Jalen Johnson rompió cualquier expectativa imaginable en la victoria de los Atlanta Hawks ante los Utah Jazz por 132-122. En una liga acostumbrada a cifras extravagantes y comparaciones constantes, lo que firmó el alero de 23 años trasciende el ruido estadístico: 31 puntos, 18 rebotes, 14 asistencias y 7 robos. Una combinación de números que, desde que existen registros oficiales en la NBA, nadie había logrado.
Lo suyo fue una exhibición total. Dominó arriba y abajo, brilló como generador, castigó en transición y convirtió cada posesión en un problema para Utah. Estuvo a un suspiro —tres robos— de entrar en el club casi inaccesible del cuádruple-doble, y aún así se marchó del partido con máximos de carrera en las cuatro categorías principales. Todo eso en 40 minutos y con un 10/19 en tiros, que apenas insinúa el impacto real que tuvo sobre el juego.
Si se busca un referente histórico para medir semejante actuación, solo aparece una lista mínima: los jugadores que alguna vez alcanzaron un 30-15-10-5. Y allí figuran siete nombres que explican por sí solos la magnitud del logro: Nikola Jokic, Derrick Coleman, Fat Lever, Terry Cummings, Magic Johnson, George McGinnis y Kareem Abdul-Jabbar.
Una noche monumental. Una de esas de las que se habla durante años. Una de esas que definen carreras.