La primera alegría de la temporada llegó por fin en Indianápolis. Los Pacers pusieron fin a su arranque más complicado en años al vencer por 114-109 a los Golden State Warriors, en un partido que condensó toda la tensión acumulada tras cinco derrotas seguidas. Quenton Jackson, autor de 25 puntos, fue el héroe inesperado con 12 en el último cuarto, incluyendo las canastas decisivas en los instantes finales.
El equipo de Rick Carlisle —golpeado por una cadena de lesiones que ha dejado fuera a media rotación— mostró carácter, orgullo y resiliencia. Con Aaron Nesmith (31 puntos) y Pascal Siakam (27) como referencias ofensivas, Indiana consiguió lo que parecía improbable: revertir un déficit de 11 puntos en el último cuarto ante uno de los equipos más experimentados de la liga.
El cierre fue digno de guion cinematográfico. Jackson colocó a los Pacers por delante (109-107) con un triple a falta de 1:09. Jimmy Butler respondió con un mate que igualó el marcador (109-109), pero erró el tiro libre adicional que habría dado ventaja a Golden State. En la siguiente jugada, Siakam asumió el peso y castigó con un triple desde la frontal (112-109, 37 segundos por jugar). Tras un fallo de Jonathan Kuminga, Jackson sentenció con un tiro en suspensión a 5.2 segundos del final, desatando la euforia en el Gainbridge Fieldhouse.
Hasta ese momento, los Warriors habían controlado el ritmo durante buena parte del encuentro. Stephen Curry, con 24 puntos, marcó el compás en la primera mitad (18 antes del descanso), mientras Brandon Podziemski aportaba energía con 10 de sus 16 puntos en el tercer cuarto. Golden State llegó a dominar 88-82 al inicio del último parcial, pero se desdibujó cuando Indiana apretó atrás y encontró inspiración ofensiva en sus secundarios.
Las estadísticas reflejan un duelo equilibrado: los Warriors lanzaron con un 48% de acierto en la primera mitad, los Pacers un 44%, pero la diferencia real estuvo en el cierre. Indiana fue más agresiva, más precisa y, sobre todo, más valiente cuando el partido pendía de un hilo.
El triunfo tiene un valor emocional incalculable para una plantilla marcada por la adversidad. Los Pacers siguen sin Tyrese Haliburton, baja para toda la temporada tras romperse el tendón de Aquiles en las Finales, y tampoco pudieron contar con Obi Toppin (recién operado del pie derecho), Bennedict Mathurin, Andrew Nembhard ni T.J. McConnell.
Con tantas ausencias, el mérito se multiplica. Indiana encontró energía donde parecía no haberla y logró una victoria que puede marcar un punto de inflexión en su temporada. En una noche que pedía fe, Quenton Jackson la tuvo toda.