La ruptura estaba gestándose desde hace tiempo, pero ahora ya se verbaliza sin metáforas: los Pelicans han tirado la toalla con Zion Williamson. Lo que comenzó en 2019 como una historia destinada a cambiar el rumbo de la franquicia ha derivado en un desgaste tan profundo que New Orleans solo espera el desenlace burocrático: encontrar a alguien dispuesto a hacerse cargo del jugador.
Brett Siegel, desde ClutchPoints, reveló que aceptarán “la primera oferta decente” que aparezca. Nunca antes la organización había mostrado tan claramente que su paciencia se agotó.
Los números erosionan cualquier argumento de fe. Cinco temporadas, 184 partidos disputados; 36,8 por curso. New Orleans trató de encauzarlo con una renovación armada de cláusulas que premiaban su disponibilidad. Pero lo tangible es que su cuerpo no ha respondido a la ambición de nadie: ni la suya, ni la de la franquicia.
Los Pelicans han decidido pasar página, pero el mercado mira con cautela. Pocos equipos aterrizarán con una oferta ambiciosa por un jugador cuya mayor batalla es contra su propio cuerpo. Sacramento, los Clippers o alguna franquicia con urgencia de relevancia podrían aparecer como soluciones, aunque más por necesidad que por convicción.