Hubo un equipo la temporada pasada que disputó once partidos "en casa" en Sofía, cuatro más en Botevgrad y uno en Jerusalén. Solo cinco se jugaron en su pabellón de Tel Aviv. Ese equipo debutaba en la EuroLeague, acabó sexto y ganó un partido de playoffs al Real Madrid. Este verano, en lugar de desmontarlo, el Hapoel lo ha ensanchado: diez fichajes y una lista de contratos que llega hasta 2030.
El punto de partida
El Hapoel IBI Tel Aviv se ganó la plaza en la pista, con la EuroCup de 2025, y respondió con 23 victorias y 15 derrotas en su estreno. Sexto de veinte, con un balance de +118, y billete directo a los cuartos sin pasar por el play-in. Allí cayó 3-1 contra el Real Madrid, aunque se llevó el tercer partido.
El contexto de ese curso explica bastante. Por la situación de seguridad, el equipo pasó la mayor parte de la temporada disputando sus partidos como local en Bulgaria, con una media de asistencia por debajo de los 5.000 espectadores. Pocos equipos han competido en peores condiciones logísticas y han terminado entre los seis primeros.
El gran nombre fue Elijah Bryant, incluido en el mejor quinteto de la EuroLeague y segundo mejor valorado de la competición con 19,6 de media. En Israel, el Hapoel firmó 22-4 en liga regular y perdió la final contra el Maccabi.
Lo que se va
Siete salidas, y ninguna que obligue a rehacer el plan. La más relevante es la de Johnathan Motley, el pívot que fue la primera piedra del proyecto y que se marcha al Estrella Roja, donde también recala el base Chris Jones.
Se completa con Yam Madar, que cruza al Maccabi; Kessler Edwards, que ficha por la Virtus Bolonia; Collin Malcolm, al Anadolu Efes; Levi Randolph, al Nagasaki Velca japonés, y Keandre Cook, al Aliaga Petkim.
Lo que llega
Diez incorporaciones, y la lectura no es la de un equipo que se reinventa: es la de uno que dobla cada puesto.
La firma de más nombre es la de Tomas Satoransky, que deja el Barça después de tres temporadas para acompañar y relevar a Vasilije Micic en la dirección. Con él llegan Tamir Blatt, base internacional israelí que se pasa desde el Maccabi, y Khadeen Carrington, que aterriza desde el Hapoel Jerusalem. Eugene German, procedente de los Indios de Mayagüez, Frederic Bourdillon, desde el Bnei Herzliya, y Max Heidegger, tras un curso en la liga israelí, completan un perímetro sobredimensionado.
En el juego interior, el movimiento fuerte es Zach LeDay, que llega desde el Olimpia Milán con experiencia de sobra en el máximo nivel europeo. Bruno Caboclo aporta centímetros desde el Dubái y, desde la NBA, aparecen el alero Amir Coffey, procedente de Phoenix, y el ala-pívot Jacob Toppin.
Los que siguen
Aquí está la diferencia real con el resto de proyectos del verano. El Hapoel no ha renovado a sus jugadores por un año: los ha atado a largo plazo.
Bryant firma hasta 2029, igual que Antonio Blakeney, Dan Oturu y Tai Odiase. El capitán Tomer Ginat amplía hasta 2030. Micic tiene contrato hasta 2028. Siguen también Ish Wainright, Tyler Ennis, Bar Timor, Yiftach Ziv, Guy Palatin, Oz Blayzer e Itay Segev.
Y en el banquillo, Dimitris Itoudis, que llegó en noviembre de 2024 y sigue con contrato en vigor.
Las claves
El plan no era cambiar, era ensanchar. La primera temporada dejó una lección clara: la EuroLeague castiga a las rotaciones cortas, y más todavía si el equipo viaja media temporada y compite en dos frentes. Casi todos los fichajes son jugadores de rotación, no estrellas, y ese es el punto.
Veintitrés fichas. Es una plantilla enorme, pensada para que la liga israelí no desgaste a los importantes. También es un problema de gestión: Itoudis tendrá que explicar cada semana a cuatro o cinco jugadores por qué no van convocados, y el griego no es precisamente famoso por su calma en los momentos calientes.
La pintura. Se ha ido Motley, que era la referencia interior, y llegan LeDay y Caboclo. Quedan Oturu, Odiase y Segev. Hay centímetros, pero el cinco titular es la posición menos definida del equipo, y varios de esos aleros altos —Wainright el primero— van a acabar jugando de cuatro por necesidad.
La dirección de juego. Micic y Satoransky son dos generadores de primer nivel que necesitan el balón. Con Bryant y Blakeney buscando tiro y LeDay reclamando posesiones en el poste alto, el reparto no es automático. Puede salir un ataque excelente o un equipo con demasiadas jerarquías.
El factor cancha. Está por ver dónde jugará sus partidos como local, y no es un detalle menor: el año pasado ese fue su mayor desgaste y aun así acabó sexto.
El pronóstico
El Hapoel ya ha hecho lo difícil, que era demostrar que no fue un invitado de un año. Ahora empieza lo complicado: repetir.
Es una plantilla más profunda que la del curso pasado, con la misma columna vertebral y un entrenador que conoce el proyecto desde dentro. Volver a playoffs es un objetivo razonable, y si Micic y Satoransky encajan como se espera, el rango alto de la clasificación está a su alcance.
Lo que no parece este equipo, todavía, es candidato a Final Four. Le falta ese jugador que gane un partido a solas en mayo. Pero el club de Ofer Yannay lleva dos veranos demostrando que sabe esperar, y los contratos hasta 2029 y 2030 dicen exactamente eso.
Plantilla completa
Bases y exteriores: Tamir Blatt (1,78), Eugene German (1,83), Khadeen Carrington (1,87), Tyler Ennis (1,88), Bar Timor (1,91), Yiftach Ziv (1,91), Max Heidegger (1,91), Frederic Bourdillon (1,93), Antonio Blakeney (1,93), Guy Palatin (1,95), Vasilije Micic (1,96), Elijah Bryant (1,96), Tomas Satoransky (2,01)
Aleros: Ish Wainright (1,96), Oz Blayzer (2,00), Amir Coffey (2,01), Zach LeDay (2,02), Tomer Ginat (2,05)
Interiores: Itay Segev (2,04), Jacob Toppin (2,06), Tai Odiase (2,06), Dan Oturu (2,08), Bruno Caboclo (2,08)