Lakers vs. Celtics: La rivalidad que gobernó la NBA en los 80 (I) [Años 1980 y 1981]
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Lakers vs. Celtics: La rivalidad que gobernó la NBA en los 80 (I) [Años 1980 y 1981]

Entre 1980 y 1987, Los Angeles Lakers y Boston Celtics se repartieron siete de los ocho campeonatos de la NBA, protagonizando una de las rivalidades más feroces y legendarias en la historia del deporte. Tres finales directas entre ellos —1984, 1985 y 1987— sirvieron como campo de batalla para dos filosofías opuestas, dos ciudades enfrentadas y dos líderes carismáticos que marcaron época: Magic Johnson y Larry Bird. No era solo baloncesto. Era orgullo, historia y supremacía en juego cada vez que se cruzaban 1980: Showtime inicia su dinastía Con un baloncesto desbordante y la figura mítica de un rookie descomunal, los Angeles Lakers derrotaron a los Philadelphia 76ers por 4-2 en las Finales NBA de 1980 y conquistaron su primer título desde el traslado a California. Fue la primera vez que Kareem Abdul-Jabbar y Magic Johnson compartieron la cima del baloncesto, en una serie inolvidable que marcó el nacimiento oficial de la era del ‘Showtime’. Los Lakers pegan primero con un Kareem imperial (109-102). La serie arrancó en el Forum con un partido tenso, marcado por el dominio interior de Kareem Abdul-Jabbar, quien lideró a los suyos con 33 puntos y 14 rebotes. Philadelphia se mantuvo en partido gracias a Julius Erving (33 puntos), pero el control del rebote ofensivo (16-8 para Lakers) y la solidez del quinteto titular angelino terminaron decantando la balanza. Fue un choque igualado en ritmo (102.4 posesiones por equipo), pero la diferencia en la pintura, especialmente en segundas oportunidades, otorgó a los Lakers la ventaja inicial. Julius responde y los Sixers igualan (107-104). Lejos de achicarse, los 76ers respondieron con carácter en el segundo asalto. Julius Erving firmó otra actuación estelar (23 puntos), pero el protagonista absoluto volvió a ser Abdul-Jabbar, con 38 puntos y 14 rebotes en una actuación monumental pese a la derrota. Esta vez fue Darryl Dawkins quien ayudó a inclinar la balanza con su fortaleza física y 25 puntos decisivos. Philadelphia se benefició de un ritmo similar y de cometer menos pérdidas (13.3% por 16.3% de los Lakers en la serie), lo que les permitió castigar más en transición y empatar la serie. Regreso al Forum, regreso al control: 2-1 para Lakers (111-101). Con la serie igualada, el tercer partido trajo de vuelta el control defensivo y el dominio interior de los Lakers. Kareem volvió a ser indomable con 33 puntos y 14 rebotes, castigando una y otra vez a Darryl Dawkins y Caldwell Jones en el poste. La eficiencia colectiva (48.9% en tiros de campo en la serie) y la profundidad del banquillo —con aportaciones clave de Michael Cooper y Jim Chones— marcaron la diferencia. Philadelphia, pese a los intentos de un sólido Maurice Cheeks, se vio desbordado en el rebote (38.3% ofensivo para Lakers en la serie, contra apenas 21.8% de los Sixers), una constante que minó sus opciones de robar el factor cancha de nuevo. Erving iguala la serie en una batalla clásica (105-102). En un duelo marcado por el dramatismo y la intensidad, los 76ers volvieron a salir victoriosos en territorio hostil. Julius Erving (23 puntos) lideró una ofensiva coral donde Bobby Jones y Hollins también fueron clave. Pese a que Magic Johnson firmó su mejor partido hasta entonces con 28 puntos, los Lakers no lograron frenar el empuje físico y mental de los Sixers en los minutos finales. Kareem, limitado a 11 rebotes y bien defendido en la segunda mitad, no pudo impedir que Philadelphia igualara la serie 2-2, con una notable mejora defensiva y castigando los errores de los Lakers, que acumulaban más pérdidas y faltas en los partidos perdidos. Kareem impone su ley y da ventaja a Lakers (108-103). De vuelta a Los Ángeles, el quinto partido fue una exhibición absoluta del pívot más dominante del planeta. Kareem Abdul-Jabbar firmó 40 puntos, su cifra más alta de las Finales, y sostuvo a los Lakers en un partido de altísima exigencia física. Aunque Julius Erving y Dawkins siguieron produciendo (20+ cada uno), los Lakers fueron superiores en la pintura y controlaron el rebote, clave para marcar la diferencia. Un detalle no menor fue el trabajo silencioso de Jamaal Wilkes (21.3 puntos por partido en la serie), que castigó desde media distancia y fue esencial para mantener el ataque fluido cuando Magic descansaba. Los Lakers se colocaban 3-2… pero con una noticia preocupante: Kareem se lesionó el tobillo y fue descartado para el sexto partido. La leyenda de Magic: Johnson cierra la serie como pívot (123-107). Sin Kareem, todo parecía indicar que la serie regresaría al Forum para un séptimo partido. Pero Magic Johnson, con solo 20 años, firmó una de las actuaciones más míticas de la historia de las Finales. Actuando como pívot titular, sumó 42 puntos, 15 rebotes, 7 asistencias y un dominio total del ritmo del juego. Su actuación eclipsó cualquier intento de los 76ers, que pese al esfuerzo de Erving y Cheeks, no pudieron contener la avalancha angelina. Wilkes aportó 37 puntos en su mejor noche, y la defensa de Cooper fue clave para contener el perímetro rival. El resultado no dejaba dudas: 123-107 y un campeonato para los Lakers, con Magic levantando el trofeo y el MVP de las Finales… en su primer año como profesional. El Showtime había nacido. Los Lakers se impusieron 4-2 en una serie igualada en ritmo (102.4), pero decidida por detalles clave: mejor rebote ofensivo (38.3% por 21.8%), mayor eficiencia en tiro (.489 vs .487) y una versatilidad ofensiva que explotó en el momento decisivo. Kareem Abdul-Jabbar fue el jugador más dominante (33.4 puntos y 13.6 rebotes de media), pero fue Magic quien dejó la imagen imborrable con su actuación legendaria en el cierre. Philadelphia se apoyó en un gran Julius Erving (25.5 puntos, 7.0 rebotes, 5.0 asistencias), un notable Dawkins (20.2 puntos) y un backcourt muy activo con Cheeks y Hollins. Pero el desequilibrio en el rebote y la falta de respuesta al talento polivalente de los Lakers terminó por inclinar la balanza. Aquel 16 de mayo de 1980 no solo nacía un campeón: nacía una era. El Showtime había llegado para quedarse.

