maldición balcánica. Yugoslavia apea a España del tren del bronce al vencer 119-117 en lo que Díaz-Miguel califica ante la prensa como “un robo” arbitral.

Antes, España supera a un equipo de EE.UU donde figuran Pinone y Doc Rivers, entre otros resignados chavales que se topan en la final con la URSS. La emergente Europa empieza su costumbre de superar a los mozuelos estadounidenses de los torneos internacionales.

Es tiempo de verano pero perseguir un sueño pide trabajo hasta en días de playa. Dean Smith, entrenador de North Carolina, le pide a Jordan, que suele vestir zapatillas Converse altas albiazules, que mejore el tiro para no depender tanto de sus bandejas de elevado porcentaje. Son los campeones, todo el mundo les tendrá ganas y las portadas y pósters no meten canastas.

Entrenan a veces ante técnicos europeos de visita. Buscan aprender. Entre quienes acuden cada año está el añorado Josep Lluís Cortés, cuyo hijo mayor, Guifré Lluís Gol, jugador y fundador de los Veterans Joventut Badalona, nos revela aquí una valiosa anécdota.

“Durante los inicios universitarios de Michael Jordan, Dean Smith quiso un día que mi padre conociera al padre de Michael Jordan, una persona humilde, educada hasta el extremo. El Coach Smith le dijo al Señor Jordan quién era Josep Lluís y, al cabo de un rato de ver el entrenamiento, mister Jordan le pregunta: ‘Coach Lluis, ¿usted cree que mi hijo llegará a jugar alguna vez en la NBA? Este es su deseo’. Y mi padre le contesta: ‘Mr. Jordan, no solo jugará en la NBA, además será el mejor jugador que usted haya visto jamás'”.

Pasan unos años, y el citado ayudante de Díaz-Miguel, que antes de ser entrenador, fue un base de fama en los años 50 y 60, regresa a North Carolina, al llamado Dean Smith Center, el pabellón situado en Chapel Hilli e inaugurado en 1986, y la anécdota prosigue.

Guifré Lluís Gol: “En ese regreso, mi padre toma asiento en primera fila en medio del campo, localidad imposible de obtener, según me dijo el Coach Smith en una comida entre las dos familias en diciembre de 2001 en Barcelona. Allí, ve que en frente hay un señor, el padre de Michael Jordan, bajando por la escalera central, saludado por todo el mundo con mucho respeto. Llega a la pista, la rodea hasta llegar a mi padre, le pregunta si le recordaba, él contesta que si, y sus primeras palabras después de saludarle son: ‘Coach Lluis, Usted tenía razón sobre el vaticinio que hizo de mi hijo. Mi familia le agradecemos sus palabras. Michael me pidió que tambien le transmitiera su agradecimiento si le volvia a ver en Chapel Hill’. ¡Jordan sabia que mi padre iba cada año a UNC!”, concluye Guifre Lluís.

La NBA del curso 1982-1983, arranca antes que la NCAA, y lo hace con el estajanovista Moses Malone (Sixers) dominando el top de rebotes, el elegante Alex English (Denver) como máximo anotador y un Magic (Lakers) luciendo su primer anillo como rey de las asistencias. Por cierto, entre todos ellos, juega Brad Branson, viviendo su segundo y último año allí, en Indiana tras debutar con Cleveland, antes de entender que el mapa de sus días le llevaría a clubes como el Real Madrid y el Valencia Basket.

Llega el otoño. Michael Jordan debuta como jugador de segundo año en la NCAA. Sucede lo inesperado. Debut y al suelo. North Carolina pierde ante St Johns, donde anota de todas partes un pelirrojo llamado Chris Mullin (amigo, por cierto, de Guifré LLuís; ya lo contaremos más adelante). Mullin brilla acompañado por el saltarín David Russell (en el Joventut de 1983-84 y en el Estudiantes de 1984 a 1989) más un armario canadiense de Ikea: Bill Wennington (entre 1993 y 1999 en los Bulls).

Los de Jordan caen de nuevo en la segunda jornada, a manos de Missouri. MIchael entiende que con Worthy eran otros. Si en el primer año ganó con North Carolina 16 encuentros seguidos, en este lloran en los dos primeros envites.

Aquí, a finales de octubre, Felipe González (PSOE) gana las elecciones generales de un país que quiere merendar Nocilla de democracia a todo color y olvidar la gris etapa franquista que aún colea. Y el 28 de noviembre arranca la Primera División, con 14 equipos, entre ellos el Obradoiro de Santiago de Compostela, donde juega Nate Davis (dura poco allí, por impagos). Es diez años mayor que MIchael pero será de lo más espectacular que veamos en nuestro baloncesto durante años, que si Michael centra hoy el recomendable documental The Last Dance (ESPN), ojo al reportaje que Informe Robinson le dedico a Davis en 2017. Dos joyas, cada una a su nivel.

Por Xabier Sanmartin Cuevas, autor del libro Aquellos Maravillosos Aros [63 reportajes sobre grandes protagonistas del baloncesto de los años 80 y 90 de ACB, NBA…]

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