Hubo un momento en el que el Casademont Zaragoza creyó que lo tenía. Que aquel arreón final, ese estallido de orgullo comprimido en un brutal 14-0, iba a convertir una noche cuesta arriba en una victoria épica. Volvían a mandar en el marcador tras más de treinta minutos a remolque, el Príncipe Felipe rugía, y Unicaja parecía sin pulso, más de cinco minutos sin anotar y la sensación de partido que se escapa.
Pero este Unicaja vive —y a veces sobrevive— del triple. Y cuando el partido ardió, encadenó cuatro seguidos para enfriar el pabellón, romper la remontada y marcharse con un triunfo de carácter: 79-86. Una victoria construida desde el perímetro (15 triples) y desde la fiabilidad de un equipo al que no se le encoge la mano cuando hay que decidir.
El partido fue una batalla irregular desde el inicio, sin un dominador claro en un primer cuarto lleno de altibajos, intercambios y parciales que se neutralizaban. A Zaragoza le faltó pegada bajo el aro y acierto exterior. Y ahí se abrió la brecha que acabaría siendo definitiva:
4 triples anotados, 18% de acierto.
Demasiado poco para competir ante un rival que los clavaba con naturalidad.
Unicaja, mientras tanto, sumaba cada posesión larga. Rebote ofensivo, segundas oportunidades, buenas lecturas y un segundo cuarto donde la diferencia empezó a tomar forma. Perry y Duarte encendieron la mecha desde el perímetro, y un parcial de 0-7 primero y cinco triples posteriores elevaron la renta hasta los once puntos (34-45). El descanso dejó a los de Ibón Navarro nueve arriba, y con la sensación de control.
Tras el descanso, el Casademont volvió a intentarlo. Con Santi Yusta sosteniendo al equipo —otra vez— pese a las faltas, llegaron a ponerse a uno (50-51). Pero entonces volvió la misma historia: parcial de 0-7 de Unicaja, que siempre encontraba oxígeno desde fuera cada vez que el rival respiraba demasiado cerca.
El último cuarto mantuvo la misma dinámica. Dos triples consecutivos de Perry, perfecto hasta ese momento, parecían sentenciar (63-71). Pero Zaragoza volvió a levantarse. Orgullo puro, defensa agresiva, ritmo. Un 14-0 que dio la vuelta al partido y desató el delirio: 77-71. Todo por decidir, todo en el aire.
Unicaja llevaba casi seis minutos sin anotar. El partido pendía de un hilo. Pero cuando los malagueños están acorralados, siempre encuentran una salida en la línea de tres.
Uno, dos, tres, cuatro triples consecutivos. El partido se apagó para Zaragoza y se iluminó para Unicaja.
Kalinoski (17 puntos, 23 de valoración) lideró la reacción final, con la serenidad que define a un jugador que vuelve a ser decisivo. El resto acompañó: temple, lectura y ejecución quirúrgica para cerrar un triunfo que, por momentos, parecía escaparse.
Zaragoza compitió, lo peleó, lo rozó. Pero cuando un equipo tira del 18% y el otro te mete 15 triples, la frontera entre ganar y perder es demasiado fina.
Unicaja sobrevivió a la tormenta. Zaragoza la provocó, pero no pudo sostenerla. El duelo se decidió desde la línea que marca el ritmo del baloncesto moderno: el triple. Y ahí, hoy, Unicaja fue demasiado equipo.
79 - Casademont Zaragoza (19+17+27+16): Bell-Haynes (16), Yusta (21), Robinson (11), González (2) y Dubljevic (7) -cinco inicial- Soriano, Spissu (2), DJ Stephens (2), Rodríguez (17), Fernández y Traore (1).
86 - Unicaja (19+26+20+21): Perry (13), Djedovic (9), Pérez (11), Barreiro y Balcerowski (4) -cinco inicial- Kalinoski (17), Sulejmanovic (3), Webb (14), Duarte (5), Díaz (4) y Tillie (6).