1981: Larry Bird lidera a Boston al título La temporada 1980-81 culminó con el campeonato número 14 en la historia de los Boston Celtics, que se impusieron por 4-2 a unos Houston Rockets valientes y combativos. Fue una serie áspera, de ritmo lento y mucha lucha en la pintura, donde Larry Bird y Cedric Maxwell lideraron a un equipo que supo sobreponerse a los embates de un incontenible Moses Malone. Boston sufre, pero golpea primero (98-95). Las Finales arrancaron en el Boston Garden con un duelo mucho más ajustado de lo esperado. Moses Malone fue contenido por la defensa interior de Robert Parish y Rick Robey, pero fue Robert Reid quien mantuvo a Houston en la pelea con 27 puntos desde el perímetro. Los Celtics encontraron respuestas en Cedric Maxwell y un Larry Bird monumental en el rebote, con 21 capturas, para sobrevivir a una noche de poco acierto y muchos errores. Con un parcial final ajustado, Boston tomó la delantera. Houston se lo lleva y empata la serie (92-90). Moses Malone comenzó a dejar su huella en las Finales con una actuación dominante en el segundo partido: 31 puntos y 21 rebotes ante la atenta mirada de una defensa celta que no encontraba forma de contenerlo. Bird volvió a firmar otra noche monstruosa en el rebote (21), pero su 6/18 en tiros fue un lastre. Houston, con menor volumen de pérdidas a lo largo de toda la serie (11.6% por 15.1% de Boston), capitalizó cada posesión y se llevó el triunfo por la mínima. La serie viajaba a Texas igualada. Paliza histórica en el Garden: 2-1 para Celtics (94-71). En uno de los partidos más desequilibrados en la historia de las Finales, los Celtics arrasaron a los Rockets por 23 puntos. Malone hizo lo que pudo con 23 tantos, pero el resto del equipo texano se desplomó ofensivamente (34% en tiros de campo), sin ideas ni circulación. Cedric Maxwell y Chris Ford castigaron cada error, mientras Parish y Bird dominaron el rebote. Boston dejó a Houston en apenas 71 puntos y recuperó el control emocional de la serie. Dunleavy brilla y los Rockets empatan (91-86). Con la serie en riesgo, Houston respondió con temple y una actuación inesperada de Mike Dunleavy, autor de 28 puntos, que se sumaron a los 22 rebotes de Moses Malone para firmar un triunfo crucial. Boston volvió a tener problemas ofensivos (43% en tiros), con un Bird desacertado (5/15) pese a sus aportaciones en otros apartados. Houston volvía a igualar la serie con carácter y músculo bajo los aros. Maxwell lidera la paliza y Boston queda a un paso del anillo (109-80). El quinto partido fue una exhibición ofensiva de Boston, que dejó sin respuestas a Houston con un contundente +29. Cedric Maxwell, con 28 puntos y 15 rebotes, fue el alma del equipo en una noche redonda. Bird rozó el triple-doble (17 puntos, 13 rebotes, 9 asistencias) y Parish dominó en la pintura. Los Rockets se vieron completamente superados, y el bajo porcentaje colectivo (.382 en la serie) volvió a pesarles. El Garden estallaba: 3-2 para Boston. Boston cierra las Finales con autoridad (102-91). De regreso en Houston, los Celtics no dejaron escapar la oportunidad. Cedric Maxwell y Robert Parish comandaron un esfuerzo colectivo brillante que terminó con los Rockets rendidos ante el control del ritmo (90.6 posesiones por equipo) y la fortaleza física visitante. Bird volvió a brillar en el rebote (15), y aunque Malone firmó otra gran actuación (27 puntos, 16 rebotes), la falta de apoyo en ataque fue letal. Boston lo cerraba 4-2 y celebraba otro campeonato histórico. Un título colectivo con sabor a Bird y Maxwell. Boston ganó las Finales con un planteamiento sólido, juego físico y equilibrio en ambos lados de la cancha. Cedric Maxwell fue el MVP no oficial con 17.7 puntos y 9.5 rebotes por partido y una eficiencia letal (56.8% en tiros), mientras Larry Bird promedió un doble-doble de 15.3 puntos y 15.3 rebotes, además de 7 asistencias por encuentro. Moses Malone fue un titán para los Rockets, con 22.3 puntos y 15.7 rebotes por partido, pero los bajos porcentajes colectivos (.379 en tiros de campo, .382 en eFG%) y la falta de apoyo anotador terminaron por condenar a Houston. El equipo de Bill Fitch supo imponer su experiencia, con Parish, Archibald y Chris Ford como piezas clave, y un joven Kevin McHale dando sus primeros pasos en la élite. Boston volvía a la cima del baloncesto en 1981 con un equipo versátil, duro y competitivo. El primero de los muchos anillos de Larry Bird… pero no el último.