Brunson impone su ley en Las Vegas y empuja a los Knicks hacia la final de la NBA Cup, 132-120
Las Vegas fue el escenario donde Jalen Brunson volvió a dejar claro que atraviesa el mejor tramo de su temporada. El base de los New York Knicks firmó una actuación de máxima autoridad, alcanzando los 40 puntos —su tope del curso— para liderar el triunfo neoyorquino por 132-120 frente a los Orlando Magic y sellar el billete de su equipo a la final de la NBA Cup.
Fue la cuarta noche consecutiva en la que Brunson superó la barrera de los 30 puntos, una racha que encontró su punto culminante en un partido de alta exigencia física y ritmo elevado, con aroma de eliminatoria y pulsaciones de postemporada. Además de su producción anotadora, el base repartió ocho asistencias y mostró una eficiencia notable, convirtiendo 16 de sus 27 lanzamientos. Entre ellos, destacó un triple en el tercer cuarto tras una acción en la que Anthony Black terminó cayendo hacia atrás sobre la pista, una imagen que simbolizó el dominio creciente del líder de los Knicks.
New York, que atraviesa un momento dulce con cinco victorias consecutivas y nueve triunfos en sus últimos diez partidos, encontró también respaldo sólido en Karl-Anthony Towns, autor de 29 puntos, y en OG Anunoby, que aportó 24 más para completar un tridente ofensivo decisivo. El premio colectivo será disputar la final del torneo el martes por la noche ante San Antonio.
Orlando respondió con carácter durante buena parte del encuentro. Jalen Suggs sostuvo a los Magic en la primera mitad con una exhibición anotadora, sumando 25 de sus 26 puntos antes del descanso. Paolo Banchero acompañó con 25 tantos y Desmond Bane añadió 18, manteniendo a su equipo en la pelea en un duelo que se movió constantemente entre alternativas y equilibrios.
El partido vivió un intercambio continuo de ventajas: 11 cambios de liderazgo y 10 empates reflejaron lo ajustado del pulso durante más de dos cuartos. Sin embargo, todo comenzó a inclinarse cuando los Knicks enlazaron un parcial de 10 puntos en el tramo final del tercer periodo, abriendo una brecha que los situó con ventaja de 102-92 y que ya no permitiría una reacción completa de los Magic.
Desde el punto de vista estadístico, New York impuso su eficacia y su presencia interior. El equipo neoyorquino lanzó con un 60,7% en tiros de campo y logró imponerse en la pintura por 70-62, castigando cada espacio concedido y sosteniendo un ritmo alto que ambos conjuntos buscaron desde el salto inicial.
Durante el descanso flotó incluso la posibilidad de un registro poco habitual en la historia reciente de la NBA. Brunson y Suggs llegaron al intermedio con 25 puntos cada uno, una circunstancia que abrió la puerta a un escenario casi inédito: ningún partido de temporada regular desde el año 2000 ha contado con un anotador de 50 puntos por equipo. Sin embargo, ese hilo narrativo se rompió tras el paso por vestuarios.
Suggs apenas pudo sumar un punto en la segunda mitad. Visiblemente limitado, acabó abandonando el encuentro en el inicio del último cuarto debido a molestias en la cadera izquierda, un golpe duro para un Orlando que ya afrontaba el compromiso sin Franz Wagner, baja para varias semanas por un esguince severo de tobillo.
Con el paso de los minutos, Brunson mantuvo el control, los Knicks administraron su ventaja y Las Vegas terminó presenciando la confirmación de un equipo lanzado hacia la final. New York no solo ganó el partido: reafirmó su momento competitivo y el liderazgo absoluto de su base, que convirtió la semifinal en una declaración de intenciones.
El martes, San Antonio espera en el último escalón. Los Knicks ya están allí, impulsados por la noche más completa de su líder en la temporada.