La temporada pasada quedará marcada en la memoria angelina por dos hechos: el traspaso que llevó a Luka Dončić a Los Ángeles en febrero y la decepción de una segunda eliminación consecutiva en primera ronda, esta vez frente a Minnesota. Tras ese contraste, la 2025-26 arranca con la incógnita de cómo funcionará el binomio Dončić-LeBron con un año completo de trabajo conjunto y la guía de JJ Redick desde el banquillo.
La operación que cambió la dinámica de la franquicia envió a Anthony Davis a Dallas y convirtió a Dončić en el nuevo rostro del proyecto. Este verano, los Lakers blindaron su futuro inmediato con una extensión de tres años para el esloveno y la continuidad de LeBron, que ejerció su opción de jugador para disputar nada menos que su 23ª campaña en la NBA. A su lado, nombres de peso como Deandre Ayton —fichado para reforzar la pintura tras la salida de Davis— y Marcus Smart, que llega con la etiqueta de ex Defensor del Año. También se sumaron Jake LaRavia y el novato Adou Thiero, mientras que Jaxson Hayes renovó su vínculo.
La gran incógnita está en el encaje. Dončić y LeBron dejaron destellos brillantes en sus primeros meses juntos, con 59 asistencias directas entre ambos, pero la química todavía debe madurar. El rol de Ayton en la pintura, el estado físico de Smart tras dos años limitados por lesiones y el margen de crecimiento de Austin Reaves en su quinta temporada serán piezas clave en esa construcción.
El faro, sin embargo, sigue siendo James. A los 40 años, firmó 24,4 puntos, 7,8 rebotes y 8,2 asistencias en su 22ª temporada, cifras que solo han alcanzado un puñado de jugadores en la historia y ninguno a esa edad. Su resistencia al paso del tiempo lo convierte en un fenómeno único, pero también en un recordatorio de que cada curso puede ser el último.
El calendario ofrece retos de inmediato: el estreno el 21 de octubre ante Golden State, el esperado duelo de Navidad frente a Houston y tres choques en la Rivals Week contra Nuggets, Clippers y Mavericks. Cada cita servirá como termómetro para medir hasta dónde puede llegar un equipo que ya no se conforma con ser competitivo, sino que necesita volver a aspirar a las cotas más altas.
La apuesta es clara: Dončić como futuro, LeBron como presente y Redick como arquitecto. La cuestión es si la mezcla alcanza para que los Lakers vuelvan a ser un contendiente real en el Oeste.