Lo que ocurrió en el TD Garden tuvo dos rostros muy diferentes, pero terminó llevando el mismo nombre propio: Jaylen Brown. El escolta firmó 35 puntos y ocho asistencias en una noche que exigió liderazgo para detener una remontada que amenazó con borrar un dominio que parecía insalvable. Boston venció 138-129 a unos Magic muy mermados, pero combativos hasta el último minuto.
Los Celtics llegaban tocados por la derrota del viernes ante Brooklyn y respondieron con un primer tiempo casi perfecto, especialmente un segundo cuarto en el que rozaron la excelencia ofensiva: un 81,8% de acierto (18/22), un parcial de 48 puntos y una ventaja que se disparó hasta el 80-57 al descanso. En ese tramo, Josh Minott irrumpió con decisión: 12 de sus 16 puntos llegaron en ese periodo, firmando un impoluto 5/5 en tiros, incluidos dos triples.
Con esa renta, Boston llegó a mandar por 26 puntos en el tercer cuarto, pero el duelo terminó transformándose en un test de carácter. Orlando, pese a las ausencias de tres de sus cinco máximos anotadores, jamás se dio por vencido. Jett Howard, en su mejor actuación del curso (30 puntos, tope de temporada), empujó al equipo hacia una reacción que llegó a poner el marcador a solo seis puntos en el último minuto. También aportaron Desmond Bane (18) y Franz Wagner (15).
Para entonces, los Celtics necesitaban una respuesta urgente… y Brown la ofreció: encadenó 12 puntos consecutivos, frenó la hemorragia y sostuvo a un equipo que por momentos parecía desconectado. La aportación de Anfernee Simons (23 puntos) y el impacto constante de Payton Pritchard —19 puntos, ocho asistencias, un robo y un triple que encendió un parcial 10-3 en plena avalancha verde— ayudaron a cerrar un triunfo más sufrido de lo previsto.
Orlando, que venía de ganar en casa a los Knicks el día anterior, acusó el desgaste desde el inicio. Su racha de ocho cuartos consecutivos sumando al menos 30 puntos, igualando un récord de la franquicia, se cortó en el primero, donde se quedaron en 27. En el banquillo también hubo una presencia destacada: Jamahl Mosley, que había tenido que abandonar por enfermedad la segunda mitad del partido del sábado, volvió para dirigir al equipo.
Boston cumplió, pero terminó con la sensación de que el partido pudo escapar. Orlando, incluso en cuadro, obligó a sudar más de lo esperado. Y Brown, en una noche que mezcló explosión anotadora y responsabilidad, volvió a dejar claro por qué se ha convertido en el metrónomo emocional del equipo.