El Joventut Badalona salió de Andorra con una victoria que tuvo dos caras muy distintas: la autoridad con la que manejó el partido durante tres cuartos y el sufrimiento real de un último periodo en el que el MoraBanc, impulsado por orgullo y defensa, rozó una remontada épica. En medio de esa montaña rusa, dos nombres marcaron la diferencia cuando el aire escaseaba: Ante Tomic y Ricky Rubio.
El encuentro arrancó con un intercambio vertiginoso que apenas duró unos minutos. Andorra tomó una ventaja inicial mínima, pero en cuanto Ricky y Tomic entraron a pista el guion cambió de raíz. El base ordenó el ataque, el pívot impuso su presencia en la pintura y la Penya empezó a mandar en el ritmo, en la selección de tiro y en el marcador. Para cuando llegó el primer descanso, Badalona ya había trasladado el partido a su terreno.
El segundo cuarto confirmó esa superioridad. Kyle Kuric encadenó acciones de alto nivel, Drell castigó el espacio desde el perímetro y el Joventut abrió una brecha que obligó a Joan Plaza a detener el choque. El tiempo muerto del técnico solo frenó momentáneamente el golpe: los verdinegros siguieron atacando con fluidez hasta marcharse al descanso con una renta amplia y merecida.
Pero la historia dio un giro brusco tras el intermedio. Andorra endureció cada línea, cada contacto y cada pase, y de repente el partido dejó de fluir para la Penya. La defensa local, mucho más agresiva, empezó a condicionar el juego visitante y el marcador se estrechó a un ritmo inesperado. El triple de Pustovyi que cerró el tercer cuarto fue la confirmación de que el duelo había entrado en otra dimensión.
El último periodo fue un asedio emocional. El MoraBanc redujo la diferencia a la mínima expresión con un par de fogonazos —incluidos un mate de Pustovyi y un triple de Chumi— que electrificaron el pabellón. Cuando Yves Pons clavó otro triple para poner el 63-64, la sensación era inequívoca: el Joventut estaba contra las cuerdas.
Y ahí apareció Tomic. Con la serenidad de quien ha vivido cien partidos de este tipo, encadenó siete puntos que pesaron tanto como una losa en el ánimo local. Cada canasta suya cortó una oleada andorrana. Paralelamente, Ricky asumió la dirección final con ese temple que convierte los ataques tensos en tiempo controlado.
Evans II dio el último empujón a Andorra acercando el marcador a tres puntos, pero el equipo de Plaza no logró encontrar un ataque limpio en los últimos minutos. Desde la línea de personal, Hanga y Ricky certificaron el triunfo.
La remontada no llegó, aunque Andorra la buscó con todo lo que tenía. La victoria sí lo hizo, sostenida por el oficio de dos veteranos que, en noches así, demuestran por qué siguen siendo imprescindibles. Joventut ganó porque cuando el partido ardió, Tomic y Ricky no se movieron un milímetro.
76-MoraBanc Andorra (17+17+21+21): Shannon Evans II (19), Best (10), Okoye (6), Pons (13) y Pustovyi (9) -cinco inicial-; Rubén Guerrero (-), Kuric (13), Ferran Bassas (-), McKoy (-), 'Chumi' Ortega (3), Udeze (2) y Rafa Luz (1)
83-Joventut Badalona (21+28+15+19): Hakanson (11), Hunt (11), Hanga (6), Drell (11) y Birgander (8) -cinco inicial-; Tomic (15), Kraag (2), Ricky Rubio (14), Guillem Vives (2) y Ruzic (2)