Dirk Nowitzki, la revolución teutona
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Dirk Nowitzki, la revolución teutona

Dirk Nowitzki cambió la manera de entender a los jugadores altos. Antes de su llegada, un hombre de 2,14 metros debía vivir cerca del aro, cargar el rebote y resolver de espaldas. Él hizo casi todo lo contrario. Corría la pista, botaba como un exterior, lanzaba desde cualquier distancia y terminó convirtiendo su suspensión sobre una pierna en uno de los movimientos más reconocibles de la historia.

Su revolución no llegó desde la fuerza ni desde una personalidad arrolladora. Nowitzki dominaba desde la técnica, la constancia y una forma muy particular de encontrar siempre el punto desde el que podía lanzar sin que el defensor llegase a molestarlo. Durante 21 temporadas vistió únicamente la camiseta de Dallas, soportó derrotas muy dolorosas y esperó hasta los 32 años para completar una de las grandes carreras del baloncesto europeo con el título de la NBA.

Su historia comenzó en Würzburg. Antes de centrarse en el baloncesto había practicado tenis y balonmano, dos deportes que más tarde reconocería como importantes para desarrollar su coordinación, el juego de pies y la capacidad para utilizar el cuerpo. Todo cambió cuando, alrededor de los 15 años, conoció a Holger Geschwindner, antiguo internacional alemán, físico y entrenador con métodos poco convencionales.

Geschwindner no quería fabricar un pívot tradicional. Lo hacía trabajar el equilibrio, la coordinación y el ritmo, organizaba sesiones acompañadas por música de saxofón y sustituía parte del trabajo habitual de gimnasio por ejercicios como remar en un lago. Su intención era que Nowitzki entendiese el baloncesto como un movimiento continuo, casi como una forma de baile. Aquella relación entre entrenador y jugador se mantendría durante toda su carrera.

En la temporada 1996/97, con 18 años, Nowitzki ya promediaba 28,1 puntos y 10,5 rebotes con el Würzburg. No competía todavía en la máxima categoría alemana, pero resultaba evidente que aquel ala-pívot larguísimo, capaz de subir el balón y lanzar desde el exterior, estaba muy por encima del nivel de la competición.

Un curso después elevó sus números hasta los 29,3 puntos y 11 rebotes. Su crecimiento llevó al Würzburg al ascenso y empezó a atraer a ojeadores estadounidenses. El momento que terminó de cambiar su carrera llegó en marzo de 1998, durante el Nike Hoop Summit. Frente a algunos de los mejores jóvenes de Estados Unidos, Nowitzki firmó 33 puntos y 14 rebotes y condujo al combinado internacional a la victoria. Dejó de ser una promesa desconocida en Alemania para convertirse en uno de los nombres del siguiente Draft.

Milwaukee lo eligió con el número nueve en 1998, pero sus derechos fueron enviados inmediatamente a Dallas junto a los de Pat Garrity a cambio de Robert Traylor. Don Nelson y su hijo Donnie llevaban tiempo siguiendo al alemán y estaban convencidos de que aquel jugador podía transformar el juego.

El cierre patronal retrasó el comienzo de la temporada 1998/99 y permitió a Nowitzki continuar unos meses en Würzburg, ya en la máxima categoría. Allí promedió 22,9 puntos y 8,4 rebotes antes de recibir la llamada definitiva de Dallas.

Su primer año en la NBA fue mucho más complicado. Llegó con 20 años, un cuerpo todavía demasiado delgado y escasa experiencia frente a jugadores de aquel nivel. En su debut falló sus cinco tiros de campo y terminó con dos puntos. Cerró la campaña con 8,2 puntos y 3,4 rebotes, mientras sufría para adaptarse al ritmo, al contacto y a la vida lejos de Alemania. Llegó incluso a plantearse regresar a casa.

La transformación comenzó en la temporada 1999/00. Nowitzki elevó sus medias hasta los 17,5 puntos y 6,5 rebotes y pasó a ser titular habitual. Junto a Steve Nash y Michael Finley empezó a formar el núcleo de unos Mavericks que llevaban años alejados de los playoffs.

En la 2000/01 alcanzó los 21,8 puntos y 9,2 rebotes y fue incluido en el tercer mejor quinteto de la NBA. Dallas regresó a los playoffs después de once años y Nowitzki dejó de ser visto como una curiosidad europea. Ya era una estrella en construcción y uno de los interiores más difíciles de defender por su capacidad para lanzar, penetrar o correr la pista.

