Roberto Dueñas, el gigante que creció sin prisa
©
Preferir Piratas del Basket en Google

Roberto Dueñas, el gigante que creció sin prisa

Hay historias que nacen en academias, en torneos juveniles o en semanas de detección de talento. La de Roberto Dueñas, en cambio, comenzó en una simple parada de autobús. Aquella mañana —una de tantas— un chico de 16 años esperaba el transporte para ir a estudiar a Móstoles cuando un entrenador del Fuenlabrada reparó en él. Lo vio un día, lo vio al siguiente y al tercero se acercó: “¿Quieres jugar al baloncesto?”. Ese encuentro casual, casi anecdótico, abrió un camino que terminaría llevando a aquel adolescente altísimo y tímido hasta lo más alto del baloncesto europeo.

Después vendrían un par de cesiones formativas, una en el propio Fuenlabrada y otra en el Cornellà, donde empezó a entender qué podía hacer su cuerpo, cómo ocupar espacios, cómo dominar una zona sin todavía dominarse a sí mismo. Pero cuando llegó al primer equipo del Barcelona, el impacto fue inmediato. Tenía apenas 20 años y de repente se encontró en el corazón de un proyecto ganador, en un club que supo moldearlo sin prisas, sin la urgencia que a menudo devora a los interiores jóvenes.

Su debut real en la élite llegó en la temporada 1995/96: 2,3 puntos y 3,4 rebotes y, sobre todo, una Liga que le situaba en un escenario que jamás habría imaginado en aquella parada de autobús de Fuenlabrada. Al año siguiente, 1996/97, ya era parte activa del éxito: 6,9 puntos, 5,5 rebotes y otra Liga. Su crecimiento era evidente y sostenido.

En 1997, incluso la NBA fijó la mirada sobre él. Los Chicago Bulls, en pleno reinado de finales de los 90, lo escogieron en el puesto 57 del draft. Pero para Dueñas, su lugar estaba en Barcelona, en un equipo donde tenía responsabilidades, espacio para crecer y una identidad que se ajustaba a su forma de jugar. Nunca llegó a cruzar el océano, pero no lo necesitó para construir una carrera sólida y llena de títulos.

La 1997/98 fue un año de transición —4,8 puntos, 3,2 rebotes— antes de su despegue definitivo en 1998/99. Con 9,4 puntos y 5,6 rebotes, vivió una temporada inolvidable: Liga, Copa Korać y la plata europea con la selección. Era el pívot que imponía por presencia, por colocación, por lectura del juego. Aún no era un jugador de números estratosféricos, pero sí una garantía competitiva.

En 1999/00 se consolidó como dominador del rebote —7,7 puntos y 8,7 capturas—, y en 2000/01 firmó una de sus temporadas más completas: 9,5 puntos, 7,6 rebotes y un nuevo doblete nacional con Liga y Copa. Era ya el pilar silencioso del interior azulgrana, un pívot que daba equilibrio, que corregía errores, que compensaba debilidades colectivas.

La 2001/02 mantuvo su solidez (7,7 y 5,9), pero todo apuntaba hacia la gran temporada: 2002/03. Ese año, Dueñas formó parte del equipo que conquistó la EuroLeague, además de Liga y Copa. Sus 9,9 puntos y 6,9 rebotes hablaban de un pívot en la plenitud física y competitiva. Un jugador hecho en casa, formado sin atajos, convertido en pieza esencial del Barça campeón de todo.

Todavía extendió su impacto en 2003/04 —7,2 puntos, 5,1 rebotes y una nueva Liga— y en 2004/05, donde sus 8 puntos y 7,7 rebotes demostraron que seguía siendo uno de los interiores más fiables de la competición.

La etapa azulgrana terminó, pero no su carrera. En Girona, en 2005/06, aportó 5,4 puntos y 4,1 rebotes, antes de cerrar su periplo en el Joventut en 2006/07, con 32 años. Allí, ya en un rol testimonial, dejó sus últimos minutos como profesional.

Su palmarés resume una carrera monumental: seis Ligas ACB, dos Copas del Rey, una EuroLeague, una Copa Korać y una plata europea. Pero más allá de los títulos, la verdadera esencia de Dueñas está en ese camino improbable que transformó a un adolescente observado en una parada de autobús en un pívot clave del mejor Barcelona de su época.

Roberto Dueñas fue, ante todo, un gigante que aprendió a crecer sin prisa, que se hizo a sí mismo dentro de un club que confió en él y que acabó formando parte indeleble de la historia moderna del baloncesto español.