Nada ha sido lineal para el San Pablo Burgos esta temporada. El equipo comenzó con una victoria clara ante el Bàsquet Girona (97-79). Fue un arranque que apuntaba estabilidad. No la hubo. A partir de ese primer partido, la dinámica se torció de forma progresiva hasta desembocar en una racha de once derrotas consecutivas. El golpe terminó siendo estructural. Tras la octava caída, Bruno Savignani dejó de ser el entrenador del equipo.
Ese punto marcó un antes y un después. El Burgos no se recompuso de inmediato. Pero el escenario empezó a moverse. Lentamente. Con ajustes. Con decisiones que fueron encajando unas con otras. La llegada de Ethan Happ amplió el margen de maniobra en el juego interior. Jhivvan Jackson comenzó a ofrecer una producción más constante, aunque sigue condicionado en algunos partidos por la acumulación de faltas. Y, mientras tanto, Gonzalo Corbalán fue ocupando cada vez más espacio dentro del juego.
No de golpe. Paso a paso. Con 23 años, el exterior argentino con nacionalidad española se ha convertido en la referencia más sólida del equipo. Sus números globales —14 puntos y 14,6 de valoración— explican regularidad. No explican jerarquía. Esa se percibe en otro sitio. En los minutos. En el uso. En la responsabilidad asumida desde la llegada de Porfirio Fisac, que lo ha convertido en el jugador con mayor presencia en pista.
Desde el inicio del curso ya había dejado señales claras. Sin picos exagerados. Sin caídas bruscas. Veinte puntos en Bilbao. Diecisiete ante Casademont Zaragoza. Diecisiete más frente a La Laguna Tenerife. Producción sostenida. Confianza creciente. Un perfil que no se diluía incluso cuando el equipo no respondía.
Ese mismo perfil ha ganado peso en las últimas victorias. Ante el Dreamland Gran Canaria, Corbalán alcanzó los 20 puntos. Cuatro triples convertidos de nueve intentos. Un impacto directo en el desarrollo del partido, reflejado en el +10 del equipo con él en pista. El resultado final se cerró con trece puntos de diferencia, pero su influencia fue constante durante el encuentro.
Días después, frente al Covirán Granada, el salto fue mayor. Veintitrés puntos. Tres rebotes. Dos asistencias. Tres recuperaciones. Veintisiete de valoración. El único elemento que impidió elevar aún más el registro fue el acierto desde la línea de tiros libres. De haber sido mayor, habría superado su mejor actuación del curso, fijada ante el UCAM Murcia con 25 puntos y 29 de valoración.
Esta temporada es, en términos reales, su primer curso completo en la Liga Endesa. Más allá de los 22 segundos disputados en la campaña 2021/22. Y la respuesta ha sido clara. No solo ha asumido el salto de categoría. Ha mejorado sus registros anteriores con el propio Burgos en la Primera FEB.
En las dos campañas previas promedió 12,1 y 13,3 puntos. Jugaba entre 21 y 23 minutos por partido. Ahora anota 14 puntos por encuentro en menos de 23 minutos de media. Los porcentajes de tiro se mantienen en niveles similares a los de la temporada 2023/24. El avance llega desde la línea de personal, donde alcanza un 82,5% de acierto.
Su evolución no se ha limitado al ámbito de clubes. Con 23 años ya ha sido internacional absoluto con Argentina. En la última FIBA AmeriCup tuvo un rol destacado y terminó con la medalla de plata. Sus promedios fueron de 14,3 puntos, 6,8 rebotes y 4,3 asistencias. En las ventanas FIBA de noviembre volvió a la selección y mantuvo el nivel: 15,5 puntos, 6 rebotes y 4 asistencias de media.
El San Pablo Burgos sigue reconstruyéndose. Lo hace desde varias piezas. Desde ajustes colectivos. Desde refuerzos. Pero también desde una figura que ha ganado peso partido a partido. Corbalán no ha cambiado el rumbo solo. Pero se ha convertido en el soporte más estable de una reacción que el equipo necesitaba para seguir compitiendo.