La temporada 2001/02 confirmó su entrada entre los grandes. Promedió 23,4 puntos y 9,9 rebotes, disputó su primer All-Star y volvió a entrar en el tercer quinteto de la NBA. Su juego empezaba a cambiar las defensas: los pívots no podían seguirlo lejos de la zona y los aleros carecían de altura para detener su lanzamiento.

Aquel verano llevó a Alemania hasta el bronce en el Mundial de Indianápolis. Nowitzki produjo 24 puntos y 8,2 rebotes por encuentro, terminó como máximo anotador y fue elegido MVP del campeonato. Alemania consiguió la primera medalla mundialista de su historia alrededor de un jugador que ya tenía que enfrentarse cada noche a defensas construidas casi exclusivamente para detenerlo.

En la 2002/03 siguió creciendo: 25,1 puntos y 9,9 rebotes, una nueva presencia en el All-Star y un lugar en el segundo quinteto de la NBA. Dallas alcanzó la final de la Conferencia Oeste, pero Nowitzki se lesionó la rodilla en el tercer partido contra San Antonio y no volvió a jugar en la serie. Los Mavericks consiguieron alargar la eliminatoria hasta el sexto encuentro, aunque terminaron cayendo ante el futuro campeón.

La temporada 2003/04 dejó 21,8 puntos y 8,7 rebotes, su tercer All-Star consecutivo y otra elección para el tercer quinteto. Dallas jugó con una estructura más ofensiva, pero no consiguió avanzar más allá de la primera ronda. Nowitzki, sin embargo, ya era la figura alrededor de la que se construía todo el proyecto.

En la 2004/05 dio otro paso. Promedió 26,1 puntos y 9,7 rebotes, fue incluido por primera vez en el mejor quinteto de la NBA y terminó tercero en la votación por el MVP. Esa campaña anotó 53 puntos frente a Houston, la mejor marca de su carrera.

Durante el verano de 2005 protagonizó otra de sus grandes actuaciones con Alemania. Promedió más de 25 puntos y 11 rebotes en el EuroBasket y condujo a una selección limitada hasta la final. En semifinales anotó el lanzamiento decisivo frente a España, antes de caer contra Grecia en el partido por el oro. Pese a la derrota, fue elegido MVP del campeonato.

En la temporada 2005/06 produjo 26,6 puntos y 9 rebotes y repitió en el primer quinteto de la NBA. Dallas superó a San Antonio en una memorable eliminatoria de siete partidos y alcanzó por primera vez las Finales. Los Mavericks ganaron los dos primeros encuentros contra Miami y llegaron a disponer de una ventaja importante en el tercero, pero Dwyane Wade cambió la serie. Los Heat vencieron cuatro partidos consecutivos y dejaron a Nowitzki ante la derrota más dolorosa de su carrera.

Su respuesta durante la temporada 2006/07 fue extraordinaria. Promedió 24,6 puntos, 8,9 rebotes y 3,4 asistencias, con un 50,2% en tiros de campo y un 41,6% desde el triple. Dallas ganó 67 partidos y Nowitzki se convirtió en el primer jugador europeo formado íntegramente fuera de Estados Unidos que recibía el MVP de la temporada regular.

Pero el premio llegó acompañado por otro golpe. Golden State, dirigido por Don Nelson, eliminó a los Mavericks en la primera ronda. Dallas era el mejor equipo de la fase regular y los Warriors apenas habían conseguido entrar en los playoffs, pero ganaron la serie por 4-2. Nowitzki recogió el MVP pocos días después, cuando la temporada ya había terminado y la decepción todavía pesaba más que el reconocimiento.

En la 2007/08 mantuvo su nivel con 23,6 puntos y 8,6 rebotes, volvió al All-Star y fue incluido en el segundo quinteto. Dallas incorporó a Jason Kidd buscando dar un último paso competitivo, aunque volvió a caer en la primera ronda.

Durante la temporada 2008/09 recuperó parte de su mejor producción ofensiva: 25,9 puntos y 8,4 rebotes. Fue All-Star y regresó al primer quinteto de la NBA. Su juego empezaba a apoyarse cada vez más en el poste medio y en ese lanzamiento alejándose sobre una pierna que terminaría convirtiéndose en su sello.

En la 2009/10 firmó 25 puntos y 7,7 rebotes, disputó otro All-Star y entró en el segundo quinteto. Dallas ganó 55 partidos, pero San Antonio volvió a eliminarlo en la primera ronda. Nowitzki había acumulado grandes temporadas, un MVP y dos dolorosas decepciones en playoffs. A los 32 años comenzaban a aparecer dudas sobre si tendría otra oportunidad real de ganar el campeonato.

