La noche del viernes en College Station dejó un nombre propio imposible de pasar por alto. Texas A&M arrasó a Manhattan por 68-109 en un encuentro sin demasiadas dificultades, pero el marcador quedó en un segundo plano ante la irrupción monumental de Rubén Domínguez. El escolta, formado en Bilbao Basket antes de dar el salto al baloncesto universitario, firmó la actuación más impactante de su temporada… y una de las más recordadas en la historia reciente de los Aggies.
Desde que pisó el parquet, Domínguez fue un incendio. Frente a los Jaspers entró en una dinámica que solo los tiradores de rachas sobrenaturales llegan a experimentar: cada balón que tocaba parecía destinado a atravesar la red. Terminó la velada con 10 triples en 14 lanzamientos, un ritmo descomunal que quebró por completo la resistencia de Manhattan y que paralizó por momentos al pabellón, incrédulo ante semejante exhibición.
El jugador de Puerto Real no necesitó nada más para dejar una marca imborrable: 30 puntos sin un solo tiro de dos ni un solo lanzamiento desde la personal, a los que añadió 5 rebotes y 2 asistencias. Una carta de tiro tan peculiar como perfecta que lo sitúa ya en los libros de la universidad.
Porque su actuación no fue solo brillante: fue histórica. Rubén Domínguez estableció el nuevo récord de triples anotados en un partido por un jugador de Texas A&M, superando la anterior plusmarca de ocho. Un hito que, a sus 22 años, coloca al español en el escaparate nacional y confirma que su apuesta por cruzar el Atlántico empieza a dar frutos visibles.