La respuesta llegó en la temporada 2010/11. Sus medias de fase regular —23 puntos y 7 rebotes— no fueron las más elevadas de su carrera, pero su rendimiento en los playoffs alcanzó otra dimensión. Dallas eliminó a Portland, barrió al vigente campeón, Los Angeles Lakers, y superó a Oklahoma City para regresar a las Finales. Nowitzki promedió 32,2 puntos en la final del Oeste y, en el primer partido, anotó 48 frente a los Thunder fallando únicamente tres lanzamientos.

En las Finales volvió a encontrarse con Miami, ahora reforzado por LeBron James y Chris Bosh. Nowitzki se lesionó un tendón de la mano izquierda en el primer partido, lideró una remontada de 15 puntos en el último cuarto del segundo y disputó el cuarto con fiebre. Dallas llegó al sexto encuentro con ventaja de 3-2 y cerró la serie en Miami.

Once años después de abandonar Würzburg, Dirk Nowitzki era campeón de la NBA. Promedió 26 puntos y 9,7 rebotes en las Finales y recibió el premio al MVP. La imagen de Nowitzki abandonando la pista antes de que terminara el último partido, buscando unos segundos a solas mientras sus compañeros celebraban, resumió la carga que había soportado desde la derrota de 2006.

La temporada 2011/12, reducida por otro cierre patronal, dejó 21,6 puntos y 6,7 rebotes. Fue All-Star y entró en el tercer quinteto, aunque Dallas no pudo mantener el nivel del equipo campeón y cayó en primera ronda.

En la 2012/13 una operación de rodilla retrasó su inicio de temporada. Por primera vez desde su año de novato bajó de los veinte puntos, con 17,3 y 6,8 rebotes. Dallas tampoco alcanzó los playoffs, rompiendo una racha de doce participaciones consecutivas.

Nowitzki respondió en la 2013/14 con 21,7 puntos y 6,2 rebotes y regresó al All-Star. Los Mavericks volvieron a los playoffs y llevaron al límite a San Antonio, futuro campeón, antes de caer en siete partidos.

En la 2014/15 promedió 17,3 puntos y 5,9 rebotes y disputó el All-Star por decimotercera vez. Su movilidad ya no era la misma, pero seguía obligando a las defensas a respetar su tiro y encontraba puntos desde la técnica y el conocimiento del juego.

La temporada 2015/16 dejó 18,3 puntos y 6,5 rebotes. Con 37 años todavía era el máximo anotador de Dallas y mantenía al equipo dentro de los playoffs. Un curso después, en la 2016/17, sus medias bajaron hasta los 14,2 puntos y 6,5 rebotes, pero alcanzó los 30.000 puntos en la NBA, una barrera que entonces solo habían superado cinco jugadores.

En la 2017/18 aportó 12 puntos y 5,7 rebotes. Disputó los 77 partidos para los que estuvo disponible y continuó ampliando una carrera que ya había desbordado cualquier expectativa nacida en Würzburg.

Su última temporada, la 2018/19, estuvo condicionada por una operación de tobillo. Promedió 7,3 puntos y 3,1 rebotes y fue invitado de manera especial al All-Star junto a Dwyane Wade. El 9 de abril de 2019, después del último encuentro de Dallas como local, anunció su retirada. Tenía 40 años, a dos meses de los 41.

Nowitzki se marchó después de 21 temporadas, todas con los Mavericks, 1.522 partidos y 31.560 puntos. Fue catorce veces All-Star, doce veces elegido para alguno de los quintetos de la NBA, MVP de la temporada regular en 2007 y MVP de las Finales en 2011. Dallas retiró su número 41 y su carrera fue reconocida con la entrada en el Salón de la Fama en 2023.

Su palmarés incluye un campeonato de la NBA, un bronce mundial y una plata europea. Fue una vez MVP de la NBA, una vez MVP de las Finales, cuatro veces integrante del primer quinteto, cinco del segundo, tres del tercero y catorce veces All-Star.

Pero su legado supera los premios. Nowitzki demostró que un jugador de 2,14 metros podía vivir lejos del aro sin perder impacto, ser la principal referencia ofensiva de un campeón y construir una carrera entera alrededor del lanzamiento. Después de él, los interiores comenzaron a crecer mirando hacia el perímetro.

Dirk Nowitzki llegó a Dallas como un joven delgado que dudaba si estaba preparado para la NBA. Se marchó convertido en el mejor jugador de la historia de la franquicia y en uno de los europeos más importantes que ha conocido el baloncesto. Lo hizo sin cambiar de equipo, sin abandonar su manera de jugar y sin dejar de trabajar con aquel entrenador que un día le enseñó a moverse al ritmo de un saxofón.